Sínodo Pan-amazónico: ¿a quién le interesa un enfrentamiento Brasil-Vaticano?

El intento de transformar el próximo Sínodo Pan-Amazónico en un instrumento político para promover el plan del “gobierno mundial,” ambición que desde hace décadas se empeña en limitar la soberanía brasileña en la estratégica región amazónica apelando a la falaz “protección” de los indígenas y del ambiente, provocó una reacción esperada y enérgica del gobierno brasileño. En dos reportajes publicados los días 10 y 11 de febrero en el periódico O Estado de S. Paulo, la periodista Tania Monteiro revela la acción del gobierno a cargo del Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia de la República (GSI), tendiente a evitar potenciales desviaciones del evento.

El jefe del GSI, general Augusto Heleno Ribeiro, confirmó la preocupación del gobierno por el Sínodo:

«Desde hace ya mucho está presente la influencia de la Iglesia y de las organizaciones no gubernamentales en la selva. No habrá problema. El trabajo del gobierno de neutralizar los efectos del encuentro tan sólo va a fortalecer la soberanía brasileña e impedir que intereses extraños acaben prevaleciendo en la cuenca del Amazonas. La cuestión va a ser objeto de un estudio cuidados por el GSI. Vamos a entrar al fondo de esto (O Estado de S. Paulo, 10/02/2019).

Una nota del GSI especificó la posición de dicho órgano para evitar interpretaciones que pudiesen prestarse a objetivos políticos, más que nada del Partido de los Trabajadores (PT), que busca desesperadamente su supervivencia política, luego de la derrota contundente en las elecciones presidenciales y del encarcelamiento de su principal líder, Luiz Inácio Lula da Silva:

  1. La Iglesia Católica no es objeto de ningún tipo de investigación de parte de la Agencia Brasileña de Información (ABIN) la que, conforme a la legislación vigente, sigue los escenarios que pudieran comprometer la seguridad de la sociedad y del Estado brasileño;
  2. No hay críticas genéricas a la Iglesia Católica. Existe la preocupación funcional del Ministro de Estado Jefe del Gabinete de Seguridad Institucional con algunos puntos de la pauta del Sínodo sobre la cuenca del Amazonas que tendrá lugar en el Vaticano en octubre de este año;
  3. Parte de los temas del referido Sínodo abordan aspectos que afectan, de cierta forma, a la soberanía nacional. Por ello, reiteramos el entendimiento del GSI de que cabe a Brasil cuidar de la cuenca amazónica brasileña (O Estado de S. Paulo, 11/02/2019).

Evangelización o disgregación

En una carta enviada en diciembre al arzobispo de Manaos, Don Sergio Castriani, por el secretario del Sínodo, Lorenzo Baldisseri, este admitió que el objetivo del Sínodo es variado, “la evangelización de los pueblos de los territorios pan-amazónicos, con especial atención a los indígenas, a la salvaguarda de la Creación y al actual y urgente tema de la ecología integral” (CEBs do Brasil, 03/12/2018).

Al mismo tiempo, documentos oficiales de la preparación del Sínodo, además de ciertas actitudes de algunos de los organizadores, indican otras intenciones, además de la intención de “debatir a alto nivel la realidad de la Amazonia” o “evangelizar” a los pueblos de la región.

El mismo Documento Preparatorio, divulgado en junio de 2018, se muestra pobre en contenido evangélico y parece haber sido escrito por militantes de la Teología de la liberación de orientación marxista, con escasa atención en la doctrina y en el Magisterio de la Iglesia. El texto, titulado “Amazonia; nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral,” tiene varios pasajes controvertidos que apuntan a otras tareas principales que divergen de los verdaderos intereses de la Iglesia. Luego del Preámbulo se muestra una peligrosa noción de “supranacionalidad” en la forma de abordar los problemas, usualmente utilizada en las argumentaciones de los pleitos del “gobierno mundial:”

«Las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, por ser relevantes para la Iglesia universal y para el futuro de todo el planeta. Partimos de un territorio específico, del que se quiere hacer una puente para otros biomas esenciales de nuestro mundo: la Cuenca fluvial del Congo, el corredor biológico mesoamericano, los bosques tropicales de Asia Pacífica (sic) y el Acuífero Guaraní, entre otros».

La mención del “corredor biológico mesoamericano,” aunque no se menciona en el texto, quiere decir el “Corredor triple A” idealizado por la fundación Gaia Amazonas colombiana, adoptado inicialmente por el gobierno de Colombia, pero ya descartado por Brasil, en donde se localizaría la mayor parte de su trazo. Además, existe una ostentosa demonización de las actividades productivas moderna, tratadas con desprecio y calificadas de “colonialismo feroz con máscara de progreso (I.4.).”

O como afirma el ítem I.5:

(…) Las relaciones armoniosas entre el Dios creador, los seres humanos y la naturaleza están quebradas a causa de los efectos nocivos del neoextractivismo y por la presión de los grandes intereses económicos que explotan el petróleo, el gas, la madera, el oro, y por la construcción de obras de infraestructura (por ejemplo, megaproyectos hidroeléctricos, vías de comunicación, como autopistas interoceánicas) y por monocultivos agroindustriales.

