La diplomacia rusa gana puntos en silencio

MSIa Informa, 13 de noviembre de 2020.-Mientras el planeta acompañaba en tiempo real los acontecimientos de las elecciones presidenciales estadounidenses, dos acontecimientos separados muestran el trabajo silencioso y eficiente de la diplomacia de la Federación Rusa para cumplir un papel de liderato que muchos que algunos muy engañados suelen atribuir  a Estados Unidos.

El día 5 de noviembre, en un corto comunicado, el Kremlin informó de una conversación telefónica del canciller austriaco, Sebastian Kurz, con el presidente Vladímir Putin. La nota señala que el canciller austriaco agradeció el apoyo y las condolencias del Kremlin al pueblo austriaco por el atentado terrorista cometido por fanáticos musulmanes en la ciudad de Viena tres días antes, el cual provocó la muerte de cuatro personas. La nota observa que “ambas partes subrayaron su determinación de combatir el terrorismo en todas sus manifestaciones”.

Se analizaron también “cuestiones ruso-austriacas, entre ellas el tema del combate de la propagación de la infección por coronavirus, en particular el uso de vacunas”. Kurz destacó también “la importancia de desarrollar todavía más la cooperación entre Rusia y los países europeos en el sector de la energía”.

La relevancia del acto es inversamente proporcional al laconismo del Kremlin. Al buscar un evidente apoyo ruso en la lucha contra el terrorismo y la pandemia del covid-19, y hacerlo directamente, sin la intermediación de la Unión Europea (UE), Kurz denota una clara intención de no mantenerse aferrado a la miope orientación de Bruselas y de otras capitales europeas, por las restricciones en la relación con Moscú, motivada por el servilismo europeo ante la influencia de Washington.

Tal intención se refuerza todavía más con la mención de la necesidad de cooperación con Rusia en el campo de la energía, una evidente referencia a la conclusión de la duplicación del gasoducto Nord Stream 2, atrasado por la poca disposición de Alemania a contrariar los dictámenes estadounidenses. Austria es socia del proyecto, por intermedio de la empresa OMV, e importa cerca de dos tercios del gas natural que consume, por lo que considera estratégico el gasoducto para su seguridad energética.

En una videoconferencia con el presidente sirio, Bashar al-Assad, el día 9, Putin resaltó la necesidad de cooperación internacional en el combate del terrorismo, para lo cual puso de ejemplo a la misma Siria. Según él, junto con Irán y Turquía “el semillero del terrorismo internacional de Siria fue prácticamente eliminado. El grado de violencia se ha reducido también notablemente; se está restableciendo la vida pacífica; y se lleva a cabo un proceso político inclusivo bajo los auspicios de las Naciones Unidas” (RT, 09/11/2020).

El líder del Kremlin resaltó también la importancia fundamental de las tareas de la reconstrucción y la creación de condiciones para el retorno de los más de seis y medio millones de refugiados sirios en el exterior. También manifestó preocupación de que muchos de ellos pudieran haber sido influenciado por contacto con extremistas y pudiesen representar una amenaza para los países que los acogieron.

El segundo episodio relevante fue la intermediación rusa para establecer una tregua en el breve pero feroz conflicto armado entre Azerbaiyán y Armenia en torno del enclave armenio de Nagorno-Karabaj, que se libra desde finales de septiembre ya que   ninguna de las dos partes respetó la tregua que se había establecido anteriormente.

El 10 de noviembre, luego de una conversación entre Putin, el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, y el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, se anunció una tregua, por la cual las partes se obligan a devolver una a otra los territorios ocupados militarmente, pero con una clara ventaja para Azerbaiyán, que recuperará buena parte del territorio del enclave reivindicado desde los años noventas del siglo pasado, excepto la región norte de Nagorno-Karabaj. Se enviará una fuerza rusa a la región para asegurar un corredor terrestre entre Armenia y el enclave durante los siguientes cinco años.

La intermediación de Putin se hizo también de forma indirecta, al presionar al presidente turco, Recep Erdogan, que vio en el apoyo militar que le dio a Azerbaiyán (con mercenarios retirados de Siria, drones y otros equipos) la oportunidad de aplicar sus planes megalomaníacos de extender la influencia turca más allá de sus fronteras.

No obstante que Rusia había participado en el intento frustrado de la tregua anterior, esta vez la actuación de Moscú fue decisiva, dejando claro que no toleraría ninguna situación potencialmente desestabilizadora del Cáucaso, un evidente mensaje a los piromaníacos de siempre de las potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que contaban con un foco más de incendio potencial en el entorno de la Federación Rusa.

Ambos episodios muestran una realidad para muchos bastante incómoda, la de que Moscú gana más y más puntos en el escenario mundial, mientras que los que ven a Rusia como enemigo existencial se hunden con problemas internos que se atribuyen tan sólo a las humilladas repúblicas “bananeras”.

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