MSIa Informa, 16 de septiembre de 2022.-A mediados de la década del 2000, en el apogeo de su esfuerzo por consolidar la hegemonía euroatlántica, los estrategas angloamericanos crearon en España un enclave político-financiero, con el que capturaron a las élites políticas neoliberales «a la diestra y a la siniestra»; entre otros objetivos, la perspectiva era lanzar un tentáculo hacia Iberoamérica, para apoderarse tanto de su sistema bancario como de las empresas de energía y de telecomunicaciones. Durante la gestión del presidente José María Aznar (1996-2004), el proyecto recibió el nombre de un «nuevo atlanticismo,» el que, además, vislumbraba la presencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Iberoamérica.
El » nuevo atlanticismo» contenía aspectos estratégicos y militares, así como la promoción de un «sistema de vida abierto y liberal basado en la economía de mercado,» según se define en el ideario de la Fundación para el Análisis de Estudios Sociales (FAES), vinculada a Aznar. En México, el vínculo de la alianza atlanticista, fue, principalmente, el Partido Acción Nacional (PAN), que gobernó el país entre 2000 y 2012 con los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón.
En todas estas maniobras un país clave era Colombia, con el que Estados Unidos ya mantenía un intercambio militar de larga data, basado en el apoyo a la guerra contra la narcoguerrilla colombiana. En 2018, el programa avanzó con el ingreso de Bogotá a la OTAN en calidad de socio global, el primero y, hasta ahora, el único país iberoamericano en tal situación. Brasil rechazó la oferta de convertirse en el «socio extrarregional» de la entidad.
La elite española globalizada empuña en la actualidad de nuevo la bandera del » nuevo atlantismo,» y si al inicio éste era identificado con la derecha, ahora se sustenta en la izquierda bajo el gobierno del presidente Pedro Sánchez y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), partidario de los nuevos gobiernos chileno y colombiano. En ambos, lo que llego al poder son representativos de una «nueva izquierda identitaria», y anti autoridad, teniendo en sus principios el ambientalismo, el indigenismo, la ideología de género, el feminismo desbocado, aborto y otras causas que, en conjunto, forman el marco de una auténtica política de «cancelación» de las raíces históricas y espirituales del continente.
Ante el colapso de la hegemonía global y ante la rápida consolidación del eje euroasiático encabezado por China y Rusia como el nuevo centro de gravedad geoestratégico-geoeconómica global, Washington retoma el interés en América del Sur. Como era de esperarse, lo que apremia es el control de los recursos naturales del subcontinente. Así lo dejo ver con franqueza la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, la general Laura Richardson, en un discurso en el Foro de Seguridad de Aspen en julio pasado, donde también lamentó la negativa de Brasil a subordinarse a la OTAN.
Al mismo tiempo, sintomáticamente, en una reciente visita a Bogotá, el jefe del Comando Sur recibió del recién juramentado presidente Gustavo Petro la rastrera propuesta de crear una fuerza militar conjunta para la «protección» de la Selva Amazónica.
En esencia, el » nuevo atlanticismo» denota que las divisiones ideológicas en nuestro continente, desde hace mucho tiempo, no han tenido sentido, ya que los intereses mayores de los estados nacionales, sufren amenazas a diestra y siniestra.

Português
Msia Informa
