“Great Reset”, plan neofascista y maltusiano

MSIa Informa, 4 de diciembre de 2020.-En los últimos meses, en medio de la ansiedad y del tsunami de problemas generados por la pandemia del covid-19, la expresión Gran “Reset” (Great Reset, en inglés) se convirtió en una de las discusiones sobre los cambios imprescindibles para el periodo posterior a la pandemia. Acuñada por el fundador y presidente del Foro Económico Mundial (WEF), Klaus Schwab, se refiere a lo que su autor considera la necesidad de una “gran ‘reinicialización’ del capitalismo”, para lo cual la pandemia representa una oportunidad única. La propuesta, llena de conceptos seductores, cuando se analiza de cerca no es otra cosa que una audaz iniciativa de la alta oligarquía internacional para imponer un plan totalitario, cuyo rótulo más adecuado no puede ser otro que el de un “gobierno mundial” oficial. Como de costumbre, el diablo está en los detalles.

La propuesta de Schwab se divulgó por primera vez en un artículo que fue publicado por él mismo en el sitio de WEF el 3 de junio. La dimensión de la propuesta queda expuesta en el siguiente párrafo:

“Para conseguir un mejor resultado, el mundo debe actuar conjunta y rápidamente para renovar todos los aspectos de nuestras sociedades y de nuestras economías, desde la educación, los contratos sociales y las condiciones de trabajo. Todos los países, desde Estados Unidos hasta China, deben participar, y cada industria, desde el petróleo y el gas hasta la tecnología, debe transformarse. En suma, necesitamos una “Gran reinicialización” del capitalismo”.

Antes de continuar aclaremos que, en lo que resta de este texto, usaremos la forma que se viene utilizando internacionalmente, saltándonos las impropiedades lingüísticas -que ya la Academia se encargará de “castellanizar”.

En sus propias palabras, el plan del Gran “Reset” tiene tres componentes principales:

“(…) El primero orientaría el mercado hacia resultados más justos. Los gobiernos, con este fin, deberían mejorar la coordinación (por ejemplo, de su política tributaria, reglamentaria y fiscal), mejorar los acuerdos comerciales y crear las condiciones para una “economía de las partes interesadas (“stake holder economy” en el original). En un momento de bases tributarias decrecientes y de deudas públicas en ascenso, los gobiernos tienen un poderoso incentivo para seguir ese curso de acción. Además, los gobiernos deberían llevar a cabo reformas, por mucho, necesarias, que promuevan resultados más equitativos. Pueden incluir, dependiendo de cada país, cambios en los impuestos de la riqueza, el retiro de los subsidios que se otorgan a los combustibles fósiles y reglas nuevas de gobierno de la propiedad intelectual, del comercio y de la competencia.

“El segundo componente del plan del Gran “Reset” aseguraría que las inversiones promuevan objetivos compartidos, tales como la igualdad y la sustentabilidad. Los programas de gastos a gran escala que muchos países están realizando representan, aquí, una gran oportunidad para el progreso. La Comisión europea, por ejemplo, reveló planes para la creación de un fondo de recuperación de 705 mil millones de euros (826 mil millones de dólares). Estados Unidos, China y Japón tienen también planes ambiciosos de estímulos económicos. En lugar de usar esos fondos, así como las inversiones de entidades privadas y fondos de pensión, para tapar los huecos del antiguo sistema, deberíamos usarlos para crear uno nuevo, que sea más flexible, equitativo y sustentable a largo plazo. Esto significa, por ejemplo, construir una infraestructura urbana “verde” y crear incentivos para que las industrias mejoren su desempeño en las medidas ambiental, social y de gobierno (ESG).

“La tercera y última de estas tareas primordiales del plan del Gran “Reset” es dominar las innovaciones de la Cuarta revolución industrial para respaldar el bien público, en especial, para hacer frente a las enormes dificultades de salud y sociales. Durante la crisis del covid-19, empresas, universidades y otros unieron fuerzas para crear métodos de diagnóstico, terapias y posibles vacunas;  crear mecanismo para rastrear infecciones; y practicar la medicina a distancia. Imaginen lo que sería posible si se hicieran esfuerzos concertados similares en cada sector”.

Desean inaugurar el plan en 2021

Ese mismo día se anunció el Gran “Reset” como tema de una reunión paralela a la siguiente reunión del WEF (o Foro de Davós, como es más conocido), en enero de 2021, por el mismo Schwab y otros tres invitados ilustres: Su alteza real Carlos, Príncipe de Gales y heredero a la corona del Reino Unido; el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres; y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. El cuarteto denota la importancia que le atribuyen al tema los altos círculos del establishment globalista.

