Las protestas contra Hungría muestran las divisiones profundas de la UE

MSIa Informa, 9 de julio de 2021.-El pasado 22 de junio, víspera del partido del partido del campeonato europeo de futbol (Eurocopa) entre Hungría y Alemania, en Múnich, estalló una histérica protesta en Alemania y en la Unión Europea (UE) contra Hungría, integrante del bloque europeo desde 2004.

La protesta se desencadenó cuando el alcalde de Múnich, Dieter Reiter, respaldado por el ministro presidente de Baviera, Markus Söder, decidió iluminar el estado de Múnich con los colores del arcoíris para el partido, con la intención de enviar una “fuerte señal de protesta” contra la reciente ley de educación aprobada por el Parlamento húngaro, la cual prohíbe y limita la información sobre homosexualidad y transexualidad para menores de 18 años, además de la publicidad LGTB dirigida a menores de 18 años. En el último minuto, la Unión de la Asociación Europea de Futbol (UEFA) impidió la medida, con el argumento de que los deportes no se deben entrometer abiertamente en la política.

Un repaso sobrio sobre las partes de la ley húngara al respecto muestra que esta incluye varias alteraciones para la protección de los niños, como la sección 6/A, la cual afirma que el Estado debe proteger el derecho de los niños a una identidad correspondiente a su sexo de nacimiento: “Para garantizar el cumplimiento de los objetivos definidos en esta ley y la concretización de los derechos del niño, se prohíbe la disponibilidad, a personas que no hayan cumplido la edad de 18 años, de contenidos pornográficos o que retraten la sexualidad de forma gratuita o propaguen o retraten divergencias de la identidad propia correspondiente al sexo de nacimiento, cambio de sexo u homosexualidad”.

Otra medida se refiere a ciertas restricciones de las actividades publicitarias: “Se prohíbe hacer accesible a personas que no hayan cumplido la edad de 18 años publicidad que retrate la sexualidad de forma gratuita o que propague o retrate divergencias de autoidentidad correspondiente al sexo de nacimiento, cambio de sexo u homosexualidad”.

En la sección 9 (6) se determina: “Los programas se clasificarán en la categoría V, si fueren capaces de ejercer influencia negativa sobre el desarrollo físico, mental o moral de menores, en particular, como resultado de tener como elemento central la violencia, propagación o representación de divergencia de autoidentidad correspondiente al sexo de nacimiento, cambio de sexo u homosexualidad o representación directa, naturalista o gratuita de la sexualidad. Los programas fundamentales se deben clasificar como ‘no apropiados para públicos con edad inferior a 18 años”.

UE vs Hungría

Dos días después, antes del inicio de la reunión cumbre de la UE, realizada los días 24 y 25 de junio, un grupo de estados de la Unión, encabezados por Luxemburgo, Holanda y Bélgica y respaldados por otros 14 integrantes del bloque, condenó duramente la ley húngara, enfatizando que “debemos seguir luchando contra la discriminación de la comunidad LGBTI, y reafirmando nuestra defensa de sus derechos fundamentales. Respeto y tolerancia están en el núcleo del proyecto europeo. Estamos empeñados en continuar este esfuerzo, para garantizar que las futuras generaciones europeas crezcan en una atmósfera de igualdad y respeto”. La discusión del tema ocupó varias horas de la reunión de los jefes de Estado y de gobierno.

Seamos claros: la cuestión en juego no es la intolerancia contra personas que tienen orientación sexual diferente y que viven de acuerdo con ella. En realidad, el verdadero debate, que ya se arrastra desde hace algún tiempo y que tiene su origen en Estados Unidos, pretende hacer del tema LGTB un principio primordial de la Carta de la Unión Europea y representa la traición de los nobles principios formulados por los fundadores europeos -Konrad Adenauer, Roberto Schumann y Alcide di Gasperi-, para la definición de la visión de la futura comunidad europea de Estados, cimentada en el derecho natural, en la paz, en la justicia, en la tolerancia, en la riqueza común y en los derechos inalienables del hombre.

En el coro de indignación de la cumbre de la UE se escucharon voces como la de la presidente de la Comisión Europea, Ursula con der Leyden, quien calificó a la ley húngara de “vergüenza” y pidió que se tomasen medidas legales contra ese país. Al lado de ella, el ministro de Estado para Europa del gobierno alemán, Michael Roth, observó que la ley sería una violación del artículo 1 de la Carta Europea de los Derechos Fundamentales (“La dignidad del hombre es inviolable”), por “estigmatizar” y “discriminar” a gays, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales, además de ser “discriminatoria de las minorías”. La dirigente del Partido Verde alemán Annalena Baerbock, candidata a canciller federal en las elecciones de septiembre venidero, pidió cortar los subsidios de la UE a Hungría.

El estridente estallido contra Hungría parece coincidir con un paradigmático “cambio de fase” que está ocurriendo desde hace ya algún tiempo en la UE. La verdad es que lo que está en juego son los valores solemnemente consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000). Es claro que dichos valores, a los que se adhirieron todos los estados miembros del bloque europeo, se están sometiendo a interpretaciones arbitrarias y sofistas y ya no sirven de directrices fundamentales para la coexistencia entre las naciones.

La Carta europea

El preámbulo de la Carta europea afirma que la Unión se basa en compartir “un futuro de paz a partir de valores comunes”. La Unión debe contribuir “a la preservación y al desarrollo de esos valores comunes, con el respeto de la diversidad de las culturas y de las tradiciones de los pueblos de Europa, así como de las identidades nacionales de los estados miembros y la organización de sus autoridades públicas en los ámbitos nacional, regional y local”.

