El bosque amazónico tiene la fecha de su fin: el año de 2260. Esta es la predicción de un grupo de investigadores británicos que se suman a la ya colosal lista de pronosticadores catastrofistas que claman la supuesta influencia humana en la dinámica climática mundial.
Según el equipo, encabezado por el geógrafo Mark Mulligan, del King’s College de Londres, el bosque tropical más grande del mundo desaparecerá dentro de 245 años, en caso de que se mantenga el ritmo anual de degradación establecido por el modelo de proyección de desforestación elaborado por él, hecho supuestamente de acuerdo a los ritmos históricos.
Los investigadores afirman que el bosque amazónico dejará de “prestar los servicios ecosistémicos,” de retener y almacenar carbono, los que ayudan a mantener la vida en el planeta, para evitar el “agravamiento” del calentamiento global. Otros “servicios” amazónicos que se afectarían serían, la oferta de agua potable e impedir la erosión.
Mullingan, que trabaja en América Latina desde principios de los años noventas, alega haber creado una nueva herramienta capaz de mapear y de simular los “servicios ecosistémicos” de la cuenca del Amazonas, a la que bautizó de Co$ting Nature (algo así como “valoración de la naturaleza” en español), con un modelo de computación que simula los cambios climáticos, el QUICKLUC 2.0. “Este lleva a cabo una especie de contabilidad del capital natural y calcula las tareas más urgentes de conservación de cada kilómetro de pixel a escala mundial o regional,” explicó Mulligan. Según él, la herramienta online agrega capas de datos espaciales en los marcos biofísico y socioeconómico, además de factores como presión atmosférica, biodiversidad y “amenazas futuras” (ihu.inisinos.br, 21/08/2015).
Los investigadores británicos alegan que esa herramienta ya es usada por más 1000 organizaciones no gubernamentales en 141países, y ha sido aplicada a escala local y nacional. Afirman, además, que el programa sería capaz de agregar e interpretar enormes cantidades de datos generados por científicos en los últimos años en todo el mundo por medio de técnicas analíticas de modelaje espacial y de mecanismos de información geográfica (“big data”).
Y si esto no fuera suficiente, el Co$ting Nature no sólo incidirá sobre la desforestación, sino que analizará también una serie de presiones y amenazas, como las causadas supuestamente por la población humana, las actividades agrícolas y de pastoreo, densidad de infraestructura (presas, minas explotación de petróleo y de gas, núcleos urbanos). La herramienta, que se dice toda abarcante, traza también pronósticos sobre desforestación, crecimiento de la población y de la economía, cambios climáticos y hasta la distribución de la iluminación nocturna. En resumen, para los científicos británicos, todo indicio de progreso humano es una amenaza a priori para el ambiente –es decir, el futuro de los que desean una cuenca del Amazonas pobre, atrasada y apartada del cualquier progreso que la ciencia y la técnica pudieran proporcionarle.
Dicen los autores que la humanidad ha arrojado a la atmósfera cerca de 10 mil millones de toneladas de carbono por año, de los cuales 85 por ciento provienen de la quema de combustibles fósiles, 5 de la industria del cemento y el restante por la desforestación. Sin embargo, observan que, tal como reza el credo “calientista,” menos de la mitad de ese carbono permanecería en la atmósfera para contribuir al calentamiento global, y lo que restaría sería consumido por los “sumidero de carbono (CO2) emitido por el hombre. Y, para variar, presentan a Brasil como uno de los mayores productores de bióxido de carbono, no por su insignificante sector productivo, sino por las quemas y la desforestación ilegal –aunque esa desforestación se haya reducido 82 por ciento en la última década (Agencia Brasil, 14/08/2015).
El reportaje del Instituto Humanitas Unisinos destaca también que hay muchos “científicos” que se dedican actualmente a estudiar lo que se ha dado en llamar el gradiente florestal, que se refiere a muchos escenarios de ese bioma: desde los bosques intocados, pasando por zonas degradadas por incendios o por la explotación maderera, bosques secundarios o en regeneración, hasta las zonas productivas o cultivadas.
Los ambientalistas expresan además preocupación con la “presiones” que ejercen sobre las zonas protegidas la producción agropecuaria y la urbanización. Un levantamiento hecho por Greenpeace señala que entre 2007 y 2013 el 30 por ciento de las afectadas por la degradación forestal se encontraba dentro de tierras indígenas o de unidades de conservación –sin embargo, no queda claro si esas tierras a las que se refiere Greenpeace como “afectadas” serían oriundas de propiedades rurales productivas, que fueron despojadas por el gobierno federal para integrar esos mismos enclaves territoriales.
La conclusión no podría ser más obvia. “Las zonas protegidas son la mejor herramienta de conservación que tenemos en nuestra caja de herramientas,” dice Mulligan, quien destaca que 16 por ciento de las zonas terrestres están protegidas, pero que en la cuenca del Amazonas brasileña el área protegida total es de 52 millones de hectáreas, en la forma de 95 unidades de conservación dispersas por la región. De acuerdo al gobierno federal, la meta es que esa zona se amplíe a 60 millones en los años venideros, para que alcance el 15 por ciento de toda esa zona de biomasa. Sin embargo, el investigador británico quiere mucho más: “Considerando la extensión de nuestra dependencia de los servicios que presta el ambiente, es probable que la medida correcta sea de 50 por ciento del área terrestre sujeta a protección eficaz.”
Agrega: “Si quisiéramos mantener estable el clima, el acceso a fuentes seguras de agua potable, a mitigar las alteraciones climáticas y otros servicios ecosistémicos, tenemos que encontrar el equilibrio entre paisajes que permitan el cultivo de alimentos de alta calidad nutritiva y, al mismo tiempo, la protección de la naturaleza.”
La propuesta de llegar a l 50 por ciento de la cuenca del Amazonas es promovida por la organización no gubernamental Nature Needs Half, un movimiento internacional estimulado por varias ONGs, Conservation International, The Wilderness Foundation United Kingdom, del Wild Foundation, Canadian Rivers Society, entre otras. De acuerdo con Co$ting Nature, sin embargo, el “compromiso político y empresarial” será fundamental para cumplir esa meta de conversión radical de la cuenca del Amazonas.
Por su temática delirante y a pesar de la difusión en calidad de investigación científica, el trabajo de Mulligan y demás, parece más un video juego comercial ya que no oculta la sugerencia de que su objetivo es financiero, al juzgar por el signo de su nombre. Sea como fuere, como es costumbre entre los pronóstico catastrofistas, lo cierto es que en 2260 cualquier reclamación que se les haga por su imprecisión tendrá que cobrársele a los descendientes de los autores.

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