En esa reunión, Schwab resaltó el gran peso del componente ambiental del plan del “Reset”:

“Sólo tenemos un planeta y sabemos que los cambios climáticos podrán ser el siguiente desastre mundial, con consecuencias aún peores para la humanidad. Tenemos que descarbonizar la economía, en la corta ventana que aún existe (referencia a 2030, año límite elegido por los alarmistas climáticos para la adopción del draconiano plan de reducción del uso de combustibles fósiles) y poner, una vez más, nuestros pensamientos y comportamientos en armonía con la naturaleza (WEF, 03/06/2020)”.

A su vez, Su alteza real agregó:

“Para asegurar nuestro futuro y prosperar, necesitamos transformar nuestro modelo económico y poner a las personas y al planeta en el corazón de la creación de valores globales. Si hay una lección crítica que aprender de esta crisis, es que tenemos que poner a la naturaleza en el corazón de como actuamos. No podemos perder más tiempo, sencillamente”.

Guterres habló en ese mismo sentido:

El Gran “Reset” es un reconocimiento de que esta tragedia humana debe ser un llamado de alerta. Debemos construir economías y sociedades más iguales, inclusivas y sustentables, que sean flexibles ante las epidemias, a los cambios climáticos y a muchas otras enormes dificultades mundiales que enfrentamos”.

Para promover sus ideas, menos de un mes después, Schwab presentó el libro Covid-19:The Great Reset, escrito en sociedad con el economista e historiador Thierry Malleret,  la fecha  denota que la propuesta ya se estaba alistando en el laboratorio del WEF, probablemente desde los primeros meses de la pandemia.

A primera vista, así adornada, la pauta del “Reset” pudiera parecer razonable, no obstante no se puede perder de vista que el WEF es el templo por excelencia de la “globalización” desatada a partir de los años setentas del siglo pasado, con la creciente “financierización” de la economía mundial. Es curioso que la entidad haya sido fundad en 1971, el mismo año que el presidente Richard Nixon aniquiló los acuerdos monetarios de Bretton Woods, con lo que abrió el camino al dominio de las altas finanzas, cuyo resultado más visible es la creciente profundización de la inequidad mundial en la mayoría de los países.

Más aún, una gráfica presentada en el mismo artículo (“Mapa de transformación”) muestra todos los aspectos de la vida humana. Vea imagen.

La verdad ¡una “reinicialización” de las grandes!

Para facilitar su aceptación mundial, el Gran “Reset” se está pintando de “verde” y se presenta a manera de una contribución crucial del capitalismo hiperfinanciero para la protección del ambiente mundial, pauta que ya se estaba siguiendo antes de la pandemia, pero que ahora se ha acelerado con su incorporación al plan “Reset”.

Un elemento fundamental del plan es la reestructuración de las finanzas internacionales en términos de los conceptos de “sustentabilidad” y “carbón cero neto”, que pasarían a ser parte de los nuevos puntos de referencia de evaluación de toda suerte de actividades económicas, inversiones, financiamiento, etc., de forma análoga a lo que se hace con los títulos de la deuda soberana y corporativa. Es evidente que dicho proceso quedaría en manos y bajo la supervisión de una élite oligárquica y tecnocrática no electa, protegida por entidades privadas supranacionales y respaldadas por el vasto ejército de organizaciones no gubernamentales (ONG) que integran el aparato ambientalista-indigenista internacional.

Otro factor crucial es la creciente digitalización de las actividades económicas, con la consecuente reducción de la fuerza de trabajo humana, y financieras, reforzada con la difusión de los medios de pago digitales, los cuales substituirían gradualmente el papel moneda y facilitarían todavía más la circulación del dinero, inclusive del ilícito.

Reducido a su esencia, el Gran “Reset” es una construcción de carácter neofascista y maltusiana con el objetivo de subordinar a los estados nacionales a los intereses de las megacorporaciones trasnacionales, evidentemente, dominadas por estas últimas, o, mejor dicho, de los fondos de gestión de activos que dominan (por ejemplo, BlackRock,Vanguard, etc.). Al mismo tiempo que limita las aspiraciones de progreso de los más de 150 países que no forman parte del grupo de las economías industrializadas, y las subordina a un desgastado concepto ideológico de “escasez de recursos”, que el choque con la pandemia se encargó de desmoralizar en la mayoría de los países.

A pesar de que Schwab clama que todos los países deberían sumarse a su plan de “salvación global”, resulta evidente que las potencias que están rehaciendo el eje euroasiático como nuevo centro de gravedad geoeconómico del planeta, en donde destacan China y Rusia y las nuevas entidades, como la recién creada Asociación Económica Integral Regional (RCEP), tienen planes propios y más acordes con los requisitos de un reinicio legítimo y sin comillas para la humanidad en su conjunto.

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