La trampa de la dependencia de las materias primas

El informe “Estado de la dependencia de commodities 20212 (“State of Commodity Dependence 2021”), recientemente publicado por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), demuestra que en la última década aumentó el número de países dependientes de las materias primas. De 93 países, en 2008-09, el número subió hasta 101, en 2018-19. Cerca de dos terceras partes de los países en desarrollo son dependientes de la exportación de materias primas.

La UNCTAD considera un país dependiente de las exportaciones de “commodities” (mercancías) cuando más del 60% de sus exportaciones totales están compuestas de materias primas y “commodities” primarias, como cacao, algodón, cobre o petróleo.

Más que una condición, se trata de una verdadera trampa, que ha trabado el desarrollo de muchas economías durante décadas. Las consecuencias son: crecimiento lento, volatilidad, inestabilidad económica y política, flujos financieros ilícitos y una exposición a fluctuaciones de precios en los mercados internacionales, pandemias y variaciones climáticas.

El valor nominal de las exportaciones mundiales de “commodities” llegó a 4.3 billones de dólares en 2018-19, un aumento del 20% en relación con 2008-09. En realidad, las dependencias de las “commodities” vuelve más vulnerables a los países a los choques económicos, lo que, por su parte, puede tener un impacto negativo sobre las exportaciones, ingresos fiscales y deudas y afectar negativamente el desarrollo económico del país.

De hecho, el 95% de los países que dependían de las materias primas en 2008-09 siguieron igual en 2018-19. Es evidente que esta dependencia tiende a afectar principalmente a los países en desarrollo dependientes de las “commodities”, los llamados CDDC -87 de los 101 estudiados en 2019. El restante está conformado en gran parte por los países del Golfo, quienes dependen de las exportaciones de petróleo, pero también son ricos. Específicamente, de los 101 países citados, 38 dependían de exportaciones agrícolas, 32 de exportaciones mineras y 31 de combustibles.

La dependencia de las exportaciones de materias primas es particularmente fuerte en África. Más de tres cuartos de los países africanos dependen de en más del 70% de su comercio total. En África Central y Occidental, la dependencia es, en promedio, del 95% del comercio total.

Los 12 países de América del Sur tienen un nivel de dependencia superior al 60%, cifra que supera el 80% en tres cuartas partes de ellos.

Los cinco países de Asia Central –Kyrguistán, Kasajastán, Tajiquistán, Uzbequistán y Turkmenistán- registran una proporción media superior al 85%.

El informe de la UNCTAD exhorta a los países en desarrollo a mejorar sus capacidades tecnológicas para escapar de la trampa de las “commodities”, la cual tiende a dejar a la mayor parte de sus poblaciones pobres y vulnerables. Para salir de ella, es fundamental que los gobiernos trabajen en transformaciones estructurales, mediante la modernización tecnológica y de infraestructura y de cooperación internacional.

Las transferencias de tecnología son esenciales y construir capacidades tecnológicas debe ser una prioridad, incluso cuando los CDDCs están intentando recuperarse de la crisis causada por la pandemia. Los altos precios actuales de muchas materias primas incentivan a esos países a producir más, pero, en realidad, se trata de un proceso que conlleva el riesgo de reforzar el círculo vicioso.

El análisis muestra que la probabilidad de dependencia de materias primas está asociada a bajos niveles de tecnología. Por ejemplo, el Índice de Desarrollo Tecnológico de los CDDCs, es en promedio 1.55, contra 5.17 para países en desarrollo que no dependen de materias primas como China, India, México, Turquía y Vietnam.

Otro Índice, el “Frontier Technology Readiness” (Disponibilidad de Tecnologías de Frontera), relativo al uso de nuevas tecnologías, como inteligencia artificial, internet de las cosas y robótica, confiere una puntuación media de 0.25 para los CDCCs, contra 0.47 de los demás países.

El informe cita el ejemplo positivo de Costa Rica: en 1965, los productos alimenticios representaban 83% de las exportaciones de “commodities”, con el café y las bananas representando cerca del 68% en comparación con apenas 7% de productos manufacturados. Cinco décadas después, la pauta de exportaciones del país cambio de manera drástica: la participación del sector de alimentos cayó al 24% y el principal producto de exportación pasó a ser el de microcircuitos electrónicos (26% del total exportado de mercancías), seguido de autopiezas y accesorios (15%). No se dice con frecuencia, pero Costa Rica se convirtió en un país “privilegiado” para la tercerización de muchas grandes empresas estadounidenses en busca de economías mal reguladas y bajos costos laborales.

Es importante recordar que, en julio de 2021, el índice de la UNCTAD para los precios de las “commodities” en el mercado libre, que había caído 36% entre enero de 2020 y abril de 2021, debido a la pandemia de Covid-19, duplicó de valor y los precios de los alimentos aumentaron en 41%, dificultando todavía más la seguridad alimentaria en muchos países.

En este sentido, el índice alimentario de la Organización de Naciones unidas para los Alimentos y la Agricultura (FAO) llegó al 127.4 puntos en agosto, con un alza del 3.1% en un mes. Recordemos que, hacia la víspera de la explosión de los precios de los alimentos, en 2011, que generó motines por hambre en muchos, el índice era de 137.1 puntos.

Según la UNCTAD, la correlación entre los precios de las “commodities” y el crecimiento económico puede llegar a 70%. Millones de personas, principalmente en áreas rurales de países en desarrollo, todavía no tienen acceso a alimentos, electricidad, agua y sanidad. La demanda por alimentos está proyectada para aumentar en 60% en la medida en que la población mundial se aproxima a 10 mil millones, lo que se espera ocurra en 2020.

Otro aspecto importante por considerarse en la transición energética y como los países enfrentarán los cambios dramáticos resultantes de la descarbonización de la economía global, que debe llevar a una explosión en la demanda de minerales como aluminio, cobalto, cobre, litio y níquel.

La trampa actual de las materias primas es la continuación moderna de las relaciones colonialistas del Norte con el Sur del mundo. Parece una relectura de la Riqueza de las Naciones de Adam Smith, escrito antes de 1776 y en la cual, en medio de importantes conceptos económicos como la división del trabajo, instó a las colonias inglesas de América del Norte a limitar la producción de algodón, porque, con el ingreso obtenido mediante este comercio, podrían comprar los tejidos producidos en las fábricas inglesas a precios más bajos que si se intentase construir fábricas para producirlos ellos mismos. En otras palabras, para Smith, manufactura y desarrollo tecnológico e industrial no eran para los estados de América del Norte.

Por cierto, recordemos que esta imposición colonial fue una de las principales causas que llevaron a la Revolución americana y la construcción e independencia de Estados Unidos.

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