O el ítem III. 12:

” (…) La asamblea especial para la región Pan-Amazónica está llamada a encontrar nuevos caminos para hacer crecer el rostro amazónico de la Iglesia y también para responder a situaciones de injusticia de la región, como el neocolonialismo configurado por las industrias extractivas, por los proyectos de infraestructura que destruyen su biodiversidad y por la imposición de modelos culturales y económicos extraños a la vida de los pueblos.»

El boletín del 29 de octubre de 2018 de la Red eclesial Pan-Amazónica (REPAM), entidad encargada de los preparativos del Sínodo en América del Sur, adopta un lenguaje de enfrentamiento:

«El sínodo se propone conocer la riqueza del bioma, los saberes y la diversidad de los Pueblos de la Amazonia, especialmente de los pueblos indígenas, sus luchas por una ecología integral, sus sueños y esperanzas. El reconocimiento es para las luchas y resistencias de los Pueblos de la Amazonia que enfrentan más de 500 años de colonización y de proyectos de desarrollo marcados por la explotación desmedida y por la destrucción de la selva y de los recursos naturales (subrayado muestro)».

Otra entidad comprometida en un esfuerzo paralelo al sínodo es el Foro Cambios Climáticos y Justicia Social, que, según su propio sito, articula las Pastorales sociales de la CNBB, los movimientos sociales y las entidades de la sociedad civil en la que participa Misereor– entidad de la Iglesia católica de Alemania para promover el desarrollo.

Tal Foro tiene como objetivo diseminar información, generar conciencia crítica y movilizaciones de la ciudadanía para contribuir al combate de las causas estructurales del calentamiento global que provoca cambios climáticos en todo el planeta Tierra (sic).

Con sede en Brasilia (DF), el Foro tiene como socios a una amplia lista de organizaciones no gubernamentales integrantes del aparato ambientalista-indigenista y de sus redes eclesiásticas de apoyo, como la International Rivers, el Consejo Indigenista Misionero ( CIMI), Vía Campesina Brasil, Movimiento de los Afectados por las Represas (MAB), Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), FASE (Federación de Órganos para la Asistencia Social y Educacional) y otras más.

El foro dio a conocer a finales de noviembre pasado una carta abierta titulada “Tiempo de incertidumbres y de esperanza,” en la que, además de criticar al presidente electo, Jair Bolsonaro, por “no respetar el Acuerdo del Clima” de acusar al futuro gobierno de renunciar a la soberanía nacional, con la complicidad de las Fuerzas Armadas, dejaba explícita la inspiración “globalista” y antinacional de tales redes, al señalar la disposición a la “resistencia” al futuro gobierno:

«Defendemos una visión multilateral del Gobierno Mundial, donde la jerarquía cede el lugar a la Democracia, y a la Ciudadanía Planetaria une a los pueblos, hermanados en nuestra Casa Común.

«Defendemos la sustitución de la Soberanía solitaria de los nacionalismos fascistas con la Soberanía Solidaria, que acoge con respeto mutua la diversidad de los pueblos y de sus culturas.

«Frente al compromiso de las entidades del Foro para invertir en la formación para la comunicación y la educación populares, vislumbramos diversas posibilidades para el fortalecimiento de prácticas transformadoras y para la formación de sujetos críticos y conscientes de la fuerza multiplicadora de las ideas de paz y justicia. El objetivo es ir más allá de la resistencia, que en ocasiones es reactiva y limitada a la pauta determinada por los detentores del poder político y económico. Más que eso, es importante rescatar el potencial revolucionario de la unidad que puede nacer solamente de la diversidad traída por cada ser y por cada realidad (subrayado nuestro) (CEBs do Brasil, 05/12/2018).»

Vale la pena observar que la organización del Sínodo está a cargo del cardenal brasileño Don Claudio Hummes, presidente de Comisión Episcopal para la cuenca del Amazonas y de la REPAM, que cada vez se muestra más como el principal promotor y defensor de los vestigios de la Teología de la Liberación, cuyos adeptos todavía persisten en su fervor “revolucionario,” a pesar de la orientación contraria de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Es evidente que el cardenal Hummes tiene el propósito de transformar el Sínodo en un latifundio de ideas estériles para un verdadero trabajo evangélico, y tiene oídos sordos a todo intento de diálogo y de colaboración ofrecida por los sectores productivos amazónicos, inclusive las misma Fuerzas Armadas, que con frecuencia son la única institución del Estado con presencia constante al lado de las comunidades más aisladas de la región, en particular de la población indígena.

En marzo de 2018, antes incluso de la divulgación del “Documento preparatorio,” el Foro de las Entidades Empresariales de Para (FEEP) dirigió al cardenal una carta firmado por su presidente, José Conrado Azevedo Santos, en la que manifestaba su preocupación con la temática del sínodo, por una parte, y, por la otra, se ponía “a su disposición para contribuir en este gran debate.” El prelado tan sólo acusó de recibida la carta, y evitó cualquier respuesta sobre la propuesta.

