MSIa Informa, 9 de abril de 2021.-La vieja inclinación imperialista de las élites dirigentes del Reino Unidos es un vicio difícil de combatir, aunque sea como socias minoritarias, y subordinadas, a sus contrapartes de Estados Unidos, la súper potencia que ocupó el lugar del Imperio británico en la disputa por la hegemonía mundial. Esa adicción es lo único que explica las casi supra realistas -además de ilusorias y peligrosas- ambiciones estratégicas anunciadas por el gobierno del Primer ministro británico, Boris Johnson, tanto para “disuadir” a los que percibe como sus enemigos, como para elevar, supuestamente, la estatura británica en el mundo post Brexit del siglo XXI.
El plan fue presentado en el documento “Gran Bretaña Global en una era competitiva”, una revisión estratégica “del papel del RU en el mundo en la siguiente década, y las medidas que tomaremos de ahora a 2025”. La pomposidad del trabajo se manifiesta desde el título “Gran Bretaña global” (Global Britain, en el original), descrito como una visión que incluye: “El énfasis en la apertura como fuente de prosperidad; una posición más robusta en seguridad y flexibilidad; el compromiso renovado del RU como fuerza para el bien del mundo (sic); la determinación ampliada de buscar soluciones multilaterales tanto de las dificultades como la de los cambios climáticos”.
A pesar de una larga lista de compromisos asumidos en sus 114 páginas, el documento adquirió notoriedad internacional de inmediato, pero no por el lado positivo, sino por dos elementos que revelan la nostalgia británica por su antiguo papel de potencia colonial de alcance mundial.
El primero es el aumento de su arsenal nuclear para 2030, de las actuales 195 ojivas nucleares a 260. La ampliación, la primera desde 1980, se opone a la tendencia mundial de reducción de los arsenales nucleares, mantenida hasta por los mismo Estados Unidos, que acaban de extender a 2026 el acuerdo de limitación de armas estratégicas con Rusia (New START), anteriormente amenazado por el expresidente Donald Trump. El pretexto para este cambio no podía ser otro: Rusia -que, según el texto, “sigue siendo la amenaza más grave para nuestra seguridad”.
Aunque tenga poco peso en términos estratégicos, la expansión nuclear se apoderará de una gran rebanada de los 188 mil millones de libras esterlinas que se gastarán en los siguientes cuatro años para el cambio de guardarropa bélico de la “Global Britain”, ya señora del cuarto presupuesto militar del planeta, atrás tan sólo de Estados Unidos, China e India. Un enorme peso para una economía decadente, cuyo gobierno afirma que no puede ofrecer ningún aumento superior a 1 por ciento a sus profesionales de la salud, que han trabajado hasta el borde de la exhaustación en la lucha contra la pandemia del covid-19.
Por si esto no bastara, como señalan hasta los mismos estrategas occidentales, 65 ojivas nucleares más no ofrecen ningún efecto disuasorio real ante el arsenal nuclear ruso, uno o dos órdenes superior al británico en potencia y una generación adelante en términos técnicos, con sus nuevos misiles hipersónicos y drones submarinos de largo alcance, que superan cualquier cosa que el Reino Unido y las demás potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) puedan oponerles.
La justificación la amenaza “rusa” fue respondida de inmediato por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov: “Lamentamos mucho que Gran Bretaña haya escogido aumentar el número de ojivas nucleares; ciertamente, es una decisión que perjudica la estabilidad y la seguridad estratégica internacional. Sin embargo, de nuevo, una efímera amenaza de Rusia se presentó como justificación. Rusia no es una amenaza, pero la acumulación de ojivas el algo que amenaza la paz de todo el mundo” (RT, 1703/2021).
Menos diplomática y más irónica, la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova aguijoneó: “Londres no abandona sus ambiciones imperiales. En general, todo lo que dice respecto a Gran Bretaña es muy triste. El problema de las ambiciones imperiales no desapareció. Las ambiciones existen, pero no tienen sustento. El sustento se pudrió. Por desgracia, tratan de presentar sus actos como una buena obra y dan nuevos pasos para restaurar su reputación de país importante, grande y poderoso” (RIA Novosti, 18/03/2021).
Otro punto polémico expuesto en el documento es la decisión de retomar la proyección del poderío aeronaval británico en los océanos Indico y Pacífico, luego de un hiato de más de medio siglo, el llamado “pivote indo-pacífico”, abiertamente contra China. Para hacer esto realidad, se mandará el nuevo portaaviones Queen Elisabeth a la región, donde tendrá que cumplir con la única tarea plausible para los navíos británicos en esa región, además de las visitas de cortesía: operar en conjunto con la Armada de Estados Unidos, en sus provocadoras incursiones en el mar del Sur de China. A esto hay que agregarle que, como la Royal Navy todavía no tiene aviones para el portaaviones, tendrá que operar con un escuadrón de cazas F-35 de los Fusileros Navales estadounidenses, con el pretexto de la “interoperacionalidad” entre las fuerzas de los dos aliados.
