Las elecciones en EUA, dos caras de la moneda del excepcionalismo

La precampaña presidencial estadounidense resultó en la esperada definición de magnate Donald Trump como candidato del Partido Republicano y de la ex-senadora y ex-secretaria de Estado Hillary Clinton por el Partido Demócrata. Aunque ya esperada, la disputa ahora oficializada señala para el mundo una perspectiva de intranquilidad, ya que ambos representan nada menos que las dos caras de una misma moneda, la ideología del “excepcionalismo” estadounidense, supuestamente destinado a extender su hegemonía a todo el planeta, en un cuadro en que los demás países deben de ubicarse solamente como lacayos u opositores. Nunca está de más recordar que el entonces presidente George W Bush vocalizaba una perspectiva mayoritaria en el Establishment del país, cuando, luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, proclamó al mundo. “O están con nosotros o están contra nosotros”.

Reconocidamente menos belicoso que su rival, Trump no es el candidato de los sueños del “establishment”, principalmente del complejo de seguridad nacional y de los neoconservadores, que ya emigraron en masa hacia Hillary. No obstante, su agresiva verborrea contra los inmigrantes musulmanes e hispanos y la ostensiva oposición al acuerdo nuclear con Irán señalan el tipo de problemas que podrían esperarse en tales áreas políticas. A su favor, resalta la disposición de reducir el perfil intervencionista de los EUA en el exterior, en especial, su negativa a embarcarse en una Nueva Guerra Fría, la cual es ansiada por los belicistas de Washington, además de su oposición a los mega-acuerdos de libre comercio, como las pretendidas alianzas transatlántica y transpacífica (respectivamente, TTIP y TTP, en sus siglas en inglés).

Por su parte, además de su vistosa cercanía con los altos círculos financieros de Wall Street, la ex-primera dama Hillary, es, quizá la más agresiva y belicosa de los candidatos que han disputado la presidencia estadounidense desde Theodore Roosevelt (1901-09).

Hay que recordar su decisiva actuación en instigar la guerra civil en Libia, en 2011, cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue determinante en la destrucción del régimen de Muamar Kadafi, que transformó al país en un campo de batalla entre facciones armadas y base de entrenamiento para mercenarios yihadistas, después enviados a Siria para incendiar el país. En la ocasión, se inmortalizó su frase al ser informada del asesinato del líder libio: “Vinimos, vimos y el murió”.

De igual manera, son poco tranquilizadoras su calificación de presidente ruso Vladimir Putin como un “nuevo Hitler” y la intención, si es elegida, de resolver definitivamente el conflicto en Siria con la eliminación de presidente Bashar al-Assad.

Para el mundo, es sombría la perspectiva de tal diputa entre dos representantes de lo que los EUA tienen de lo más reprobable.

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