La inseguridad alimentaria crece en el mundo

MSIa Informa, 10 de septiembre de 2021.-En la preparación para la cumbre de Naciones Unidas de este mes de septiembre, se realizó hacia finales de julio una reunión preparatoria de la Organización de Naciones Unidas para Alimentos y Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) sobre el sistema alimentario mundial, contando también con representantes de 500 millones de pequeños agricultores de todo el mundo. Existe el riesgo o casi la certeza de que los Objetivos de desarrollo Sustentable de Naciones Unidas para reducir la pobreza, el hambre y las desigualdades para 2030 se han perdido.

Sin duda, la pandemia de Covid-19 complicó la situación económica mundial y debilitó los programas de desarrollo, pero también es evidente la falta de voluntad y acción de los principales actores económicos y políticos globales.

Hasta la fecha, la pobreza, la desigualdad del ingreso y los altos costos de los alimentos significan que 3 mil millones de personas no tienen acceso a una alimentación justa y saludable.

De acuerdo con un informe de la FAO, 811 millones de personas, poco más de una décima parte de la población mundial, pasaron hambre el año pasado, 161 millones más respecto a 2019.

En 2020, el hambre aumentó tanto en términos absolutos como proporcionales, superando el crecimiento poblacional. Se estima que cerca del 9.9% de los habitantes del planeta sufren desnutrición, contra el 8.4% en 2019. Más de la mitad de los desnutridos (418 millones) viven en Asia; más de un tercio (282 millones) en África y un porcentaje menor (60 millones) en América Latina y el Caribe. El aumento más pronunciado del hambre ocurrió en África con el 21% de la población, más del doble que cualquiera otra región del globo.

La desigualdad de género también se agravó: por cada diez hombres víctimas de inseguridad alimentaria en 2020, había 11 mujeres, en la misma situación, contra 10.6 en 2019.

La niñez es la que pagó el precio más alto. En 2020, se estima que más de 149 millones de niños menores de cinco años tenían raquitismo o poco desarrollados para su edad, y más de 45 millones, muy flacos para su altura.

La pandemia causó también un declive general en los ingresos agrícolas e impacto la renta familiar rural de forma más negativa en todas las regiones en desarrollo. El 80% de los ciudadanos más pobres del mundo, es decir, 600 millones de personas –más que toda la población europea- viven en zonas rurales, trabajan en el sector agrícola, pero sufren de desnutrición.

Sin la adopción de medidas urgentes, la FAO teme que, en 2030, no solamente el hambre y la pobreza no serán erradicadas, sino que pueda haber 600 millones de personas en riesgo de hambruna.

Igualmente, el informe afirma que, en los próximos meses, por lo menos 23 áreas del mundo serán afectadas por una elevada inseguridad alimentaria, de las cuales hay 17 en África y las demás en zonas de guerra, como Afganistán y Yemen. Son 41 millones de personas que enfrenarán hambre, si no reciben inmediatamente alimentos y asistencia. De acuerdo con el “Informe Global sobre Crisis Alimentarias” del PMA, 2020 observó a 155 millones de personas enfrentar inseguridad alimentaria aguda en 55 países, un aumento de más de 20 millones con relación a 2019.

De forma irónica, la mayoría de las personas más expuesta es de agricultores. Será fundamental que, junto a la asistencia alimentaria, se les ayude a reiniciar su propia producción de alimentos, para que familias y comunidades puedan volver a la autosuficiencia. Esta última puede perderse, en consecuencia, del desplazamiento de la población, del abandono de tierras agrícolas, de la interrupción del comercio y de las cosechas y de la falta del acceso a los mercados.

Según el Banco Mundial, las pérdidas de ingreso causadas por la crisis de salud y bloqueos aumentaron el número de personas que viven en la pobreza en 97 millones.

El informe de la FAO/PMA constató que los precios de los alimentos aumentaron continuamente entre junio de 2020 y mayo de 2021. Debido a la fuerte demanda durante la recuperación económica, después de la primera ola de la pandemia, hubo un aumento en los precios de los alimentos, en especial, aceites vegetales, azúcar y granos. En junio de 2021, los precios de los alimentos, medidos por el Índice de Precios de Alimentos de la FAO, aumentaron más de 30% en un año.

Los altos precios de los alimentos, junto con el alza de los costos de transporte, elevarán el costo de las importaciones globales de alimentos, principalmente, en los países en desarrollo. El alza, una vez transmitida a los mercados nacionales, limitará el acceso de las familias más vulnerables a los alimentos y tendrá un impacto negativo en la seguridad alimentaria.

David Beasley, director del PMA, fue muy claro: “Mientras corremos hacia el espacio, más de 41 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre”. Se los multimillonarios, quienes se enriquecieron con más de un billón de dólares en un año de pandemia, contribuyeran con 40 mil millones por año, en 2030, el hambre sería erradicada en el mundo, argumentó él, de forma enfática.

Solamente podemos concordar.

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