La tarea de los líderes mundiales tras la cumbre de Ginebra

MSIa Informe 2 de julio de 2021.-A pesar de que la reunión de los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin de Ginebra del 16 de julio no haya producido resultados espectaculares, sí abrió una nueva oportunidad para el diálogo fructífero entre los dos súper potencias. En las respectivas conferencias de prensa realizadas por separado luego del encuentro, ambos subrayaron que la reunión de tres horas transcurrió en una atmósfera positiva. Se decidió en ella el regreso de los respectivos embajadores a sus puestos, además de analizarse la situación de Afganistán, de Irán, del Ártico, de la seguridad cibernética, del control de armas, de los derechos humanos y de otros temas en busca de un “terreno común”. Putin utilizó el término “estabilidad estratégica” para caracterizar el rumbo que está tomando el diálogo. Resaltó ante los periodistas que Estados Unidos y Rusia tienen “una responsabilidad especial en la estabilidad estratégica del mundo… Reconocemos esa responsabilidad y prorrogamos el nuevo tratado START (para la reducción de armas estratégicas -n.e.) a 2026”.

Cuando la red CNN le preguntó sí había ocurrido alguna “hostilidad” en la conversación, respondió que no: “No hubo hostilidad. Nuestro encuentro ocurrió dentro de un espíritu constructivo, con los dos lados tratando de entender… estuvimos de acuerdo en realizar consultas estratégicas, por ejemplo, en seguridad cibernética”. Según él, ambos analizaron el “acuerdo de Minsk” para el entendimiento político de Ucrania.

Putin observó que Biden, un “político experimentado”, es “muy diferente” al expresidente Donald Trump.

De acuerdo con Putin, “había un atisbo de esperanza en el horizonte, vimos un atisbo de confianza”. En respuesta a un periodista canadiense, que le preguntó lo que le diría a una niña de nueve años sobre la reunión, afirmó: “Los líderes se encontraron y trataron de hacer al mundo más seguro y próspero. Conversaron sobre armas horribles que nos pueden matar, que la naturaleza y los mares tienen que estar limpios, que todos tengan comida y que cuando los niños crezcan estén saludables”.

Biden, a su vez, resaltó la importancia de haber sostenido un “encuentro cara a cara con el presidente ruso. El presidente Putin y yo compartimos la responsabilidad única de moldear relaciones que deben ser estables y previsibles. Nos reunimos para tener algunas reglas elementales y para cooperar en beneficio del mundo. La cuestión es la estabilidad estratégica, es decir, iniciar un diálogo bilateral de estabilidad estratégica”.

Biden recalcó que un campo concreto de cooperación fue la seguridad cibernética, en el que acordaron que ciertas infraestructuras críticas deberían estar fuera del límite de ataques: “Estuvimos de acuerdo en movilizar especialistas en ambos países”.

Observó también que ambos elaboraron una lista de ayuda humanitaria necesaria para el pueblo sirio y estuvieron de acuerdo en trabajar sobre Irán. Al respecto del Ártico, en lugar de confrontación, analizaron que debería haber cooperación, es decir, que el Ártico sea una zona libre.

Sobre resultados concretos, dijo que estos tendrán que evaluarse en los siguientes seis meses, y agregó: “Lo último que Putin desea es una Guerra fría”.

Contraste con la OTAN

La reunión de Ginebra muestra un nítido contraste con la de la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN), realizada dos días antes en Bruselas. En el largo comunicado de 80 párrafos difundido en esa ocasión, los planes de la futura modernización de la entidad, denominados “OTAN 2030”, se fundan en la “competencia sistémica” con Rusia y China. El comunicado afirma que el comportamiento agresivo de Rusia representa una amenaza para la seguridad de la región euroatlántica y que está contribuyendo a la “inestabilidad a lo largo de las fronteras de la OTAN y fuera de ella”. El documento exhibe una larga lista de nuevas armas nucleares tácticas y estratégicas rusas -que, no obstante, como observa el estratega alemán Jürgen Wagner, representan un gasto diez veces inferior al de Estados Unidos. Para Wagner, el “extraño alarmismo” mostrado por la OTAN durante la reunión es ridículo cuando se comparan los presupuestos militares de los miembros de la alianza, un billón 17 mil millones de dólares en 2020, contra tan sólo 61 mil millones de Rusia.

Otro elemento destacado del texto es China: “Las ambiciones declaradas y el comportamiento asertivo de China representan desafíos sistémicos al ‘orden internacional basado en reglas’ y las tareas destacadas para la seguridad de la Alianza. Estamos preocupados por la política coercitiva que contrasta con los valores fundamentales consagrados en el Tratado de Washington”.

En el futuro, afirma el documento, la Alianza va a “cooperar más estrechamente con los socios de Asia-Pacífico en la promoción de la seguridad cooperativa y en el apoyo a un “orden basado en reglas”.

El octagésimo aniversario de la invasión de la Unión Soviética

El 22 de junio, tanto en Rusia como en Alemania se realizaron celebraciones por el octagésimo aniversario de la invasión alemana a la Unión Soviética en la Segunda guerra mundial. En Berlín se inauguró una exposición en el museo alemán-ruso de Karlhorst, titulada “Dimensiones de un crimen: prisioneros de guerra soviéticos durante la Segunda guerra mundial”. La muestra fue organizada por un grupo de historiadores alemanes, rusos, ucranianos y bielorrusos para contar la historia desconocida de 12 prisioneros de guerra soviéticos.

