“Hay que esperar. Las circunstancias actuales son diferentes a las del periodo de la dictadura o del menemismo.” Con estas palabras, el economista argentino Aldo Ferrer respondió a una encuesta del periódico Pagina 12, sobre los temores de que el recién electo presidente argentino, Mauricio Macri, represente el retorno al catastrófico ultraliberalismo económico del gobierno militar de (1976-83) continuado años más tarde por el gobierno de Carlos Menem (1991-2001).
Según él, “hay problemas críticos, pero el sistema no está en crisis profunda. Esto no es 2001, ni 89, ni 83. En general, fue la mejor transición que recuerde.”
Es importante dar crédito a la evaluación del veterano economista, intelectual y hombre público –una de las referencias del nacionalismo económico argentino- quien en su vida adulta, ha sido testigo de nada menos que dos docenas de transiciones políticas del país, más de la mitad de ellas de forma traumática, por el derrocamiento, la renuncia o la muerte del titular del gobierno.
A pesar de que sus opositores políticos lo consideran neoliberal, Macri, ex prefecto de Buenos Aires, se identifica con Arturo Frondizi, quien gobernó entre mayo de 1958 y marzo de 1962, y es apuntado el mejor presidente argentino de todos los tiempos. Aunque su mandato haya sido manchado por las turbulencias causadas por choques entre peronistas y antiperonistas (marca de la que Argentina aún no consigue liberarse), y que terminó depuesto por un golpe militar, Frondizi gobernó con la vista puesta en el progreso de las fuerzas productivas del país, con énfasis en la industria de base y en la infraestructura energética y de comunicaciones.
En su gestión, entre otros hechos, Argentina obtuvo la autosuficiencia en la explotación de petróleo, amplió la petroquímica, instaló la industria ferroviaria e inició la construcción de plantas hidroeléctricas, gasoductos y su primera siderúrgica, fundamental para el avance posterior de los demás sectores industriales. Con esto, el país se benefició de una gran economía de divisas preciosas, hasta entonces desperdiciadas en importaciones.
Frondizi tenía una visión integral del progreso, convergente con el entendimiento de la Doctrina social de la Iglesia, que abarcaba la actividad económica, la educación, las expresiones y toda la vida social, como está expuesto en la encíclica Mater et Magister del Papa Juan XXIII.
El escritor Félix Luna, autor de varios libros sobre la historia argentina, resalta que los méritos de Frondizi no se pueden evaluar tan sólo con los números:
(…) Así como Perón experimentó en 1945 el anhelo renovador del país, Frondizi era el hombre exacto para aquel momento histórico. El aspecto más positivo de su gobierno se basa en la decisión que le permitió presentar a la comunidad argentina la imagen de nuevos objetivos nacionales, fronteras más largas para la acción común y una mentalidad imaginativa para asumir la estrategia correspondiente. (Félix Luna, Argentina, de Perón a Lanusse (1943-1974), Civilizaçao Brasileira, 1974).
El hombre clave de Frondizi era el economista Rogelio Frigerio, quien fue su ministro de Economía y su asesor particular, y a quien se vio obligado de destituir por presiones políticas. El nieto de Frigerio, que lleva el mismo nombre del abuelo y es también economista, es uno de los principales asesores de Macri y ya fue designado ministro del Interior.
Antes de esto, Frigerio, quien durante la campaña electoral fue el portavoz de las posiciones económicas de Macri, resumía la orientación del nuevo gobierno: “El gobierno de Macri tendrá una marca desarrollista en los lineamientos económicos y liberal en términos de la política, de los derechos individuales y de las libertades políticas” (Cronista.com, 12/11/2015).
En el discurso de toma de posesión Macri hizo su tributo al antecesor que tiene como modelo:
“Arturo Frondizi dijo una vez: por su magnitud, el desafío que nos aguarda no es cosa de una persona, ni de un grupo de personas; es tarea de todo el pueblo argentino e implica una responsabilidad compartida por todos. Lo cito porque creo profundamente en esas palabras. Vamos a llevar el país al frente entre todos. No dudo de nosotros. El deseo de progreso fue la base de nuestra Nación. Todo lo que somos fue hecho por personas que apostaron, con un optimismo inteligente, en el resultado de su trabajo. Lo que da sentido a nuestras vidas es esa aventura de crecimiento. Vivamos la juntos. Es una aventura extraordinaria”.
Macri mencionó en esa ocasión las tres líneas maestras de su campaña, que deberán convertirse en las tareas principales del gobierno: 1) “pobreza cero;” 2) “derrotar el narcotráfico;” 3) “unir a los argentinos.” Sobre la primera, afirmó:
“Hablar de pobreza cero es hablar de un horizonte, de la meta que da sentido a nuestras acciones. Nuestra prioridad será lograr un país donde cada día haya más igualdad de oportunidades, en el que no hay argentinos que pasen hambre, en el que todos tengan libertad de elegir dónde vivir y desarrollar nuestros sueños. Quiero darle una vez más la confirmación de que vamos a cuidar de todos. El Estado va a estar donde sea necesario para cada argentino, en especial para los que tienen menos. Vamos a universalizar la protección social, para que ningún niño quede desprotegido. Vamos a trabajar para que todos puedan tener un techo con agua corriente y drenaje, vamos a urbanizar las villas (el nombre argentino de los tugurios), para transformar para siempre la vida de millares de familias”.