Es de dudarse, sin embargo, que los líderes de Pequín crean que esta movilización sea tan sólo una provocación subordinada a los planes estratégicos de Washington, pero irrelevante en términos militares. En cuanto se conoció la decisión británica de enviar un equipo al Pacífico, Zhang Junshe, investigador jefe del Instituto de Investigaciones de Estudios Militares Navales de las Fuerzas Armadas chinas, no se anduvo con medias tintas y escribió en el periódico semi oficial Global Times:
“El Reino Unido ya fue un imperio poderoso. Es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero, ahora, por lo que parece, se convirtió en compinche de Estados Unidos. La posición incoherente del RU sobre China muestra que perdió el comportamiento de una gran potencia -así como su posición y actitudes independientes. (…) Al mostrar su poderío militar, el RU quiere demostrar que todavía es una gran potencia tradicional con una marina fuerte. Pero tan sólo se está convirtiendo en algo cada vez más parecido a un matón de Estados Unidos.
“El poderío militar de Londres no puede eludir las consecuencias de tales provocaciones. Algunos británicos todavía sueñan que su país es tan poderoso como “el imperio donde nunca se pone el Sol”. Aquellos días se fueron hace mucho tiempo. El RU no está satisfecho con ser un país de segunda clase, pero, en realidad, está sobrecargado y tiene poco poder. (…)
“El RU está fanfarroneando. Debería conocer sus limitaciones antes de tratar de medirse con China, que ya no es un país débil militarmente, para que se le humille como lo fue durante las Guerras del opio. Si los portaaviones nucleares de Estados Unidos… han visitado repetidamente el Mar del Sur de China y no logran asustar a China, el HMS Queen Elisabeth no será una intimidación para China, aunque sea enviado al Extremo Oriente” (Global Times, 15/07/2020).
Al usar la palabra “intimidación”, el autor podría referirse al trágico resultado de un intento de ese género en la Segunda guerra mundial, cuando el gobierno de Winston Churchill envió al Extremo Oriente el acorazado Prince of Wales y al crucero de batalla Repulse con la misión declarada de disuadir a los japoneses de atacar Singapur, entonces uno de los símbolos de colonialismo británico en Asia. Atrapado sin escolta aérea (dispensada por el comandante de la fuerza naval, con el argumento de que él solo podía con los aviones enemigos), los dos navíos fueron hundidos en dos horas por la aviación japonesa el tercer día de la guerra del Pacífico, en diciembre de 1941: Singapur caería dos meses después. Hoy, en una situación de conflicto real, El Queen Elisabeth ni ninguna otra nave escaparían de un destino semejante, ante el formidable arsenal contra buques de China, que incluye misiles hipersónicos de largo alcance, contra los que ni la misma Armada estadounidense tiene defensas efectivas”.
Con palabras no menos cáusticas, el periodista irlandés Finnian Cunningham disparó una dura crítica a la “nueva” ‘agenda’ estratégica británica:
“Esa ridícula demonización de los otros es, evidentemente, una forma de proyección psicológica de las clases dominantes británicas y estadounidenses para distraer del hecho de que ellas son la mayor amenaza de seguridad para el mundo. Las amenazas son también un precursor esencial de la promoción de las guerras y de la continuidad de las economías militarizadas que dan soporte al capitalismo angloamericano. Sólo imaginen si los británicos y los estadounidenses intentasen vivir en paz y cooperación con el resto del mundo. Sus economías de colapsarían, por la ausencia de militarismo y de las industrias de las armas.
“En lo que llamó su revisión estratégica está más claro que nunca que los gobernantes británicos sufren de ilusiones de grandeza. El primer ministro Boris Johnson habla fantasiosamente, como si Gran Bretaña fuese un dínamo mundial de crecimiento económico y progreso. (…)
“La reprensible e insensata iniciativa de aumentar el arsenal nuclear es un absurdo y grotesco desperdicio de finanzas públicas. Es criminal, ante tantas necesidades sociales angustiantes entre los británicos comunes. Pero lo que también es criminal es que los gobernantes británicos están perjudicando la seguridad mundial -todo por el vano propósito de posar como una potencia mundial, en lugar de ser realmente una potencia mundial’ (Sputniknews, 18/03/2021).
Los estrategas de su majestad, en el mundo real, deberían prestar la debida atención a las señales del tiempo, inclusive a los simbólicos, como el reciente tropiezo triple del presidente estadounidense, Joe Biden (cuyas señales de senilidad son cada vez más evidentes), al tratar de subir al Air Force One a saltitos como si fuese un joven.

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