En junio pasado se realizó en Polonia el mayor ejercicio militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde el final de la Guerra Fría. Participaron en el ejercicio “Anaconda-16” fuerzas de los tres países bálticos, de Polonia, Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Albania, Canadá, Croacia, República Checa, Eslovaquia, Rumania y de Bulgaria, además de países que no integran la OTAN –Finlandia, Macedonia, Ucrania, Georgia y Kosovo. Las manobras involucraron nada menos que 31 mil hombres, 3 000 vehículos de todo tipo, 105 aviones y helicópteros y 12 navíos, además de un grupo de 400 integrantes de la milicia voluntaria polaca. La difusión por parte de la prensa fue bastante belicosa, como se percibe en el encabezado del periódico alemán Bild: “Anaconda-6 está aquí: la OTAN entrena para una guerra contra Putin.”
En una entrevista colectiva en Berlín, en la que participaron la ministra alemana de la Defensa, Ursula von der Leyen, el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier y la propia canciller Angela Merkel, el secretario general de la OTAN, Jen Stoltenberg, afirmó que la alianza militar está reaccionando ante la “voluntad de Rusia de cambiar las fronteras de Europa,” utilizando como argumento el problema de Crimea. Reiteró, al mismo tiempo, que la “OTAN no está buscando una confrontación, sino un diálogo constructivo con Rusia.”
Moscú, por su parte, respondió que Rusia no representa un peligro ni para Polonia ni para los estados bálticos y que un mayor bien para la estabilidad de Europa sería optar por una sociedad de seguridad colectiva, a semejanza de la que fue ofrecida en el Consejo Rusia-OTAN.
En la secuencia de las maniobras militares, Polonia tendrá también un lugar en la cúpula de la OTAN, la cual reúne a los jefes de Estado de los países miembros de la alianza, lo que ocurrirá en Varsovia los días 8 y 9 de julio. El objetivo, según los organizadores, es mostrar que la OTAN es capaz de responder a las amenazas surgidas en las fronteras Sur y Este. En el flanco Este se resalta que los acuerdos de Minsk II, para pacificar el conflicto civil de Ucrania, no se están cumpliendo integralmente (por Ucrania). Al Sur y al Sudeste, la estabilidad de Libia y de los países vecinos está amenazada, dadas las guerras civiles de Siria y de Irak, y la OTAN quiere tener un papel mayor en la solución de esos conflictos. Stoltenberg afirmó también que quiere más vuelos de aeronaves de vigilancia (AWACS) en Oriente Medio, así como combatir el tráfico de personas y de armas por el Mediterráneo.
Según la revista de las Fuerzas Armadas alemanas (Bundeswehr Aktuell), el objetivo de la Alianza es fortalecer su capacidad de reacción respecto a Rusia. Para ello fue creada en 2014 la Fuerza de Reacción de la OTAN (NRE, por sus siglas en inglés), por lo cual se proyecta un efectivo de 40 mil hombres, que se ubicarán en las ocho bases del Este europeo.
Además de todo esto, se instalará una brigada aerotransportada estadounidense con 5 mil hombres en el Este de Europa y un sistema de defensa contra proyectiles en Polonia y en Rumania.
En otras palabras, la cúpula de Varsovia decidirá por una fuerte presencia militar en el Este de Europa, e inclusive el despliegue de batallones de entre 800 y 1 000 soldados de diferentes naciones en los tres estados bálticos y en Polonia. Le corresponderá a Alemania el comando del batallón que se estacionará en Lituania, y los demás deberán quedar al mando de alguna combinación que incluya a Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña.
Steinmeier: “No tenemos que intercambiar provocaciones”
Mientras que la gran prensa alemana desencadenaba una feroz campaña contra Rusia (tal vez parte de una estrategia para quitar un tanto la atención puesta en la salida del Reino Unido de la Unión Europea), el ministro Steinmeier advirtió en una entrevista concedida a Bild, el 19 de junio, que no se deberían hacer provocaciones en las fronteras rusas con “el blandir de sables y de gritos de guerra.” Propuso, en lugar de eso, un debate con Rusia sobre desarme.
