La intervención rusa catalizó un cambio aparentemente decisivo del conflicto de Siria, y llevó al gobierno de Damasco a retomar la iniciativa perdida. En los últimos días, con el apoyo de los precisos ataques de la Fuerza Aérea Rusa y de centenares de combatientes de la milicia libanesa Hisbolá, el Ejército sirio logró una serie de avances importantes y, ahora, se prepara para una embestida de alto valor simbólico, la toma de Aleppo, al Norte del país, en poder de los rebeldes desde hace más de tres años. En este momento la ciudad se encuentra cercada parcialmente por las fuerzas sirias y libanesas, y se espera que en pocos días se realice el asalto general.
Otros avances de trascendencia ocurrieron en la región de Hama, al Sur de Aleppo, donde se están articulando otras embestidas, con el apoyo de las milicias chiitas iraquíes y afganas, de Hisbolá y de una brigada de la Guardia Revolucionaria Iraní. La aviación rusa, como sucede en el frente de Aleppo, prestará apoyo cerrado a la ofensiva.
Como afirmamos anteriormente, la iniciativa rusa y la perspectiva real de cambio del escenario de guerra está desencadenando fuertes ataques de apoplejía en Washington, Bruselas, Ankara, Riad y en otras capitales involucradas hasta el cogote en el conflicto, pero del lado de los rebeldes y, de forma cada vez más evidente, del Estado Islámico.
El New York Times, en su edición del 13 de octubre, admitió francamente que la intervención rusa fue contestada por Estados Unidos y por Arabia Saudita con el aumento de la ayuda para los rebeldes, abastecimiento de armamentos modernos (en especial misiles contra tanques, que ya hicieron su aparición en frente de Hama), municiones y otros equipos. En las palabras del periódico, el cuadro se asemeja cada vez más a una guerra total sustituta entre Estados Unidos y la Federación Rusa.
Asimismo, se informó que aviones de transporte estadounidenses lanzaron nada menos que 50 toneladas de armas y municiones a los rebeldes (en este caso, del Frente al-Nusra, en Hama, que ha sido blanco de los ataques aéreos rusos).
Al mismo tiempo, el domingo 12, aviones de combate de la Fuerza Aérea de Estados Unidos bombardearon la central eléctrica de Aleppo, con lo cual dejaron a oscuras la ciudad, de más de 2 millones de habitantes, e hicieron que el presidente ruso, Vladimir Putin, expresara una ironía sobre las críticas de que sus aviones están atacando a los insurgentes: “Dicen que estamos disparando a los blancos equivocados. El domingo, aviones de Estados Unidos bombardearon una planta eléctrica y un transformador en Aleppo. ¿Por qué hicieron esto, para qué? ¿A quién castigaban allí? ¿Cuál es el motivo de esto? No está claro” (Interfax, 14/10/2015).
Por otro lado, Washington se negó a aceptar la propuesta de Putin de enviar a Estados Unidos una delegación encabezada por el primer ministro y el ex presidente Dimitri Medvedev, para analizar una intervención coordinada contra el EI y los demás grupos terroristas que operan en Siria (Pravda.ru, 14/10/2015). Pero más que una afrenta a Moscú, la negativa denota que los intereses reales de los belicistas estadounidenses son muy diferentes a los de los rusos.
En este marco, los indicios indican que no fue coincidencia la divulgación de las conclusiones de la comisión holandesa que investiga la destrucción del vuelo MH17 de Malaysian Airlines sobre el Este de Ucrania en julio del año pasado, cuya autoría fue atribuida de inmediato a los insurgentes respaldados por Rusia, que luchaban contra el régimen de Kiev.
Aunque el informe no señala ningún culpable, afirma que el arma usada habría sido un proyectil contra aviones Buk, de fabricación rusa, lo que desencadenó una ola de ocho columnas en toda la prensa occidental que recalcaban el “misil ruso” como el arma letal. En sus conclusiones, los peritos holandeses ignoraron todos los datos proporcionados por las autoridades rusas, que vigilaban el espacio aéreo ucraniano y muestran un cuadro diferente , y por el fabricante del proyectil, que llegó inclusive a realizar pruebas reales como la explosión de proyectiles al lado de un avión Ilyushin fuera de servicio semejante al Boeing 777, con lo que demostró que los daños en el fuselaje del avión malayo sólo eran compatibles con una versión antigua soviética del misil Buk, que ya no está en servicio en las fuerzas militares rusas, pero sí en el Ejército ucraniano (RT, 14/10/2015).

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