Reiniciar el crecimiento de la economía mundial requerirá de: planes macro económicos “más audaces,” el refuerzo de la reglamentación del orden financiero y normas industriales activas. Estas son las recomendaciones de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Fomento (UNCTAD), que acaba de divulgar su informe anual.
“Los planificadores de todo el mundo se enfrentan a la difícil combinación de reducción de inversiones, reducción de productividad, estancamiento del comercio, desigualdad creciente y una deuda que no deja de acumularse. Las soluciones exigen una reevaluación ambiciosa, y no la tibia respuesta de los negocios como siempre,” dice el secretario general de la UNCTAD, Mujisa Kituyi (UNCTAD, 21/09/2016).
El documento observa que la política de austeridad fiscal adoptada por muchas economías ricas producirá una de las más débiles “recuperaciones” económicas registradas, en un periodo prolongado de bajo crecimiento salarial, gasto interno insuficiente e inversiones productivas débiles.
Los efectos de ese bajo crecimiento son devastadores para las economía pobres, que tendrán que crecer menos de 4 por ciento este año, 2.5 por ciento menos que en el periodo anterior a la crisis desatada en 2007-2008. Los números son todavía más bajos para América Latina, hundida en la recesión. El promedio mundial deberá quedar abajo del 2.5 por ciento registrado en 2014-15, e inclusive puede caer más.
El crecimiento de los flujos comerciales será todavía menor, en torno de 1.5 por ciento, debido al estancamiento de la demanda mundial y de los salarios reales. El informe observa que, de no haber un esfuerzo para mitigar los “efectos negativos de las fuerzas globales de mercado sin control,” el regreso a las prácticas proteccionistas podría desencadenar un círculo vicioso que afectará a todos.
Un elemento que destaca el organismo, es la reglamentación financiera. “Los entusiastas de los mercados eficientes prometieron que la desreglamentación financiera alimentaría las inversiones productivas, pero esa promesa no se cumplió,” dijo Richard Kozul-Wright, jefe de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la UNCTAD, y principal autor del estudio, en la presentación del Informe.
En lugar de eso, las ganancias a la alta coinciden con el aumento de los dividendos, de recompra de acciones y fusiones y adquisiciones, pero no con nuevas plantas y equipamientos o, inclusive, tampoco investigación y capacitación,” afirmó.
La realidad es que las empresas no están reinvirtiendo sus ganancias en capacidad productiva, empleos o crecimiento auto-sustentado. Aunque hayan aumentado las ganancias con las acciones, las inversiones del sector privado son 30 por ciento inferiores a los del inicio de la década de 1980, tendencia reforzada por la recurrencia de las normas monetarias y del crédito barato. El informe advierte que los países en desarrollo como Brasil, Malasia, Turquía y otros, se han vuelto “crecientemente vulnerables a los volátiles mercados financieros globales, en especial a los flujos de capitales especulativos; la desreglamentación financiera de las economías emergentes está comenzando a hacer que las corporaciones reduzcan sus inversiones en relación con las ganancias, con consecuencias negativas para el crecimiento económico a largo plazo.”
Con esto, los flujos líquidos de capitales para los países en desarrollo se volvieron negativos en el segundo trimestre de 2014, para llegar a más de 650 mil millones de dólares en 2015 y 180 mil millones en el primer trimestre de 2016.
El documento alerta de los niveles preocupantes de deuda corporativa de las economías emergentes, que ya supera los 25 billones de dólares. “La explosión de la deuda corporativa coincide, también, con la acumulación de activos financieros y el desvío de inversiones para sectores altamente cíclicos y fincados en la extracción de rentas, de importancia estratégica limitada, tales como el sector del petróleo y gas, la minería, la electricidad, los bienes inmuebles y los servicios no industriales,” afirma el texto.
Para enfrentar el problema, el Informe propone la eliminación de las brechas fiscales corporativas y medidas fiscales y regulatorias para incentivar las inversiones a largo plazo, además de la diversificación de los sistemas financieros, en especial un papel mayor para los bancos de fomento.
Los países en desarrollo deberían promover la demanda interna, utilizar la reglamentación para protegerse de los riesgos de la financiarización y proteger sus planes y espacios fiscales para administrar las conmociones no previstas, en muchos casos, en coordinación con otras economías importantes del G-20, dice el Informe.
La importancia de la industria
El Informe observa que la industrialización no sólo se estancó en los países de renta media, sino que, en varios casos, está ocurriendo una “desindustrialización prematura,” con frecuencia acarreada por cambios políticos radicales “que ponen una fe indebida en los mercados.” Por lo tanto, los países en desarrollo “necesitarán de comportamientos estratégicos para aumentar su producción y su capacidad de proyecto y de comercialización, para entrar a los mercados de los países industrializados.” Además, los mercados regionales y el comercio Sur-Sur ofrecen nuevas oportunidades para las exportaciones, aunque las estrategias de crecimiento más equilibradas requerirán de una atención mayor con el fortalecimiento de los mercados locales.
Al contrario de lo que sostienen los rentistas, la UNCTAD afirma que las doctrinas convencionales sobre “reformas estructurales,” que frecuentemente combinan devaluaciones cambiales con represión salarial, no contribuyen a la producción de resultados sostenibles.
El Informe, además advierte que, para volver a los niveles de crecimiento de la década pasada, las economías no industrializadas tendrán que adoptar respuestas “ambiciosas, pero pragmáticas, inclusive un cambio de recursos para actividades más diversificadas y de mayor agregación de valor.” En tanto, en lugar de que las normas industriales se concentren en el apoyo de ciertos sectores claves, como anteriormente, se recomienda un tratamiento más sofisticado,” en especial la construcción de vínculos y de capacidades para la construcción de una base productiva adecuada para tal propósito, en un mundo en rápidos cambios, donde hay espacio suficiente para experimentar y aprender, tanto en el sector público como en el privado.”
El informe pide un debate menos “ideológico” sobres los objetivos de los apoyos oficiales, y observa, igualmente, que los planes industriales no se sustentan en sí mismos. En lugar de esto, la clave del éxito reside en la integración efectiva de la política macroeconómica, financiera, comercial e industrial.

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