Sus declaraciones provocaron de inmediato una tempestad entre muchos de los “atlanticistas” más fanáticos, los que respondieran con comentarios ácidos en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), hoy convertido en un notorio reducto contra Rusia. Según Steinmeier, el interés de los estados miembros de la OTAN es integrar e incluir “a Rusia en una sociedad de responsabilidad internacional. Haber impedido la creación de la bomba nuclear iraní, la lucha contra el Islam radical en Medio Oriente y la estabilización de Libia son ejemplos en ese sentido,” concluyó. La Historia, para él, enseña que, al lado de la preparación para la defensa, debe haber siempre una disposición al diálogo y a la cooperación.
Una respuesta interesante fue la Theo Sommer, ex director del semanario Die Zeit, el 21 de junio. Según él, el ministro “uso palabras fuertes, pero él tiene razón. (…) Ciertamente, es necesario que los europeos modernicen su anticuado aparato militar, así como ampliar su presupuesto militar.” Sin embargo, observó que, al tratar con seriedad la seguridad de los estados bálticos y de Polonia, “deben ser cuidadosos para no dejarse convencer por su visión de la Historia, que guarda un miedo comprensible, pero exagerado, de una invasión rusa,” y usarla como argumento para el fortalecimiento siempre mayor y permanente de la presencia de la OTAN en el Este de Europa.
“La contención de Rusia no depende de algunos batallones en Lituania, Estonia y Polonia,” afirmó Sommer, pero sí “de una contención nuclear potencial por parte de los estadounidenses y de la credibilidad con la que ellos la empleen.”
Se refirió también a un artículo reciente de Dimitri Trenin, del Centro Moscú de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, en la revista Foreign Affairs, donde afirma que, a pesar de que “Rusia ahonda su presencia en el enclave báltico de Kalinigrado,” Estonia, Lituania, Letonia y Polonia están “seguras,” aunque no se sientan así. “El Kremlin no va a asumir el riesgo de una guerra nuclear atacando un Estado miembro de la OTAN, y la esfera de influencia, que Putin tiene en mente, definitivamente, excluye esos países,” observó.
Sommer, igualmente, manifestó preocupación con la táctica de “pinchazos” contra Rusia adoptada por la OTAN, que se muestra claramente en la invitación a Montenegro a unirse a la alianza militar y en la retórica provocativa del secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, quien ha adoptado la línea de la “agresión y de la coerción rusas, especialmente en Europa,” al mismo tiempo que habla constantemente de “victoria.”
Para Sommer, el pedido de Stoltenberg de que debe de haber “un diálogo con Rusia” no son más que “palabras vacías” sin consecuencias prácticas. Una clara indicación de esto fue la interrupción de los debates del Consejo Rusia-OTAN, luego de la re anexión de Crimea, cuando exactamente debería haber ocurrido lo contrario ante una crisis de magnitud como esa. Lo que falta en este momento, según Sommer, son “iniciativas diplomáticas” que pueda detener la escalada en curso: “¿Dónde están las iniciativas diplomáticas que eviten una escalada todavía peor, y que creen estructuras como el Congreso de Viena de 1815, la Conferencia de Helsinki de 1975 y la Carta de París para una Nueva Europa, de 1990?”
Sommer pidió que al menos se “examine” si el presidente Vladimir Putin aceptaría un “Gran Acuerdo” con Occidente, y destacó que los países de la OTAN tienen un as escondido en la manga: “Podrían reconocer la anexión de Crimea por Rusia, si Putin ofrece algo a cambio.” Tales iniciativas diplomáticas podrían aceptarse si se toma en cuenta la historia rusa: “El Kremlin, no importa quién esté gobernando, jamás abandonará Crimea. Cuando Putin la anexó, él, sin sombra de dudas, violó el derecho internacional. Pero tenía dos cosas a su favor: la historia y la lógica estratégica. Desde el tiempo en que fue incorporada en la época de la zarina Catalina la Grande, Crimea ha sido rusa. El que Nikita Krushchov, por fuerte influencia alcohólica, haya donado la península a la entonces República Soviética de Ucrania, fue un error histórico.”
