La realidad desafía a los presdigitadores

MSIa Informa, 11 de marzo de 2021.- El discurso del secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg saludando al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el pasado 26 de febrero, revela una peligrosa obstinación de las élites “globalistas” del Atlántico Norte en la preservación de las estructuras hegemónicas centradas en el poderío financiero y político-militar del cuadrilátero Washington-Nueva York-Londres-Bruselas; al mismo tiempo ese poder mundial parece estar , ciego a la naturaleza de las verdaderas amenazas mundiales y a las respuestas más eficientes a ellas.

Por ejemplo, en lugar de aceptar que el combate de la pandemia del covid-19 exige un profundo cambio en la forma de encarar la cooperación global, colocándola como una emergencia mundial, al lado del combate del hambre y de las desigualdades Stoltenberg y sus pares prefieren ignorar esa realidad y se aferran a combatir cualquier posibilidad de establecer un orden cooperativo. Es evidente que para ellos la existencia de la OTAN depende del mantenimiento de escenarios de conflictos algunos reales y otros fabricados. Así afirmó:

“Para la OTAN, la tarea principal durante esta pandemia ha sido contener que una crisis de la salud no se convierta en una crisis de seguridad, ya que las amenazas que enfrentamos antes de la pandemia todavía están ahí. Las acciones agresivas de Rusia, modalidades más brutales de terrorismo, ataques cibernéticos sofisticados, la ascensión de China y las implicaciones de seguridad de los cambios climáticos, de manera que ningún país o continente puede enfrentar solo esos desafíos.”

La pauta dictada por Stoltenberg tiene menos que ver con el mundo real que con la lista elaborada exprofeso con la función principal de justificar la conservación de una dispendiosa estructura burocrática y político-militar cuya principal misión, desde la caída de la Unión Soviética en la década de los noventas del siglo pasado, ha sido buscar nuevas justificaciones para su conservación. Veamos, para no salirnos de los tópicos mencionados:

Los “actos agresivos” de la Rusia post soviética, en especial bajo la presidencia de Vladímir Putin, se han limitado a reaccionar al agresivo cerco militar impuesto por la OTAN, inclusive, con la incorporación de ex miembros del Pacto de Varsovia, en abierta violación de los acuerdos establecidos por los presidentes Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Para no mencionar la instigación de las denominadas “revoluciones de colores” en países de la periferia rusa, como Ucrania y Georgia; además, provocaciones en la misma Rusia, con el financiamiento y el apoyo político para el fomento de una oposición a Putin (ahí está el escándalo de Alexéi Navalny), entre otras numerosas operaciones desestabilizadoras.

La reciente imposición de nuevas sanciones a altos funcionarios rusos, con el pretexto del supuesto envenenamiento de Navalny, tan sólo refuerza esa pauta “rusofóbica”.

No quedó claro a lo que Stoltenberg se refería como “modalidades más brutales” de terrorismo. Pero la Alianza Atlántica tiene en su currículo la creación de una de las principales “fábricas” de extremistas, establecida en Libia luego de la operación militar que derribó y asesinó al líder libio Muamar Gadafi en 2011. De ahí salió la mayor parte de los yihadistas que, desde aquel año, han convertido a Siria en un infierno y provocado la huida de millones de refugiados de ese país, con repercusiones directas para la propia seguridad de los países miembros de la OTAN. Y no se puede olvidar la colaboración crucial de algunos de ellos en la creación de la más radical organización terrorista de las últimas décadas, el Estado islámico (EI).

A su vez, el “ascenso de China” sólo lo puede ver como amenaza quien no consigue superar el obsoleto paradigma supremacista, ya que la estrategia de las élites dirigentes de Pequín no contempla nada remotamente parecido al papel ejercido por Estados Unidos en la post guerra. Todo su programa militar, por ejemplo, es esencialmente defensivo y reactivo, al contrario de la presencia mundial de Washington, con más de 800 bases militares en más de 70 países y sus 12 grupos de batalla de portaaviones que operan en todos los océanos del mundo. En lugar de esto, los chinos prefieren invertir sus recursos humanos y económico-financieros en la creación de tecnologías modernas en una gran variedad de campos, lo que asegura buenos negocios con países cansados de conflictos y ávidos de progreso cooperativo y pacífico.

Finalmente, cuando habla de “cambios climáticos”, Stoltenberg no se refiere a la dinámica del clima de la Tierra, cuyas oscilaciones y complejidad son bastante conocidas por la ciencia, a pesar de las distorsiones impuestas en las últimas décadas, para poner en primer lugar a una inexistente influencia de la humanidad en el clima mundial, a causa de las emisiones de carbono de las actividades humanas, en especial el uso de combustibles fósiles, la agricultura y usos de la tierra y otras más. En este sentido, el pretendido plan de “descarbonización” de la matriz energética mundial y las restricciones de una plétora de actividades económicas no pasa de ser un pretexto para profundizar la ya extremada “financierización” de la economía mundial, sumergida en propuestas como el célebre “Gran reset” del Foro Económico Mundial.

En el mundo real, el clima del planeta está condicionado por una compleja interacción de factores astrofísicos, geofísicos, atmosféricos, oceánicos y demás, cuya dinámica la ciencia pude vislumbrar a partir del estudio de los climas del pasado histórico y geológico, cuyos cambios preceden en mucho a la Revolución industrial de los últimos siglos.

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