“Mas para que haya, en realidad, pobreza cero, necesitamos generar trabajo, ampliar la economía, aprovechar los enormes recursos naturales y humanos que tiene Argentina. Vamos a cuidar los trabajos que hoy existen, pero, sobre todo, producir una transformación para que se multipliquen las fuentes de trabajo, porque esta es la única forma de que haya prosperidad donde hoy hay una pobreza inaceptable. El desarrollo de Argentina llegará por medio de inversiones inteligentes y expansivas, que mejoren la infraestructura, coloque las bases para el crecimiento de la producción, traigan oportunidades y generen la prosperidad que merecemos”.
En su plataforma de campaña, Macri presentó un ambicioso plan de infraestructura, considerado el pilar fundamental de la propuesta de “pobreza cero,” que contempla obras en los sectores energético y de caminos, en especial la ampliación de la red ferroviaria, la renovación de 2 000 kilómetros de vías de ferrocarril y del material rodante, con conexiones de la Región Norte entre si y las demás con los puertos. La meta es elevar las inversiones públicas del actual 3.2 por ciento del PIB a 5 por ciento.
En cuanto al narcotráfico, Macri no dio detalles de cómo pretende hacer frente al problema, que se ha agravado rápidamente en los últimos años, tan sólo subrayó su gravedad al decir que, en la campaña, tal preocupación le fue trasmitida por “millares de personas en todo el país.”
Sin embargo, es posible que el proyecto mayor de Macri sea la de lograr la unidad de propósitos a los múltiples grupos políticamente organizados integrantes de la sociedad argentina, algo que, de antemano, será complicado por el hecho de no disponer de mayoría en el Congreso, ni de apoyos firmes entre los gobernadores provinciales.
Para los conocedores de la historia argentina, no será raro que la radicalización entre las facciones políticas desemboque en la violencia abierta, siendo hasta ahora un problema sin solución, lo que dificulta toda propuesta de proyecto nacional de progreso capaz de motivar a por lo menos una mayoría significativa de los grupos que constituyen la sociedad. Este ha sido el gran drama de los casi dos siglos de la Argentina republicana –unitarios contra federalistas, porteños contra provincianos, industrialistas contra estancieros, peronistas contra antiperonistas (y todas sus variantes), etc. Frondizi, la referencia del gobierno de Macri, fue tan sólo una de las numerosas víctimas de esa incapacidad de entendimiento político, en la línea de “nosotros contra ellos.” Por este motivo Macri dedicó buena parte de su discurso al tema.
“La Argentina es un país con enormes diversidades. En cada provincia, en cada lugar, se desarrollan formas distintas de ver la realidad. Estas deben integrarse en un país unido en la diversidad. Queremos el aporte de todos, de las personas que se sientan a la derecha y de las que se sienta a la izquierda, de los peronistas y de los anti peronistas, de los jóvenes que no están en edad de transgresión y de los más viejos que aportan su experiencia, porque, precisamente, esa diversidad es la que nos enriquece y nos hace mejores.
“Todo esto, reconozco que puede sonar poco creíble, después de tantos años de enfrentamientos inútiles. Pero es un desafío exitante. Es lo que pidieron millones de argentinos que estaban cansados de la prepotencia y del enfrentamiento inútil. El país tiene sectores que piensan de diferentes maneras, pero no está dividido. (…) Llegó el momento en que debemos unirnos para crecer y mejorar, para que nuestro país avance. (…)
“Viene ahí un tiempo nuevo: el tiempo del diálogo, del respeto y del trabajo en equipo; tiempo de construcción con más justicia social. Repetidamente, a lo largo de la historia, hemos vivido muchas divisiones, la confrontación nos ha llevado por caminos errados. Somos pasionales y es bueno serlo, pero en ocasiones esa pasión nos pone una trampa: crea conflictos innecesarios, genera fanatismos que tantas veces nos arrastraron a la violencia, a la incapacidad de raciocinar y a la falta de amor.
“Tenemos que quitar el enfrentamiento del centro del escenario y colocar en ese lugar el encuentro, el desarrollo y el crecimiento. En la lucha irracional nadie gana, en el acuerdo ganamos todos. Para trabajar juntos es necesario que dejemos de lado nuestras ideas y formas de ver el mundo, tenemos que colocarlas al servicio de nuestro proyecto común y lograr la construcción de un país en el que todos podamos conseguir nuestra forma de felicidad. (…)
“Este gobierno va a saber defender esa libertad que es esencial para la democracia. Aspiramos a un nacionalismo más sano, lo que no se consigue partiendo del rencor, de la enemistad, de la lucha permanente o de la demonización del otro. El verdadero amor por el país es, antes que nada, amor y respeto por su gente, por toda su gente. La patria es más que sus símbolos. Somos las personas que vivimos en ella, de las cuales es necesario cuidar, ayudar y desarrollar”.
El nuevo presidente habló también de sobre otro pilar de su gobierno, “una revolución en la educación pública… una educación amplia, inclusiva, atenta a su calidad y de acuerdo con las necesidades del siglo XXI.”
En las relaciones internacionales, Macri señaló que las relaciones con Brasil deberán constituir una de sus tareas principales; tan es así que antes de tomar posesión de su gobierno viajó a Brasilia para reunirse con la presidente Dilma Rousseff. De la misma forma, también señaló la necesidad de mejorar las relaciones con Estados Unidos, principalmente, en función del litigio con los llamados fondos buitres, que están bloqueando judicialmente el servicio de la deuda argentina, al exigir el pago integral de los títulos de la deuda argentina comprados con gran descuento.
Vale la pena recordar que Frondizi tenía un gran interés en la profundización la relaciones con Brasil, país que veía como socio en un proceso conjunto de desarrollo de América Latina, habiendo llegado a reunirse con Janio Quadros en 1961, aunque la iniciativa no prosperó luego de la renuncia de Janio y de sudimisión al año siguiente.

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