MSIa Informa, 7 de febrero de 2020.-Las inversiones “sustentables” están a la orden del día. Es lo que manifestó, por un lado, el jefe ejecutivo del mayor gestor de activos del mundo, el ex gobernador del Banco de Inglaterra, en un informa del banco central de los bancos centrales y, por otro lado, la pauta de la edición de este año del Foro de Davos. Ambientalistas de todo el mundo aplauden y apoyan la tendencia, como si, finalmente, las grandes corporaciones del planeta hubiesen comenzado a adquirir conciencia de su plegaria de décadas sobre la necesidad de proteger el ambiente mundial de los excesos de las actividades humanas. La realidad, sin embargo, es otra.
Lo cierto es que el impulso actual para poner la “sustentabilidad” en el centro de la toma de decisiones sobre las inversiones internacionales es un buen pretexto. El objetivo es transferir a inversiones del sello “sustentables” decenas de billones de dólares en activos financieros especulativos, amenazados por la creciente burbuja especulativa inflada desde la crisis de 2008, de acuerdo con un sistema de crédito semejante al practicado por las agencias de calificación de riesgo, además de darles la garantía de los bancos centrales, como ocurrió con las mega instituciones amenazadas por la quiebra en 2008.
La orden de batalla fue trasmitida por el presidente y jefe de ejecutivos del BlackRock, Larry Fink, en su carta anual dirigida a los ejecutivos del mayor gestor de activos del mundo, que controla más de los 7 billones de dólares (cuatro veces el PIB de Brasil):
«Los cambios climáticos se convertirán en un factor de definición en las perspectivas a largo plazo de las compañías. En septiembre último, cuando millones de personas salieron a las calles para exigir medidas para atender el cambio climáticos, muchas de ellas subrayaron el efecto negativo y duradero que tendrán en el crecimiento económico y en la prosperidad, un riesgo en el que, hasta ahora, los mercados han reflexionado lentamente. Pero la percepción está cambiando rápidamente, y creo que estamos al borde de la creación de un nuevo formato fundamental de las finanzas. (…)
«Estas cuestiones están promoviendo una honda revaloración de los riesgos y de los valores de los activos. Y, como los mercados de capitales hacen avanzar los riesgos futuros, veremos cambios en la colocación de capitales, más rápidamente que los cambios en el clima. En el futuro cercano -y antes de lo que piensa la mayoría-, habrá una significativa recolocación de capitales».
Fink advierte, sin dejar lugar a dudas, que los que no se unan a los nuevos tiempos serán debidamente castigados por los mercados:
«Creemos que, cuando una compañía no enfrente de forma efectiva un asunto material, sus directores deben ser responsabilizados. El año pasado, BlackRock votó en contra o retiró los votos de 4 800 directores de 2 700 compañías diferentes. Donde sentimos que las compañías y los consejos (de administración) no estuvieren tomando medidas de sustentabilidad efectivas o poniendo en practica planes para manejar tales asuntos, responsabilizaremos a los miembros de los consejos. Dado el lineamiento que señalamos sobre esos acontecimientos, y los crecientes riesgos de inversiones que involucran la sustentabilidad, nosotros estaremos cada vez mas dispuestos a votar contra administraciones y directores de consejos, cuando las compañías no estuvieren haciendo progresos suficientes en las cuestiones relacionadas con la sustentabilidad y con las practicas y planes empresariales relacionados a ellos. (BlackRorck, 13/01/2020[1]).
La “sustentabilidad” fue también uno de los temas centrales de la quincuagésima reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en ingles), de Davos-Klosters, Suiza (21-24 de enero), que tuvo entre sus participantes a un gran numero de propagandistas del ambientalismo internacional, entre ellos el ex presidente estadounidense Al Gore y la omnipresente Greta Thunberg, en su segunda participación.
La verde oligarquía bancaria
Dejando de lado los berrinches de la adolescente sueca, el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, reforzó las premisas expuestas anteriormente por Larry Fink.
