Megabancos y delitos

MSIa Informa, 22 de octubre de 2020.-El Consorcio Internacional de Periodistas Investigadores (ICI) se encuentra en el centro de la atención mediática, al obtener 2 500 páginas de informes de actividades sospechosas de algunos grandes bancos internacionales. Se trata de documentos enviados, en el período 1999-2017 a la Red de Combate a Crímenes Financieros (“Financial Crimes Enforcement Network” –FinCEN) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, agencia federal encargada de combatir el lavado de dinero, que los hizo parcialmente públicos.

El grupo de periodistas es el mismo que, en 2016, divulgó los llamados “PanamaPapers”, tomando la batuta en el escándalo de vastas redes de actividades relacionadas con evasión fiscal y lavado de dinero, en la cual participarongrandes personalidades y bancos internacionales.

Ahora, otra vez, surge una vasta red de tráfico ilegal y movimiento de dinero “lavado” de drogas y armas y evasión de capitales mediante empresas ficticias e, incluso, para el financiamiento de redes terroristas. Hay de todo y más: involucramiento de polémicas figuras rusas y ucranianas, operaciones ilegales en Venezuela y en Malasia, hasta operaciones a nombre de Paul Manafort, ex-gerente de la campaña electoral de Donald Trump, actualmente preso por fraudes fiscales y bancarios.

Todos estos son relatos que, sin embargo, debieron de haber sido investigados penalmente y no lo fueron.

La documentación identifica la responsabilidad de cinco mega-bancos globales: dos estadounidenses, JP Morgan y Bank of New York Mellon, dos británicos. HSBC, el mayor banco europeo, y Standard Chartered Bank, y el alemán Deutsche Bank (DB). La cantidad envuelta en lavado de dinero y otras transacciones ilegales totalizaría más de 2 billones de dólares.

La cuantía parece estratosférica, pero los documentos hechos públicos representarían menos de 0.2% de las más de 12 millones de actividades sospechosas que las diferentes instituciones informaron a la FinCEN en el período 2011-17.

Es decir, existen muchos aspectos perturbadores en esta escandalosa historia. Nos gustaría destacar dos, merecedores de atención especial.

En primer lugar, el papel del Deutsche Bank, el cual, según los documentos tiene el récord de transacciones sospechosas, con 1.2 billones de dólares.

Es la segunda vez que el banco alemán está en lo alto de la pirámide negativa pues ya lo había hecho antes, cuando se convirtió en el número uno del mundo en derivados financieros “de ventanilla”, conocidos instrumentos especulativos cada vez más inciertos y difíciles, complicados y arriesgados de administrar.

La prensa alemana vuelve a preguntar lo que realmente pasa, desde hace muchos años, en este banco que lleva el nombre del país. En nuestra opinión, las constantes referencias a la participación del DB en varios tipos de operaciones son motivo de constreñimiento y vergüenza para toda Europa, no solamente para a Alemania.Se cuestiona que año tras año y escándalo tras escándalo, todavía las autoridades alemanas y europeas no hayan conseguido obligar al banco a realmente corregir su comportamiento y volver a ser uno de los mayores promotores de grandes proyectos industriales y de desarrollo real, como en los días de su presidente Alfred Herrhausen, quien lo dirigió en 1988-89 antes de ser asesinado por terroristas.

El segundo punto es con respecto al comportamiento altamente cuestionable de los bancos involucrados. Durante años, a pesar de ser reiteradamente acusados, condenados y sancionados por las autoridades de control, casi siempre estadounidenses, siguen sin ser impedidos de prestar sus servicios para operaciones sucias, ilegales y de lavado de dinero. Los ejemplos son numerosos.

En 2012, el HSBC admitió haber lavado 881 millones de dólares para un cartel latinoamericano de drogas y, para detener el proceso penal, pagó una multa de 1.9 millones. Las acusaciones habrían sido canceladas definitivamente si el banco comprobara su participación en el combate al lavado de dinero en los cinco años siguientes. Sin embargo, los archivos de la agencia estadounidense comprueban que el HSBC violó el acuerdo judicial, no solamente continuando las operaciones de lavado de dinero, sino también se vio participando en una gran “pirámide financiera” abarcando varios países.

Lo mismo habría ocurrido con el Standard Chartered, acusado de haber favorecido las transacciones financieras hacia Estados Unidos por clientes del Arab Bank vinculados a redes terroristas. Aunque multado con 670 millones de dólares, supuestamente, el banco británico siguió con operaciones semejantes, incluso durante el “período de buena conducta”.

Los demás bancos mencionados, incluyendo el DB, también mantuvieron el mismo comportamiento. Acusado de actividades ilegales, pagaron multan para detener las acusaciones criminales, y, al mismo tiempo, no se arredraron en seguir operando del modobusiness as usual.

Está claro que es bastante conveniente pagar una multa de 1 dólar por cada 100 recogidos ilegalmente. Pero, en este sentido, ¿el control de los gobiernos y agencias responsables es independiente y realmente riguroso?

Toda vez que la pandemia de Coovid-19 está afectando todos los sistemas económicos, sociales y de salud, es significativo que la alta finanza permanezca sin ser tocada.

Evidentemente, muchas veces, los bancos declaran que no conocen la identidad de los titulares finales de las cuentas. Pero es singular que más del 20% de los informes remitidos a la FinCEN se refieran a un cliente con rumbo hacia la Islas Vírgenes Británicas, uno de los mayores paraísos fiscales del mundo.

Concluyendo, vale la pena recordar que, según la Oficina de Naciones Unidas para el Control de Drogas y Prevención del Crimen (UNDOC), nada menos que 2.4 billones de dólares serían lavados por año.

Estos son datos chocantes.

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