Iberoamérica: corredor civilizador entre el Atlántico y el Pacífico

MSIa Informa, 1 de octubre de 2021.- A continuación, publicamos el editorial del informativo mensual, Página Iberoamericana, Vol. 18 No. 9, septiembre de 2021.

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La definición de los intereses de las naciones iberoamericanas no puede estar atada de ninguna manera a la falsa disyuntiva de tomar partido en la rivalidad comercial y geopolítica entre Estados Unidos y China. La pandemia del Covid-19 mostro con crudeza al mundo las consecuencias devastadoras de la globalización y del sistema de libre comercio: pérdida de empleos, débiles servicios de salud y sanitarios, desindustrialización y una escandalosa concentración de la riqueza en el sector financiero.  En su propio caso, la pérdida de la capacidad de los estados nacionales para asegurar los niveles de bienestar de sus respectivas poblaciones.

Lo que inicialmente fue concebido por los grupos gobernantes estadounidenses para aprovechar la mano de obra barata del Este, allanó el camino para la consolidación de China como una superpotencia económica y estratégica y finalmente se convirtió en una disputa estratégico-económica.  Aprovechando sus colosales reservas de dólares, China proyectó la grandiosa Iniciativa de la Franja y Ruta, un vector de desarrollo de alcance literalmente global.   A su vez, Estados Unidos, que basó su estrategia económica en el campo de la tecnología de vanguardia y en el sistema financiero internacional, ignoró que la crisis financiera de 2008 acentuó el franco deterioro de su capacidad industrial e infraestructura básica, los cimientos de la economía real.

A partir de entonces, sin encarar la raíz de la decadencia económica, Estados Unidos y algunos aliados eligieron a China como una amenaza estratégica.  Tal confrontación, lanzada abiertamente durante el gobierno de Donald Trump y continuada en un estilo más moderado por su sucesor, Joe Biden, no tendrá un destino feliz, a menos que se cambie el enfoque hacia una iniciativa de cooperación, por poco probable que esto sea.

Iberoamérica, de la cual China se ha convertido en el principal socio comercial, ha estado bajo presión de E.E.U.U. para reducir la influencia geopolítica del gigante asiático. Sin embargo, Washington difícilmente logrará que sus reclamos sean escuchados, mientras insista en ofrecer a la región «más de lo mismo», es decir, la maltrecha agenda de la globalización financiera, en lugar de centrarse en su propia reconstrucción económica e industrial y establecer una política diplomática consistente con ella.

Para Iberoamérica, la reconstrucción norteamericana es bienvenida, no solo para equilibrar la balanza estratégica frente al crecimiento acelerado de China, sino también porque no se puede realizar sin la concurrencia de millones de migrantes de, México y Centroamérica. Esto sí que sería un fuerte impulso para la integración y modernización económica de toda la región, con énfasis en los corredores de infraestructura Atlántico-Pacífico.

Por lo tanto, nuestras naciones deben seguir una orientación independiente de la disputa entre China y Estados Unidos y sus aliados europeos, actuando como un corredor civilizador de paz y desarrollo entre los ejes euroasiático y del Atlántico Norte, preferiblemente en el marco de un orden global cooperativo y no de hegemones.

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