El artículo 1 determina: “La dignidad humana es inviolable. Debe ser respetada y protegida”

El artículo 7 (Respeto de la vida privada y familiar) establece que “Todas las personas tienen derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de sus comunicaciones”.

El artículo 11 (Libertad de expresión y de información) afirma: “Cualquier persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir y de trasmitir información o ideas, sin que pueda haber ninguna injerencia de ningún poder público y sin consideraciones de fronteras”.

El artículo 14, sobre el derecho a la educación, es crucial para el entendimiento de la ley húngara, afirma que: “Todas las personas tienen derecho a la educación, así como al acceso a la formación profesional continua.

2.Este derecho incluye la posibilidad de frecuentar gratuitamente la enseñanza obligatoria. “Son respetados, según las legislaciones nacionales que rigen los respectivos ejercicios, la libertad de creación de establecimientos de enseñanza, en el respeto de los principios democráticos, y el derecho de los padres a asegurar la educación y la enseñanza de los hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”.

Hay que agregar el artículo 24 sobre los derechos de los niños: 1) Los niños tienen derecho a la protección y a los cuidados necesarios para su bienestar. Pueden expresar libremente su opinión, que será tomada en consideración en los asuntos que les correspondan, en función de su edad y de su madurez. 2) Todos los actos relativos a los niños sean practicados por entidades públicas o por entidades privadas, tendrán en cuenta primeramente el interés superior del niño”.

La respuesta húngara

En un artículo especial publicado en su sitio el 28 de junio, el Primer ministro húngaro, Viktor Orbán, respondió:

“(…) En la última reunión del Consejo Europeo, los primeros ministros con la bandera del arcoíris desfilaron en una falange. Querían aclarar las cosas: ¿La unidad de valores todavía existe? El debate fue asustadoramente semejante al de junio de 2015, motivado por la invasión de emigrantes a Europa. Ambos fueron debates moralmente difíciles, políticamente importantes e intelectualmente bellos. Y, en ambos casos. La respuesta es la misma: no hay unidad de valores y, por tanto, tampoco hay unidad política… En ambos casos, los liberales partieron del supuesto de que se trataba de cuestiones para las que había tan sólo una respuesta, alineada con la hegemonía de la opinión liberal. La respuesta de los demócratas no liberales fue que existen diferentes respuestas, de acuerdo con el pluralismo de opinión, a las que todos los estados o pueblos tienen derecho, y que tan sólo un trato de ‘unidad en la diversidad’ puede mantener unida a la Unión Europea”.

De la misma forma, la ministra de Justicia húngara, Judith Varga, publicó un artículo en el sitio Politico Europe (que, como observó, se negó a publicar la explicación de Orbán), en el que afirmó con preocupación:

“(…) Se declaró que Hungría adoptó una ley discriminatoria y homofóbica. A nadie le importó que la declaración firmada por varios estados miembros (UE) contenga falsos alegatos y que falsifique el mérito de la ley húngara, al suprimir partes esenciales de ella. A nadie le importó ver que el foco de la ley es la protección de los niños de cualquier tipo de sexualidad -por lo que, por definición, no puede ser discriminatoria”.

Y recalcó:

“Los estados miembros signatarios no se preocuparon ni siquiera por pedir una explicación oficial al gobierno húngaro antes de emitir una carta conjunta. En lugar de esto, las críticas generaron un conflicto artificial entre los derechos de los niños y los derechos de las personas LGTB. ¿Esta es realmente la personificación de la cooperación consagrada en los tratados?”.

Según Varga:

“La nueva ley quiere garantizar los derechos de los padres y proteger a los menores del acceso a contenidos que puedan ser contrarios a los principios educativos que sus padres optaron por enseñarles, hasta que no lleguen a ser adultos ellos mismos. Hasta allí, sin embargo, todos los otros actores -sean los estados o las escuelas- deben respetar los derechos de los padres de decidir sobre la educación sexual de sus hijos. Y de esto trata la nueva ley de Hungría”.

Se refirió en seguida al artículo 14 de la Carta europea, que establece el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos en conformidad con sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas, de conformidad con las leyes nacionales.

La ministra recalcó muy claramente que la ley no está dirigida de ninguna forma contra homosexuales o transexuales, ya que, por ley, tienen todo el derecho de expresarse:

“La ley húngara no si aplica ni a la vida, ni a la identidad sexual o las prácticas de los adultos mayores de 18 años, ni a cómo deseen los adultos expresarse o presentarse públicamente… la orientación sexual y la identidad de género están bajo estrecha protección constitucional en Hungría. De acuerdo con la Ley de Igualdad de Trato (2004), el art. 1 establece que todas las personas en el territorio de Hungría deben ser tratadas con el mismo respeto y prohíbe explícitamente la discriminación por orientación sexual e identidad de género”.

En lo que toca al respeto de los niños, de su cultura sexual, comportamiento, desarrollo u orientación, Varga subrayó que “los especialistas calificados pueden contribuir a su educación adecuada, de una forma apropiada a su edad y a partir de evidencias, con la orientación y la dirección adecuadas de sus padres y guardianes legales”.

Esas meras observaciones del texto de la ley húngara deberían ser suficientes para poner el debate en su debido lugar.

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