Hubo además una razón para que Putin comenzara a preocuparse por la base naval rusa de Sebastopol, en especial cuando Estados Unidos comenzaron a tratar de atraer a Ucrania al seno de la OTAN, en 2008, (lo que fue impedido por Merkel, como observó Sommer). Luego de la Revolución de la Plaza Maidan, los rusos se enfrentaron con un gobierno de Kiev cuyos miembros eran, en su mayoría, contrarios a la prórroga del tratado de concesión de Sebastopol hasta 2042. Cuando hubo la oportunidad de asegurar la propiedad de una base naval indispensable desde el punto de vista ruso, Putin no titubeo y aprovechó la oportunidad, a pesar del derecho internacional.
“No importa quién gobernará el Kremlin, nunca devolverá Crimea, ni siquiera si Occidente quiere imponer sanciones por 50 años. En lugar de tratar de ponerse de acuerdo a regañadientes por la vía diplomática, para garantizar el status quo del resto de Europa, sería mucho mejor que buscásemos una solución más compleja, que no ponga en juego nuestra capacidad de defensa, pero que cree una base para una política de distensión de largo plazo, equilibrada y cooperativa,” escribió Sommer, alertando que Steinmeier no ha observado esta cuestión, y que, tal vez, el “momento todavía no sea favorable para esto.”
Por otra parte, Steinmeier recibió un apoyo importante del ex canciller Gerhard Schröder, quien se manifestó en una entrevista en el Süddeutsche Zeitung del 19 de junio. En esa oportunidad, el ex canciller recordó que hace 75 años, la Alemania nazi “cometió un crimen de época contra la Unión Soviética, cuando la invadió con el objetivo de aniquilar al pueblo ruso y esclavizarlo. Es un milagro que, a pesar de ello, la Unión Soviética (sic) esté dispuesta a la reconciliación, Esto me moviliza. En la Unión Soviética, 20 millones de personas perdieron sus vidas y los alemanes no pueden olvidar que esa es la razón por la cual Alemania tiene una responsabilidad especial respecto a Rusia.”
El ex canciller deploró que, en la historia de las relaciones ruso-alemanas, los alemanes estén rechazando recurrentemente a los rusos. Mencionó el ejemplo de que el emperador alemán Guillermo II usó a Lenin para “incendiar la revolución rusa, para vencer en la guerra del Este” (en la Primera Guerra Mundial, entre 1914-1917). De la misma forma, calificó el Tratado de Brest-Litovsk de 1917 como una humillación todavía mayor que la impuesta a los alemanes en el Tratado de Versalles.”
Expresó sus preocupaciones sobre los recientes escenarios de la OTAN, que, siete décadas después de la guerra, escogió a Alemania para comandar un batallón en el Este de Europa. ¿Cuál será el efecto de esto en Rusia? Según él, es irrealista pensar que Rusia pueda invadir el Este europeo, y agregó que ve una falta de sensibilidad por parte de los miembros del gobernante Partido Demócrata Cristiano (CDU) respecto a Rusia. “Alemania debe prestar atención para no perder su sociedad política y económica privilegiada con Rusia. Nosotros no podemos jugar con la Östpolitik (la política de acercamiento con Moscú desarrollada en los años setenta del siglo pasado por el canciller de Alemania Occidental, Willy Brandt). Lo importante es que debemos tener una nueva forma de abordar la relación con Moscú, pero si la Unión Europea prolonga sus sanciones, todo estará amenazado,” concluyó Schröder.

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