Iberoamérica “hace lio” para defenderse del neomaltusianismo

En los meses que van del presente año, una gran parte de las naciones de Iberoamérica se han visto presionadas por el poderoso cabildo neomaltusiano internacional que exige incorporar en sus respectivas Constituciones, leyes que atentan contra la dignidad de la persona humana, por ende de la familia y de la propia Patria. El radicalismo de tales ultimatos despertó una insólita respuesta continental que se levanta para repudiar ese aspecto nefasto del Nuevo Orden oligarca en que el mundo está inmerso.

Respuesta que cuenta con el apoyo explícito del Papa Francisco, quien les dijo a los representantes del Frente Nacional por la Familia de México, el 31 de agosto pasado que en la defensa de la familia “hagan lio.”

En realidad estamos frente a una defensa de nuestra herencia común iberoamericana enraizada en los valores cristianos infundidos por el proceso de evangelización fundante de nuestras naciones. Es sobre esa base que nos hermana por tal herencia común, muchas veces rechazada por los propios gobernantes, lo que constituye la materia prima preciosa para la integración iberoamericana.

El nuevo sistema de contra valores de la post modernidad que ha caminado paulatinamente en todo el mundo, remata con la denominada ideología de género, la cual abarca desde la legalización del aborto, hasta el reconocimiento del mal denominado “matrimonio” homosexual, desvirtuando la familia natural. Un programa forjado en las esferas gubernamentales del poder anglo-americano, y canalizado mediante fundaciones, organismos crediticos y la cúpula de los programas respectivos de la ONU.

Comienza el despertar

Su imposición se ha acelerado en México, Chile, Perú, Bolivia y hasta en Colombia donde el texto de los necesarios acuerdos de paz que gestiona el Gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), contiene el compromiso para hacer legislaciones a favor de la denominada ideología de género.

El letargo se rompió. Así el 10 de septiembre, México fue sacudido por una oleada de indignación en defensa de la familia, la vida y la patria. En más de cien ciudades salieron a manifestare un total de más de un millón y medio de ciudadanos en contingentes pacíficos integrado por familias, y una gran participación de jóvenes. Así mostraron que no aceptan los cambios constitucionales propuestos por el tambaleante presidente de México, Enrique Peña Nieto, y se pide la aceptación de una legislación popular para proteger el matrimonio en la Constitución Federal. La protesta fue convocada por el Frente Nacional por la Familia, a la que se unieron numerosas asociaciones civiles y población en general

La indignación comenzó a surgir en México, el pasado 17 de mayo en el Día Internacional contra la Homofobia. Ese día el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, apareció en sus cuentas de las redes sociales con el avatar fantaseado con los colores del arcoíris, etiqueta que caracteriza a la comunidad LGBT; además, los colores también fueron utilizados para iluminar la residencia oficial de los Pinos, de tal manera que no solo no respetó la investidura de su cargo, sino que hizo un carnaval con los símbolos nacionales tan queridos y respetados por los mexicanos. El escenario montado en los Pinos fue para manifestar el entusiasta apoyo del Presidente al mal denominado “matrimonio” homosexual, al anunciar en tal ocasión que su gobierno pretende elevar a rango constitucional el “matrimonio igualitario”, para lo cual envió al Congreso de la Unión una iniciativa de Ley para reformar el artículo cuarto constitucional.

Un mes después a finales de junio, el continente fue testigo de una demostración de unidad diplomática inédita, cuando embajadores del gobierno estadounidense del Presidente Barack Obama, salieron a las calles para unirse, no en pro de la paz en el Medio Oriente, y ni se diga invitando a una acción humanitaria para mejorar las condiciones de vida de los emigrantes que van a su país, u otra causa de la humanidad. ¡No!. Fue para conmemorar festivamente el día del orgullo LGTB, uniéndose a los desfiles.

De manera que la demostración de fuerza coordinada desde el Departamento de Estado mostró que la diplomacia impositiva de Washington es una cogida de manos del neoliberalismo con la ideología de género, digna de un poder hegemónico en decadencia. Así en la ciudad de México la misma embajadora de los Estados Unidos en el país, Roberta Jacobson, marchó al frente del contingente con una pancarta que se leía, “la delegación de EUA apoya la diversidad”. En Venezuela, su contraparte hacía lo mismo y en la República Dominicana sumaron siete embajadores, capitaneados por la representante estadounidense.

El mensaje diplomático es muy claro: debilitar la familia comparando ante la ley la unión civil de homosexuales al matrimonio heterosexual, lo que es parte de la ofensiva para debilitar las naciones soberanas y someterlas a estructuras de gobierno mundial.

En México, la propuesta de cambios constitucionales corona una política gubernamental que a partir de 2009 recargó los planes educacionales -desde los preescolares- abiertamente con la ideología de género. Contra esto también se manifestó una reprobación contundente

A esto se suma, otro evento de miles de personas. En la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez se llevo a cabo una misa binacional con la participación de 15 obispos, mexicanos y norteamericanos, participantes de las celebraciones por la defensa de la familia y de los migrantes. Y lo han hecho desde el mismo altar construido a principios de este año para que el papa Francisco celebrara la misa por los migrantes, durante su visita a México. Según publica la Agencia Fides, el sábado 3 de septiembre, unas 18 mil personas participaron en el Centro de Congresos de El Punto, en la misa presidida por monseñor José Guadalupe Torres Campos, obispo de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Y en Santiago de Chile, tan luego llegó al Senado la iniciativa de ley enviada por la presidente Michelle Bachelet al Congreso para despenalizar el aborto en tres causales, aprobada en marzo del presente en la Cámara de Diputados, las movilizaciones en contra comenzaron.

En Santiago, más de 100 mil personas se reunieron, para dar gracias por la vida desde su concepción hasta la muerte natural, durante la manifestación, que unió a representantes de la Iglesia Católica y la anglicana, en la cual se recabaron 600 mil firmas pro vida, que luego fueron entregadas a un representante del gobierno por el cardenal Ricardo Ezzati.

No debe sorprender que altos jerarcas de la Iglesia Católica, obispos y cardenales, participen activamente de estas manifestaciones en el continente. Que la ideología de género es una imposición el poder mundial, quedó bien claro en la Exhortación Apostólica del papa Francisco, Amoris Laetitia, producto del Sínodo sobre la Familia que indica que es inaceptable “que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo”. Y que son, “Lobbies minoritarios que, con sorprendente éxito han venido imponiendo su agenda con la instrumentación de la Organización de Naciones Unidas y apoyados por inmensos capitales, los mismos que financian el aborto y otras atrocidades”.

La que hoy está presente en las actividades continentales es la “Iglesia de salida” por la que clama el Papa Francisco. La actual movilización ciudadana a favor de la Vida y la Familia pudiera ser el detonador de una integración en la que la Iglesia también alza su voz en favor de la justicia económica contra los efectos de lo que también el Pontífice denomina la “economía del descarte”, o sea el neoliberalismo atroz que se nos ha impuesto por aquel poder mundial que ataca la dignidad de la vida humana.

Quizá sea ese potencial de integración el que explica la respuesta hostil y temerosa de los medios de comunicación a las movilizaciones de México. Un ejemplo fue la apreciación de la cadena inglesa BBC que en un reportaje publicado el 11 de septiembre, hace notar que en algunos lugares del país se vinculo el “patriotismo” con la defensa de la familia; tras calificar el número de asistentes escaso para el “escenario mexicano”, concluye con: “En México no se había visto una convocatoria similar desde la década de los años 30s, cuando el país vivió una guerra civil por la prohibición de los cultos religiosos públicos decretados en la Constitución promulgada en 1917”.

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