Greensill Capital: ¿otro logro para los ahorradores?

MSIa Informa, 23 de abril de 2021.- ¿La insolvencia del grupo Greensill podría convertirse en una nueva crisis como la de las hipotecas subprime? Se trata de una operación especulativa clásica, con consecuencias sistémicas potencialmente catastróficas.

En los últimos días, el grupo financiero “Greensill Capital” presentó sus libros de contabilidad en un tribunal de Londres y declaró su quiebra. El grupo, que lleva el nombre de su fundador, tenía como cometido inicial el financiamiento de la cadena de abastecimiento: anticipar el pago de facturas emitidas por clientes y proveedores de pequeños a grandes empresas, garantizándoles cobranzas más rápidas. Los proveedores quedaban felices al recibir los pagos debidos y, por consiguiente, librarse de los largos plazos de espera practicados por las corporaciones. Posteriormente, el “Greensill” Capital pasó a financiar notas fiscales emitidas contra grandes empresas, naturalmente, cobrando una comisión. Estas empresas veían satisfechas sus plazos de pago prolongados. Por desgracia, sin embargo, no todas las demostraciones financieras de las empresas involucradas eran y son transparentes y sólidas.

De cualquier manera, el sistema se presentó como una “democratización del capital y de las finanzas”.

Obviamente, la “monetización” de los activos adquiridos (las facturas a cobrar) fue transformada en inversiones o créditos para otras empresas. Todavía más importante fue el aseguramiento de las facturas adquiridas, las cuales pasaron a ser empacados  con otros productos financieros y diversos títulos, para ser ofrecidos a inversionistas, especialmente, institucionales. Exactamente, como ocurrió en Estados Unidos con las hipotecas subprime, antes de la Gran Crisis de 2008.

El sistema fue internacionalizado con una red financiera, mediante la creación de institutos y bancos, del establecimiento de relaciones con grandes instituciones financieras y aseguradoras y de la activa participación en importantes operaciones de financiamiento o la adquisición de otras empresas.

Todo esto ocurrió con la bendición de la City de Londres, del gobierno británico y hasta de la Casa de Windsor. Lex Greensill operó como consultor especial para asuntos financieros del gobierno de David Cameron (2010-16), quien fue nominado en 2018 asesor especial de “Greensill Capital”. Y, coronando todo, en 2017, la reina Elizabeth II, confirió a Lex Greensill el título honorífico de Comandante de la orden del Imperio Británico (KBE), dándole el derecho a ser llamado “Sir” Lex Greensill, Así, se cerró el círculo mágico.

Ante un pedigree tan prominente, los inversionistas se enfilaron a participar en el negocio. Primero, el fondo estadounidense de private equity (activos privados) “General Atlantic”, después, el conglomerado industrial-financiero japonés “Soft BankGroup”. Así, el valor de mercado de la empresa aumentaba diariamente. Al final, el mercado global de la cadena de suplementos se estima en 55 billones de dólares.

Con el aseguramiento, los “títulos salchicha” creados a partir de facturas, obviamente con rendimientos más elevados que los títulos gubernamentales normales, se colocaron en clientes importantes, incluyendo el “Global Asset Management” (GAM), empresa suiza de gestión de activos. El megabanco “Crédit Suisse” habría comprado por lo menos 10 mil millones de dólares, en beneficio de sus clientes.

Para volver los títulos más atractivos, necesitaban ser cubiertos por grandes aseguradoras internacionales. Y aquí entró en escena la japonesa “Tokyo Marine”, la cual, durante el año pasado, habiendo verificado la falta de solidez de “Greensill Capital”, decidió no renovar las garantías del seguro sobre 4600 millones de dólares en préstamos.

En 2014, el “Greensill Capital”, compró el banco alemán “Nordfinanz Bank AG de Bremen”, el cual empezó a llamarse “Greensill Bank AG” y usado para expandir las operaciones de empresa-madre en muchos sectores, además de levantar fondos hasta de pequeños ahorradores.

La confiabilidad inicial del banco llevó a muchos municipios y otras entidades públicas alemanas a invertir en estos “stocks de salchichas”. Ahora, desgraciadamente, el banco está expuesto en más de 3 mil millones de euros. De esta manera, el “Bafin”, órgano regulador (equivalente a la CNBV mexicana –n. e), fue forzado a suspender la licencia e interrumpir todas las operaciones financieras del banco.

Las consecuencias globales de la insolvencia de Greensill Capital todavía están por verificarse y el riesgo sistémico todavía no ha sido medido. La historia sigue otros casos semejantes a los de “Wirecard” y de “GameStop”.

La repetición de estos desastres financieros especulativos vuelve a poner la urgencia de una reforma seria del sistema financiero internacional y, en todo caso, de por lo menos una coordinación entre los grupos de control para proteger a los ahorradores y a los sectores de la economía real.

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