En un panel titulado “Solucionar la ecuación del crecimiento verde”, que también conto con la presencia de la directora ejecutiva de Greenpeace International, Jennifer Morgan, Carney dijo:
«Entre los grandes inversionistas, esta es la cuestión: ¿Cuál es su plan para conseguir el cero neto (en emisiones de carbono)? Esto determinara a donde fluya el capital, obviamente, con la influencia de la opinión pública, las presiones y las disposiciones de gobierno. Pero ese movimiento de la periferia hacia el centro, absolutamente, es lo que promovería la transición y, debo agregar, los empleos» (YahooFinance, 21/01/2020 [2]).
Al contrario de las “emisiones cero” propuestas por los ambientalistas más radicales, la meta del “cero neto” (net zero) es un subterfugio para salvaguardar las economías industrializadas, en su mayoría, bastante dependientes de la electricidad generada en plantas termoeléctricas de carbón y de gas natural y sin perspectivas de cambios radicales en su matriz energética, ni a mediano plazo. En su carta, Fink admitió que, “a pesar de los rápidos avances recientes, todavía no existe la tecnología para sustituir el costo/beneficio de muchos de los usos actuales de los hidrocarburos.
En la práctica, el “cero neto” significa que dichas economías podrían seguir utilizando la energía generada por los hidrocarburos, mientras transfieran a los países mas atrasados la responsabilidad de “neutralizar” las emisiones, de acuerdo a criterios establecidos internacionalmente. Para auxiliar a esta empresa, la WEF sanciono una iniciativa para la plantación de un billón de arboles [3] a lo largo de la década por venir, la cual tiene todo para convertirse en una nueva favorita de la combinación ambientalista-financista internacional.
Por ello, Carney afirmó que el Banco de Inglaterra esta a la cabeza del sector en el tema de la introducción de “pruebas de esfuerzo para la transición al cero neto”. En la jerga financiera, prueba de esfuerzo (stress test) es la prueba establecida para evaluar la capacidad de un banco de resistir una crisis financiera.
“El mayor y más complejo sistema financiero del mundo, esto es lo que estamos haciendo. En el centro del sistema, ahora, esas preguntas no se están haciendo. Si estas del lado correcto o del equivocado, y si estuvieses en el equivocado, ¿Qué vas a hacer al respecto?, preguntó.
“Creo que estamos viendo la creación de un nuevo formato fundamental del sistema financiero”, resaltó al repetir las palabras de Fink.
Carney deja en marzo su prestigioso puesto en Londres para asumir el de Enviado Especial de Naciones Unidas para la Acción Climática y Finanzas, donde seguirá trabajando para llevar a cabo en el ámbito internacional el esquema de las “finanzas sustentables”, con el endoso de la organización mundial.
Otra contribución fue la publicación, en vísperas del Foro de Davos, del informe del Banco de Compensaciones Internacionales (BIS), “El cisne verde: los bancos centrales y la estabilidad financiera en la era de los cambios climáticos”. La expresión “cisne verde” es una parodia de la mas conocida “cisne negro”, que se refiere a un acontecimiento considerado inesperado y capaz de debilitar el sistema financiero.
