MSIa Informa, 4 de marzo de 2022.-
«Las noticias que nos llegan en tiempos de guerra son casi siempre contradictorias, en su mayor parte, también falsas. Las más numerosas son en gran parte sospechosas. Todo lo que se puede pedir al respecto a ese oficial es un cierto discernimiento, que solo se adquiere gracias a la competencia psicológica y profesional y a la capacidad de juicio». (Carl von Clausewitz, De la guerra).
En estos días de guerra en Ucrania, lo que hemos visto en los principales medios de comunicación en el mundo occidental demuestra al pie de la letra las advertencias de Clausewitz. Cientos de periodistas y analistas de Europa, Estados Unidos y sus satélites ideológicos en el resto de Occidente, han demostrado una vasta incapacidad para juzgar, incompetencia psicológica y profesional y falta de discernimiento frente a la multiplicidad de versiones sobre las causas y el desarrollo de la confrontación armada.
Vale la pena recordar aquí lo que el gran poeta portugués, Luís de Camões (1580) escribió en su obra cumbre Os Lusíadas:
“La disciplina militar de excelencia
No se aprende, Señor, en la fantasía,
Soñando, imaginando o estudiando.
Sino viendo, tratando y luchando”.
Es evidente que esta coincidencia generalizada que presenta la acción del presidente Vladimir Putin igual a la de un nuevo Hitler comprometido con la restauración de la Unión Soviética, versión que al mismo tiempo subestima, o simplemente oculta, la actividad tolerada de los grupos neonazis radicales en Ucrania, y la sangrienta guerra abierta de ocho años en Donbass, que precedió y justificó la acción militar de Rusia, tiene un origen singular: el aparato de guerra propagandística del Establishment Oligárquico Angloamericano, que siente tambalearse bajo sus pies el armazón de sus estructuras de poder global.
De hecho, las naciones del Atlántico Norte han sometido a gran parte de su población a una especie de cautiverio posmoderno, alimentado por sofismas sobre la democracia, la libertad y los derechos identitarios que atacan la esencia de la ley natural. Lo que los líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE) denominan «valores europeos» han secuestrado a esta población privándola de enaltecerse de los verdaderos principios culturales y espirituales de Europa y de Occidente en general. Por cierto, las reiteradas críticas de Putin al abandono de las raíces cristianas de Europa han contribuido en gran medida a aumentar el odio visceral contra el líder ruso, a semejanza del bárbaro que llega de Oriente para desestabilizar con su «conservadurismo sano» los cimientos de la «civilización de Bruselas», que, aunque moribunda, aún logra movilizar a cientos de miles de zombis en las principales capitales europeas, marchar indistintamente por la paz, el orgullo gay y los derechos LGBT+, el cambio climático y otras causas de este linaje.
Y, regresando de nuevo a Camões, este nivel de profunda perversión nos recuerda un famoso soneto, en el que se puede retratar poéticamente el sufrimiento de la civilización occidental, en una demostración de que el mal no tiene rastro de creatividad y siempre se repite.
Acá en esta Babilonia, donde mana
La materia de cuánto mal el mundo crea;
Acá, donde el Amor puro no tiene valía,
Que la Madre, que manda más, todo profana;
Acá, donde el mal se afina, el bien se daña,
Y puede más que honra tiranía;
Acá, donde la equivocada y ciega Monarquía
Cuida un nombre vano que a Dios engaña;
Acá, en este laberinto, donde la Nobleza,
El Valor y el Saber van
a las puertas de la Codicia y Vileza;
Acá, en este oscuro caos de confusión,
cumpliendo estoy el curso de la naturaleza.
¡Ve si me olvidaré de ti, Sion!

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