Con motivo de la exposición, el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, describió la invasión como un “acto de barbarie alemana” que costó “millones de vidas humanas, devastó el continente y, en consecuencia, dividió al mundo durante décadas”.

El presidente recordó la historia de Boris Popov, un soldado de infantería de 19 años capturado cerca de Minsk en los primeros días siguientes a la invasión. Steinmeier mencionó el texto de un documental cinematográfico de la Deutsche Wochenschau que mostraba un “enorme pedazo de tierra, cercado de alambra de púas, en el que miles y miles de soldados y oficiales soviéticos están sentados en el polvo o de pie bajo un calor sofocante. Boris Popov está en algún lugar entre aquella multitud de hombres jóvenes o de mediana edad. Escuchamos al narrador de la Deutsche Wochenschau decir lo siguiente: Los rostros de esos subhumanos se caracterizan por la rapacidad y el homicidio`’. Pero lo que vemos realmente en esas imágenes son los rostros atormentados por el hambre y por la sed, de prisioneros totalmente exhaustos”.

Además, en Drosdy, en los alrededores de Minsk, 10 mil prisioneros fueron víctimas de la “Orden de los comisarios” (Komissarbefehl), por la cual los comisarios políticos que integraban las unidades militares soviéticas no deberían ser tratados como prisioneros de guerra, sino ejecutados sumariamente. Popov sobrevivió a la guerra y murió el 20 de junio de 2020.

Steinmeier fue contundente en su descripción de la invasión alemana:

“Lo que ahora aconteció, lo que comenzó el 22 de junio de 1941, fue el desencadenamiento del odio y de la violencia, de la radicalización de una guerra que culminó con la locura de la aniquilación total. Desde el primer día, la campaña militar alemana estuvo impulsada por el odio, por el antisemitismo y contra el bolchevismo, así como por una fanática doctrina racista contra los pueblos eslavos y asiáticos de la Unión Soviética. (…) Quien hizo esta guerra mató gente de todas las formas imaginables, con un grado de brutalidad y de crueldad sin precedentes. Centenares de miles de soldados soviéticos cayeron, murieron de hambre o fueron ejecutados tan sólo durante los primeros meses de la guerra, en el verano de 1941. Centenas de miles de civiles de Ucrania, de Bielorrusia, de los estados bálticos y de Rusia fueron víctimas de bombardeos o fueron perseguidos implacablemente como guerrilleros y asesinados. Ciudades enteras fueron destruidas y las aldeas totalmente quemadas. (…) Al final de la guerra, el número de muertos entre los pueblos de la Unión Soviética llegó a cerca de 27 millones, asesinados a golpes, por hambre o por los trabajos forzados en la Alemania Nacional Socialista. Catorce millones de ellos eran civiles. Ninguno tuvo que lamentar más víctimas en esta guerra que los pueblos de la Unión Soviética.

Nosotros, los alemanes, demoramos mucho en admitir ese hecho, es decir, la sombra de esta guerra cruel se cierne sobre nosotros todavía hoy. (…) Solamente aquellos que aprenden a entender los vestigios del pasado en el presente estarán preparados para ayudar a crear un futuro que evite guerras, que rechace la tiranía y haga posible la coexistencia en libertad. Lo que tenemos en común es que tenemos presente no dar la espalda al futuro. En lugar de eso, recordamos mirando al frente y gritando en voz alta y clara: ¡Nunca más debería haber tal guerra!”

Putin clama por un nuevo espíritu de cooperación en Europa

Igualmente, contundente fue el artículo escrito por el Presidente ruso, Vladímir Putin, para el semanario alemán Die Zeit con la Idea de un “futuro compartido”. Putin afirma que, para el pueblo soviético, la invasión de 1941 “fue el inicio de la Gran guerra patriótica, la más sangrienta de la historia de nuestro país. Decenas de millones de personas murieron. La economía y la cultura sufrieron daños inmensos. Estamos orgullosos del coraje y de la firmeza de los héroes del Ejército Rojo y de los trabajadores civiles, que no sólo defendieron la independencia y la dignidad de su patria, sino que también salvaron a Europa y al mundo de la esclavitud”.

Observó, por otro lado, que luego de la caída del muro de Berlín y de la reunificación de Alemania en 1989-1990, Rusia esperaba que el fin de la Guerra fría significaría una victoria de toda Europa; que el sueño de la unificación cultural y civilizadora del presidente francés Charles de Gaulle se realizase de una Europa de Lisboa a Vladivostok. Lamentó que esa gran visión, por desgracia, no se realizara a causa de la expansión de la OTAN al Este.

Con respecto a su propia visión de cooperación futura con Europa, Putin subrayó que toda la historia de la post guerra de la Gran Europa muestra que “la prosperidad y la seguridad de nuestro continente común sólo es posible con los esfuerzos colectivos de todos los países, con ellos Rusia. Porque Rusia es uno de los estados europeos más grandes y sentimos nuestros lazos culturales e histórico inseparables de Europa”.

Según él, Rusia está abierta a la cooperación justa y creadora, lo que significa: “Crear una zona común de cooperación y seguridad del Atlántico al Pacífico, que puede incluir diferentes formatos de integración, en particular la Unión Europea y la Unión Económica Euroasiática, Ruta.  Rusia pide la reconstrucción de una amplia sociedad con Europa… Nuestro objetivo común es garantizar la seguridad del continente, sin líneas de separación y con un espacio común para la cooperación igualitaria y desarrollo colectivo fincado en la prosperidad de Europa y del mundo entero.”

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