La reacción de Rusia al derribo de uno de sus aviones que operan en Siria, provocada por un ataque aéreo de Israel al país árabe fue equivalente a trazar la proverbial raya en el suelo. Moscú, luego de la visita de una delegación militar israelí de la más alta jerarquía que pretendía eximir a sus aviadores de la responsabilidad del accidente que provocó la muerte de los 15 tripulantes del avión ruso, no se dejó impresionar y anunció lo que equivale al establecimiento de una virtual zona de exclusión aérea sobre gran parte del territorio sirio, principalmente los grandes cuadrantes que utiliza la aviación israelí en sus ataques.
En un informe a la prensa, el lunes 24, el ministro de la Defensa de la Federación Rusa, Serguéi Shoigu, anunció el envío a Siria de las baterías antiaéreas S-300 y de sistemas de control y de identificación de blancos más sofisticados que los que emplean actualmente los militares sirios. Informó también que “Rusia interferirá los (sistemas de) navegación por satélite, radares embarcados y sistemas de comunicación de aviones de combate que ataquen en territorio siro, en las regiones sobre las aguas del mar Mediterráneo limítrofes con Siria”.
El derribo del avión de patrulla Il-20, dijo, “nos obligó a dar una respuesta adecuada, con el fin de mejorar la seguridad de las tropas rusas que están destacadas a tareas de combate del terrorismo internacional en Siria.”
Shoigu agregó: “Estamos convencidos de que la aplicación de esas medidas enfriará las cabezas calientes y evitará actos que amenacen a nuestro militares. De otra forma, tendremos que responder de acuerdo con la situación real.”
El S-300 es un mecanismo incomparablemente más sofisticado que sus antecesores S-200, de la era soviética, actualmente operados por las fuerzas sirias, uno de los cuales derribó el Il-20, después de que los cazas israelíes que atacaban Latakia se colocaron detrás de él para confundir al radar de orientación del misil. Con un alcance superior a los 250 kilómetros, pude detectar y destruir blancos hostiles ya sea dentro del mismo Israel o bien dentro del territorio sirio al este del río Éufrates, actualmente ocupado por milicias curdas y militares y mercenarios estadounidenses, franceses y británicos, además de fuerzas residuales del Estado Islámico. Siria ya había solicitado este equipo, pero no fue entregado a instancias de Israel, a las que Moscú había cedido por considerar que un entendimiento informal con Tel Aviv sería más ventajoso para sus operaciones en el país árabe. Ante la puñalada por la espalda, el Kremlin decidió reconsiderar.
En mismo día el conocido analista militar The Saker, sintetizó las consecuencias de la medida rusa:
1.Establece una zona de exclusión aérea de hecho, pero no de derecho, sobre Siria. Así, los rusos tendrán la flexibilidad de decidir, nación por nación y avión por avión, quienes serán suprimidos/derribados y cuáles serán tan sólo acompañados y vigilados.
2.No es necesario decir que, aunque esas nuevas capacidades serán movilizadas en Siria, en respuesta a los actos israelíes, también aumentarán enormemente la capacidad siria ante cualquier agresor potencial, en especial Estados Unidos y sus estados socios (…)
3.A pesar de que los rusos no han indicado que tipo de sistema automatizado de administración de defensa aérea planean entregar a Siria, es probable que sea el que se usa comúnmente para vigilar el accionar de los sistemas antiaéreos S-300 y Buk, el Poliana D-4. La entrega de ese sistema aumentará espectacularmente la capacidad de defensa antiaérea del equipo ruso en Siria, lo que hará más difícil atacar a las fuerzas rusas.
Es obvio que los S-300 y los sistemas de interferencia electrónica rusos no son infalibles, pero su presencia y, principalmente, la determinación de usarlos de forma efectiva son un obstáculo a cualquier operación hostil y señalan el fin de la libertad de acción hasta ahora disfrutada por las fuerzas aéreas de la coalición.

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