Venezuela: Último suspiro de la Guerra Fría

La crisis de Venezuela es una expresión de la compleja dinámica del cambio de era en ciernes en el planeta la cual, reclama a gritos un giro radical en las relaciones internacionales. De manera que es inútil que la potencia hegemónica de Occidente, los EUA, apele a exigencias apegadas a la geopolítica de la Guerra Fría, las áreas de influencia.

De hecho, las coaliciones establecidas a favor o en contra del arbitrario régimen de Nicolás Maduro son reminiscencias de la moribunda confrontación ideológica de la segunda mitad del siglo XX, con algunos puntos fuera de curva, como Turquía, integrante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Irán, Rusia y de China, opuestos a la interferencia externa encabezada por Washington, teniendo en el remolque a la Unión Europea y a varios países iberoamericanos.

No obstante, es patente que esa “lógica” binaria no representa ninguna solución para el embrollo venezolano y, por el contrario, puede agravarlo considerablemente, con potenciales repercusiones bastante negativas para todos los países de la región.

Una intervención militar externa, como la sugerida por algunos lunáticos del «establishment» de relaciones exteriores de Washington, además de inviable en un país como Venezuela, no sería avalada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, debido al seguro veto de Rusia y de China. De manera sintomática, el 26 de enero, las dos potencias vetaron una resolución de “pleno apoyo” al diputado Juan Guaidó, presidente en turno de la Asamblea Nacional Venezolana, quien cuatro días antes con el respaldo de la mayoría de la Asamblea se proclamó presidente interino del país, estableciéndose una dualidad de poder.

Además, aunque se intentara, una invasión tendrá como resultado más probable una desgarradora convulsión, involucrando a fuerzas extranjeras, una parte de las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares que apoyan ciegamente al gobierno, en un país donde existen cientos de miles de armas automáticas en manos de civiles y paramilitares.

A propósito, en la esfera iberoamericana es importante destacar que aunque el ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil se alineó al grupo más numeroso, el vice-presidente Hamilton Mourão, descartó de manera rápida cualquier posibilidad de una participación militar brasileña en una eventual operación militar en el país vecino.

Por lo demás, las amenazas externas, reforzadas por el ultimátum de la UE, concediendo ocho días para la realización de nuevas elecciones, solamente han servido para reforzar el antojo de Maduro.

Encuestas levantadas por el instituto Datanálisis indican que la gran mayoría de los venezolanos (67.9%) desaprueba al presidente, y le gustaría verlo fuera del gobierno este año a poco más de un tercio; 35%, en noviembre de 2018 apoyaría una intervención militar externa para removerlo del poder, y 63% apoyarían una solución negociada para su salida.

Era de esperarse que Washington rápidamente diera su apoyo irrestricto al diputado Juan Guaidó en el cargo de presidente interino, decretando el bloqueo de 7 mil millones de dólares de activos financieros de la petrolera estatal PDVESA en los EUA. Pero además respondió maniobrando el timón intervencionista y así nombró al veterano truculento Elliott Abrams el representante especial para Venezuela, con esto indicando un regreso al Corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, la famosa «diplomacia de las cañoneras» de principios del siglo XX.

Abrams deberá coordinar las iniciativas diplomáticas para el cambio de Maduro por Guiadó. Él es un antiguo servidor del aparato de operaciones de inteligencia clandestinas estadounidenses, un “guerrero frío” por vocación, cuyo papel en la década de 1980 fue clave en el escándalo Irán-Contras y en la manipulación de las guerras civiles de Nicaragua y El Salvador.

Abrams se destacó por su aberración a dos instituciones históricas de Iberoamérica: las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica. Por eso impulsó con firmeza lo que se conoció al final de la década de los 1980s como el «Manual Bush para destruir a las Fuerzas Armadas del continente», un verdadero complot destinado a erradicar de influencia institucional y de capacidades operativas y tecnológicas de las Fuerzas Armadas de los países iberoamericanos, acción considerada crucial para los estrategas del naciente Nuevo Orden Mundial comandado por el poder angloamericano.

Igualmente, Abrams fue unos de los organizadores del llamado Proyecto Democracia, unido en torno al National Endowment for Democracy (NED) entidad creada en la misma época para promover “cambios de régimen” en todo el mundo, bajo el disfraz de la promoción de la democracia, aglutinando individuos, organizaciones y grupos políticos de los países-blanco para la agenda de Washington.

Su nominación evidencia que los neoconservadores están al frente de una buena parte de las relaciones exteriores del gobierno de Donald Trump hacia el Hemisferio Occidental. Ese es el obstáculo nodal que no permite que se establezca una nueva dinámica de respeto mutuo en las relaciones hemisféricas. El panorama en Venezuela se complica por la asociación de Guaidó a aquellas redes del NED.

Es decir, de ninguna forma, la “lógica” de Washington puede presentar una solución factible y no incendiaria para el proceso venezolano. Hasta el momento Guaidó no ha mostrado disposición para entablar negociones con Maduro, cuyo régimen bolivariano coopto a gran parte de las Fuerza Armadas, aunque cada día más seccionadas; y ante el fraccionamiento, existen indicios de que ellas busquen negociar la salida de Maduro. Lo que es claro es que no existe una solución sin la participación de las Fuerzas Armadas y el Principio de no Intervención.

Así, el enfoque del problema necesita eliminar radicalmente la agenda beligerante de los “neocons” y del NED. En este contexto, los gobiernos de México y de Uruguay, han respondido con la Doctrina Estrada que nació precisamente contra las intervenciones de los EUA en el Hemisferio Occidental.

En síntesis, no hay posibilidad de resolución de la crisis con el viejo andamiaje corroído de la Guerra Fría. Es siempre útil recordar las oportunas advertencias del ex comandante del Ejército brasileño Eduardo Vilas Boas sobre el error histórico cometido por su país durante la confrontación ideológica:

“En las décadas de 1960, 70 y 80, cometimos un error: permitimos que la línea de confrontación de la Guerra Fría se adentrase en la sociedad brasileña y nos dividiera. Y, Brasil, quien venía con fuerte sentido de proyecto, con ideología de desarrollo, perdió la cohesión y ese sentido de proyecto (…) Vean, entonces, el error que cometimos. Nos falta ese sentido de proyecto. Necesitamos recuperar eso, pues no estamos libres de acontecer una nueva Guerra Fría que nos venga a dividir nuevamente”.

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