En su edición del pasado 5 de octubre, el periódico brasileño O Globo publicó una editorial titulada “Putin se gana el papel de villano principal”, rodeada de falsedades y de ausencia de compromisos con los hechos, típico de la propaganda que los medios al servicio del poder anglo-americano lanzan para alimentar un ambiente de guerra.
La publicación del editorial se inserta en el contexto de la feroz ofensiva que tales grupos mueven, a partir del Pentágono y del Departamento de Estado de los EUA contra la Rusia de Vladimir Putin, en una peligrosa escalada de provocaciones que hemos venido documentando en nuestras publicaciones.
Seguramente, no fue coincidencia que editoriales y artículos de fondo igualmente agresivos contra el líder del Kremlin hayan sido publicados simultáneamente en varios órganos del establishment:
-New York Times: “Vamos a conseguir la atención de Putin: el comportamiento fuera de la ley del líder ruso amenaza a América y a la Unión Europea”, de Thomas L. Friedman.
–Washington Post: “los rusos transformaron el sufrimiento civil en ‘arma de guerra’”, de David Ignatius.
-Wall Street Journal; “Detengan a Assad ahora –o esperen años de guerra”, de John McCain.
-The Economist: “Por que Occidente debe proteger al pueblo de Siria”.
Los mentores ni siquiera se preocupan en ocultar que la intención es la de provocar alguna reacción de Moscú que justifique una intensificación de las acciones militares de la coalición encabezada por los EUA en Siria, mal disfrazada como una ofensiva contra el Estado Islámico (EI), pero cuyo objetivo real es el régimen del presidente Bashar al-Assad, apoyado por Rusia, Irán y el Hezbollah libanés y, más discretamente, por China.
El editorial da el tono del bombardeo de desinformación de la guerra de propaganda desatada contra Moscú, en un intento de revertir los reveses estratégicos acumulados desde la intervención directa de Rusia en el conflicto sirio desde septiembre del año pasado.
“En el cuadro geopolítico actual, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, parece esforzarse por ocupar el papel de la principal amenaza para la paz mundial. Por lo menos, esto es lo que puede desprenderse de las acciones como la reciente escalada de bombardeos rusos en Siria, incluyendo blancos civiles en ciudades sitiadas, como Aleppo, y los convoyes de ayuda humanitaria. (…) Con la acción de Putin, los EUA se retiraron de las negociaciones para un cese al fuego (…).
“A esto se suman nuevas evidencias del papel activo de Moscú en el derribo de un avión comercial en julio de 2014, cuando sobrevolaba Ucrania. El avión fue alcanzado por un misil, matando a todas las 289 personas a bordo. Putin acusó al gobierno de Ucrania, pero fue desmentido ahora por investigadores internacionales. Merece atención todavía el asesinato de disidentes del presidente ruso; y la invasión por hackers de los e-mails de Hillary Clinton, para favorecer a Donald Trump en la contienda electoral”
Incluso en un mundo en que la internet no existiera sería difícil tragarse la calificación de Putin como “la principal amenaza para la paz mundial”, además de acusaciones casi patéticas como los supuestos ataques a los convoyes de ayuda humanitaria (ya desmentidas como una farsa), al vuelo MH17 de Malasia Airlines y la intercepción de los e-mails de la candidata demócrata a la presidencia, por si las dudas, la favorita de los pirómanos de Washington.
Vale la pena recordar que las negociaciones ruso-estadounidenses para un cese al fuego en Siria se malograron después del deliberado ataque de aviones de la coalición contra fuerzas sirias que combatían al EI en Deir ez-Zor, que mató a más de 80 militares e hirió a más de 100.
Otro párrafo del editorial en cuestión raya en lo bizarro, al manifestar preocupación con “la obstinada tendencia de Putin en intentar desestabilizar el orden mundial, llevando a Rusia en el sentido contrario de sus responsabilidad como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU (cursivas nuestras).
Solamente con una total falta de respeto por la inteligencia ajena es posible acusar al presidente ruso de semejante pretensión, excepto si por “desestabilización del orden mundial” el escriba del Globo se refiera al orden hegemónico centrado en el eje Washington-Wall Street-Londres.
Si es así, de hecho, este se encuentra amenazado, más por la “auto-desestabilización”, que por la propia disfuncionalidad de sus estructuras hegemónicas, basada en la control de las finanzas globalizadas centradas en el dólar y en los flujos de commodities, bajo el paraguas militar de los EUA y de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En cuanto a la contribución rusa a tal tendencia, hasta ahora, se ha restringido a trazar ciertos límites para la expansión de aquella agenda, como ocurrió en Siria y en Ucrania, y articular una alternativa no hegemónica y cooperativa para una reordenación del escenario estratégico-económico global, en asociación con China y otros países, a partir de una integración físico-económica de la masa continental euroasiática y una nueva infraestructura financiera independiente de Wall Street y de la City de Londres.
Además, el único país extranjero que abriga fuerzas militares rusas es Siria. En contraste, los EUA tienen más de 800 bases e instalaciones militares diversas en más de 80 países en cinco continentes, y están involucrados en operaciones ofensivas reales en Afganistán, Irak, Siria y media docena de países africanos, y tienen un presupuesto militar efectivo superior al de todos los demás países del mundo juntos.

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