Ante intenciones tan explícitas y del autoaislamiento de los organizadores, el GSI haría mal, por sus funciones institucionales, si no pusiera la preparación del Sínodo en su radar.

El adversario no es la Iglesia

Como afirma la nota del GSI, evidentemente la Iglesia católica en general no es el foco de la intranquilidad que causa el Sínodo.

No obstante, en lugar de limitarse a contestar o a ignorar las preocupaciones fundamentales de los representantes del Estado y de otros sectores de la sociedad brasileña, los líderes eclesiásticos deberían precaverse para que la institución no corra el peligro de verse omisa ante ellas. Sin hablar de la posibilidad de que, en caso extremo, la diferencia de visiones pueda desembocar en un potencial choque entre el Estado brasileño y la Santa Sede.

Lo cierto es que con sus legítimas preocupaciones pastorales con las poblaciones amazónicas, la Iglesia brasileña no debe ignorar las no menos justificadas preocupaciones de las instituciones del Estado, en particular las Fuerzas Armadas, que perciben un déficit efectivo de soberanía nacional sobre la región, impuesto en las últimas décadas por una política pública influenciada en extremo por el ambientalismo-indigenismo internacional, que ha utilizado el CIMI, la Pastoral de la Tierra y el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), cuyas pautas tienen escasa relación con los intereses mayores de la sociedad brasileña.

Revive la Leyenda Negra

Atrás de ese plan se encuentra una vasta red de organizaciones no gubernamentales privadas y de agencias gubernamentales de ciertos países del hemisferio Norte, Estados Unidos, el Reino Unido, Noruega, Alemania y Holanda en especial. Entre estas entidades destaca el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), que no solamente promueve la Teología de la Liberación, como una “teología” liberal protestante imbuida en un falso ecumenismo disfrazado de ambientalismo, indigenismo, “derechos humanos,” desarme civil y otras pautas diseñadas para promover divisiones internas y obstaculizar el pleno desarrollo económico de países como Brasil.

El CMI fue el instrumento en Brasil para la creación de la política indigenista, desde la Reunión de Barbados, la cual financió en 1971, para transformar la ciencia de la Antropología en una militancia “revolucionaria” y “anticolonial,” con el objetivo explícito de embestir a la evangelización originaria de Iberoamérica, es decir, repetir con un contenido post moderno las mentiras que se vertieron en siglo XVII contra la gesta evangelizadora. Más recientemente ha promovido la extraña idea de revocación de la “Doctrina del descubrimiento,” en referencia a las bulas papales del siglo XV que otorgaron el derecho de conquista a España y a Portugal.

Las redes de la Teología de la Liberación ya habían utilizado antes una versión “fake” del Concilio Vaticano II (1962-1965), l la cual fue divulgada por la gran prensa, -muy diferente a los documentos preparados por los padres conciliares- para promover las luchas “revolucionarias” de los pueblos indígenas contra sus colonizadores, como un ataque mal disfrazado a las estructura de los estados nacionales soberanos, los blancos centrales del gobierno mundial.

A partir de ese impulso nació el CIMI, uno de los principales instrumentos del programa indígena de ese aparato intervencionista supranacional y uno de los grupos más activos en la organización del sínodo. En Brasil el CMI también promovió la creación del Centro Evangélico de Información (CEI) en 1964, posteriormente convertido en Centro Ecuménico de Documentación e Información (CEDI), el cual, en 1994, se dividió en tres organizaciones: Instituto Socioambiental (ISA), KoinoniaPresencia Ecuménica y Servicio y Acción Educativa, específicamente, para promover los planes provenientes de los países industrializados del hemisferio Norte.

Como documentamos en los libros Quien manipula los pueblos indígenas contra el desarrollo de Brasil: una mirada a los sótanos del Consejo Mundial de Iglesias (Capax Dei, 2013) y Conselho Indigenista Missionario –Filho da Mentira (Capax Dei, 2016), el CMI fue fundado por los elementos más altos del establishment angloamericano para llevar a práctica su plan de gobierno mundial contra los estados soberanos.

Es evidente que no pocos entre los promotores del Sínodo ven en él una oportunidad para que el Vaticano ponga su sello sobre tal orientación política, aun con el riesgo de provocar un choque de Estado entre Brasil y la Santa Sede.

En resumen, vale la pena recalcar: el adversario a enfrentar no es la Iglesia Católica, sino el aparato ambientalista-indigenista del gobierno mundial y sus redes de apoyo en Brasil, el mayor interesado en sembrar cizaña entre el Estado brasileño y la Santa Sede.

En este contexto, la vigilancia de las actividades de las organizaciones no gubernamentales que integran el aparato ambientalista-indigenista y de otros sectores que integran tal programa intervencionista, es más que necesario a ejemplo de lo que se hizo en países como Rusia, China, India, Egipto, Hungría y otros más. Este es el enjambre que sí representa serias amenazas a la soberanía plena de Brasil.

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