El documento de 113 paginas (disponible en el sitio de internet del BIS [4]) analiza los riesgos del sistema financiero provenientes del cambio climático y la manera de enfrentarlos en el ámbito de las actividades de los bancos centrales. No es sorpresa que la primera opción analizada sea un impuesto a las emisiones de carbono, pero los mismos autores admiten la dificultad de tal medida. Por consiguiente, proponen que, en caso de alguna emergencia “climática” que ponga en peligro al sistema financiero, los bancos centrales actúen como “rescatistas climáticos de ultima instancia” y promuevan una “facilitación cuantitativa verde”, para salvarlo. Para entender la propuesta, veamos los párrafos cruciales del informe:
«Limitar el calentamiento global a menos de 1.5 o 2 grados requiere que se mantenga en el subsuelo una gran proporción de las reservas de combustibles fósiles. A esto se le conoce como activos retenidos (stranded assets). Por ejemplo, un estudio descubrió que, para que haya por lo menos 50 por ciento de oportunidades de mantener el calentamiento global debajo de 2 grados centígrados, más de 80 por ciento de las reservas actuales de carbón, la mitad de las reseras de gas y un tercio de las reservas de petróleo deberían permanecer sin uso entre 2010 y 2050. Como el riesgo referente a los activos retenidos no se refleja en el valor de las compañías que los extraen, se distribuyen y se utilizan esos combustibles fósiles, esos activos deben ser castigados por súbitas e imprevistas amortizaciones, desvalorizaciones o conversiones a pasivos. (…)
«En el peor escenario, los bancos centrales podrían tener que enfrentarse a una situación en la que sean llamados por sus socios locales a intervenir como rescatistas climáticos de última instancia. Por ejemplo, una nueva crisis financiera causada por eventos del tipo cisne verde, que afecte seriamente la salud financiera de los sectores bancario y de seguros, podría obligar a los bancos a intervenir y comprar una gran cantidad de activos intensivos en carbono o activos afectados negativamente por impactos físicos. (…)
«Dada la gravedad de esos riesgos, las incertidumbres añejas y la percepción de las intervenciones de los bancos centrales, luego de la Gran Crisis Financiera de 2007-2008, las presiones sociopolíticas ya se están acumulando para hacer de los bancos centrales (tal vez, nuevamente) la única carta, en lugar de otras, si no es que todas, las intervenciones gubernamentales, esta vez, para combatir los cambios climáticos. Se ha sugerido, por ejemplo, que los bancos centrales puedan comprometerse en la “facilitación cuantitativa verde” para solucionar los complejos problemas socioeconómicos relacionados a la transición de bajo carbón. (…)
En buen castellano, lo que los autores esbozan es una propuesta para asegurar que las grandes empresas que comercian con combustibles fósiles o los utilizan no resulten perjudicadas en el caso del establecimiento de las pretendidas limitaciones de las emisiones de carbono, como pretenden los adeptos mas radicales del plan de la “descarbonización” de la economía mundial. De forma paralela, sugieren que los bancos centrales vuelvan a fomentar inyecciones masivas de liquidez en el caso de una nueva mega crisis financiera que, por cualquier pretexto pudiera atribuirse al cambio climático.
Con tales escapes, los señores de las altas finanzas globalizadas pretenden alcanzar sus objetivos.
Primero, asegurar el salvamento del sistema en caso de una nueva gran crisis, además de controlar el ambiente internacional de las inversiones, bajo el disfraz de las causas ambientales, estas muy bien aceptadas entre la opinión pública y entre la clase política en general.
Segundo, ocultar el hecho cada vez mas evidente de que el mayor factor de “insustentabilidad”, tanto de la economía como la misma civilización, no es clima, sino el sistema financiero internacional en su forma actual, dominado por la hegemonía financiera sobre las actividades productivas que forman la economía real.
En esencia, el único verde que les preocupa realmente es el de los dólares de sus balances y de sus vastas cuentas bancarias.
Links:
——
[1]
https://msia.us8.list-manage.com/track/click?u=fc512311d610bb98ada6bda18&id=a1c2d67797&e=f8c3f0ebf1
[2]
https://msia.us8.list-manage.com/track/click?u=fc512311d610bb98ada6bda18&id=0478e5e30e&e=f8c3f0ebf1
[3]
https://msia.us8.list-manage.com/track/click?u=fc512311d610bb98ada6bda18&id=5569a2bbe7&e=f8c3f0ebf1
[4]
https://msia.us8.list-manage.com/track/click?u=fc512311d610bb98ada6bda18&id=1a40e8adb8&e=f8c3f0ebf1

Português
Msia Informa
