G-20 en China refuerza a Asia como nuevo centro geoeconómico

Si todavía se necesitara otra evidencia de que el centro geoeconómico del planeta se está desplazando hacia el eje euroasiático, la concentración de reuniones de alto nivel ocurrida en aquella región en los últimos días, aporta una muy concreta. De hecho, entre el 2 y el 8 de septiembre, se desarrollaron, en orden cronológico: 1) El Foro Económico Oriental, en Vladivostock, Rusia, 2) La cumbre del G-20 en Hangzhou, China; 3) La cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, siglas en inglés), en Vientiane, Laos. La cumbre del G-20 tuvo como invitado al primer ministro de Tailandia, quien ocupa la presidencia rotativa del G-77, entidad que reúne a 134 países en desarrollo, y la de la ASEAN fue reforzada por la presencia de los líderes de EUA, China, Japón, Corea del Sur, India, Rusia, Australia y Nueva Zelanda. En esencia, cerca del 90% de la población mundial estuvo representada en estos eventos.

A pesar de la diferencia de objetivos y de la retórica de los comunicados oficiales, un denominador común entre las tres fue la búsqueda de una salida constructiva para la crisis sistémica global, causada esta por la disfuncionalidad terminal de las estructuras económico-financieras existentes, controladas por un Occidente que se muestra incapaz de ofrecer una alternativa a su agenda hegemónica basada en la “hiperfinancierizacón” de la economía mundial y en el uso constante de la fuerza militar como instrumento favorito de política exterior.

La alternativa buscada es un nuevo paradigma basado en la cooperación para un desarrollo compartido.

En conferencia de prensa que marcó la conclusión del G-20, el anfitrión, el presidente Xi Jinping, sintetizó el desafío al afirmar que la crisis no puede ser resuelta “solamente con políticas fiscales y monetarias”, como insisten los defensores del status quo. Según él, la palabra clave es innovación, en todos los sentidos. “Nosotros vislumbramos una perspectiva pluridimensional, multivinculada y abarcante para la innovación, impulsada por la innovación en ciencia y tecnología, pero más allá de esto, cubriendo una filosofía de desarrollo, los mecanismo institucionales y los modelos de negocios de modo que los beneficios de la innovación sean compartidos por todos (Xinhua, 5 de septiembre de 2016)

En la apertura de los trabajos, el mismo ya había señalado la necesidad de un cambio de rumbo, con un mensaje que tenía destinatario concreto: “La ya superada mentalidad de la Guerra Fría debería descartarse. Necesitamos desarrollar urgentemente un concepto nuevo de seguridad, que sea incluyente, abarcante, cooperativo y sustentable (Xinhua, 4 de septiembre de 2016)”.

Involucrada en el liderato de esta orientación, en una asociación estratégica con Rusia, China se ha empeñado en dar un uso productivo a su colosal reserva de activos en dólares norteamericanos, en especial, con el desarrollo de la llamada Nueva Ruta de la Seda (nombre oficial: Un Cinturón, una Ruta –OBOR, siglas en inglés), una vasta red de infraestructura moderna que interconecta gran parte de Asia y Europa, con la participación de un creciente número de países.

En la misma pauta, se incluye la creación de una infraestructura financiera independiente del control ejercido por el eje Washington-Wall Street-Londres, representada por el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) del grupo BRICS y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, siglas en inglés), al cual, de forma emblemática, varios países occidentales se adhirieron como miembros fundadores.

Aunque orientado exclusivamente al desarrollo del Extremo Oriente ruso, en búsqueda de inversiones para aquella vasta región de la Federación Rusa, el foro en Vladivostock privilegió una orientación cooperativa. Más de 3 mil personas de 60 países participaron en el encuentro, incluyendo a los líderes de 240 empresas rusas y 207 extranjeras, la mayoría de Japón, China, Corea del Sur, Singapur y Alemania. Además del anfitrión Vladimir Putin, el evento tuvo como convidado especial al premier japonés Shinzo Abe. Se cerraron acuerdos por 23 mil millones de dólares -valor relativamente bajo para la dimensión del foro, pero significativo, en función del cerco político establecido contra Rusia, por los EUA y la Unión Europea.

El mismo mensaje se transmitió en la cumbre ampliada del ASEAN por el premier chino Li Kegiang, quien enfatizó la necesidad de un nuevo enfoque cooperativo para solucionar la crisis financiera global, con la construcción de una agenda de seguridad que beneficie a todos los lados y evite la confrontación (CCTV America, 8 de septiembre de 2016).

Evidentemente, al asumir un liderato de hecho de este impulso de “renovación” de la globalización, Pequín está persiguiendo sus propios intereses, en particular, al enfatizar la necesidad de rechazar el proteccionismo económico como instrumento contra los déficits nacionales. Y es igualmente evidente que países cuyas matrices industriales enfrenten una concurrencia desproporcionada de las exportaciones chinas, no podrán darse el lujo de establecer ciertas formas de protección de las mismas. Sin embargo, nada de esto es obstáculo para que se circunden las agendas raídas de “suma cero”, habiendo mucho espacio para el establecimiento de acuerdos de tipo “ganar-ganar”, en el ámbito de un nuevo paradigma más cooperativo y sinérgico, que privilegie la economía real y la inclusividad, en contraposición a la expansión de desigualdades causada por la globalización financiera.

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