Fuerzas Armadas “pilar de la estabilidad y el desarrollo”

MSIa Informa, 26 de noviembre de 2020.-“Quienes portamos el uniforme militar sabemos que cambios trascendentales requieren de voluntades colectivas trabajando hacia un solo objetivo, y de grandes ideales nacionales como los que impulsa su administración y en los que prevalece un solo propósito: ¡México!”. Razón por la cual, refrendamos “el compromiso de seguir contribuyendo a la seguridad nacional, a la seguridad interior y a la seguridad pública. El compromiso de seguir trabajando en los proyectos prioritarios de su gobierno en favor del bienestar de la población”.

“Por ello, es importante recalcar que en coordinación con la armada y de acuerdo a las atribuciones que su ley orgánica le otorga, es la cuarta misión establecida en la ley orgánica del ejército y fuerza aérea la que sustenta nuestra participación en los proyectos prioritarios, ya que mandata lo siguiente, cito: ‘… Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país…’”

Fueron las palabras dirigidas al presidente Andrés Manuel López Obrador por el Secretario de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval González, el 20 de noviembre pasado durante la ceremonia de conmemoración de los 110 años de la Revolución Mexicana, para reiterar la importancia de su participación en los vitales programas de infraestructura, de urgente necesidad para enfrentar los desafíos económicos que conllevan la pandemia del coronavirus. Con esto, el general reafirmó el singular origen histórico que dio vida a las Fuerzas Armadas nacionales, lo que las legitima a ejercer tanto la seguridad interna y externa, la defensa de la soberanía nacional y velar por el bienestar de la población.

“Al cumplir esta misión, reiteró el General Sandoval, jamás dejamos de lado las otras cuatro, por lo que conjuntamente ejército, armada y fuerza aérea defendemos la integridad, independencia y soberanía de la nación con una cobertura militar y naval permanente en todo el territorio nacional.” “Quienes somos parte de las fuerzas armadas provenimos de poblaciones de todo el territorio nacional, y esto es muestra fehaciente de que nuestra institución nació del pueblo, se nutre del pueblo y trabaja por el pueblo; ¡No hay forma en que esta realidad pueda cambiar!”.

Respondiendo a los medios de comunicación que vienen elucubrando sobre supuestos planes de las Fuerzas Armadas para dominar el poder político nacional, el Secretario de Defensa fue taxativo: “”El instituto armado jamás ha buscado ni buscará protagonismo, porque nuestra esencia es servir a la patria… Así pues, es evidente que no anhelamos ningún poder, porque nuestra razón de ser está alejada de pretensiones políticas o de otro tipo…Con esa subordinación al poder civil cumplimos las misiones generales que tenemos asignadas y trabajamos en proyectos prioritarios encaminados al desarrollo de nuestro país, sin que ello signifique perder nuestra naturaleza o razón de ser.”

Y concluyó con una declaración de lealtad al Presidente, “nuestra lealtad institucional es a toda prueba; 107 años de institucionalidad desde el nacimiento de las actuales fuerzas armadas de la nación, hablan por sí solos. Y ” sobre todo, esos 107 años de lealtad institucional nos dan luz respecto al pilar que representamos para la estabilidad y desarrollo del país.”

Es evidente que estas declaraciones de la más alta autoridad militar de México eran necesarias debido a los ataques internos y externos al papel que desempeñan las FFAA para la estabilidad institucional frente a la enorme crisis presente. Uno de esos ataques directos a la credibilidad de ellas, fue el arbitrario encarcelamiento del general Salvador Cienfuegos ex secretario de la Defensa en el gobierno anterior, perpetrado de manera ilegal por la Agencia Antidrogas (DEA) de los Estados Unidos. En realidad se trataba de una trampa para que el gobierno de López Obrador resbalara aceptándola como parte de sus denuncias de corrupción frente al gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-18), y de esa manera maniatarse.

El Presidente la esquivó, defendiendo la honra de las FFAA y exigiendo la presentación de pruebas irrefutables contra el general Cienfuegos o su libertad inmediata. Con esto, él pasó por encima de los acuerdos de seguridad con órganos de la inteligencia estadounidenses, especialmente la propia DEA, principal sospechosa de haber armado la operación contra el Ejercito, cuyo propósito evidente era preparar el terreno para el control absoluto de la seguridad interna de México en manos de los EUA, siguiendo los designios del Comando Norte de las Fuerzas Armadas estadounidenses. La actitud del presidente López Obrador y la posterior liberación del general Cienfuegos, provocó que las Fuerzas Armadas cerraran filas a su alrededor, en defensa de la soberanía.

Cuál es el recelo del cabildo anti Fuerzas Armadas

Desde algunos meses atrás la elite oligarca internacional (ver MSIa Informa 18 de septiembre de 2020) comenzó a cuestionar la participación de las Fuerzas Armadas de Iberoamérica –sobre todo de México y Brasil- en áreas gubernamentales necesarias durante la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus, y otras.

Este es el trasfondo del artículo publicado en  el periódico Los Angeles Times en su edición del 21 de noviembre  escrito por sus corresponsales en la ciudad de México,  Kate Linthicum y Patrick  McDonneld, intitulado,  “Al elevarlos, también se ha vuelto más dependiente de ellos”  una airada protesta por la cercanía de López Obrador  con las Fuerzas Armadas.  Patrick  Mc Donneld  guarda vínculos evidentes con círculos de seguridad  estadounidenses. Antes de ser jefe de la oficina del periódico en México, lo fue en  Beirut, cubriendo los conflictos en Siria, Irak, Libia, Líbano y Turquía.

El artículo comienza lamentando que, “siendo candidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador atacó a las Fuerzas Armadas de México y a la “mafia del poder”. Pero después de asumir el cargo, cambió de opinión y adoptó a los mismos dirigentes militares a los que una vez había atacado”.

Agrega que, “Después de que  (el general Salvador) Cienfuegos fuera arrestado en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles el mes pasado, acusado de tráfico de drogas, el presidente se apresuró a defenderlo y amenazó con retener la cooperación de seguridad con Estados Unidos, a menos que se retiraran los cargos. Las autoridades estadounidenses cedieron esta semana y devolvieron al general retirado de 72 años a México. Fue un regalo sin precedentes para las Fuerzas Armadas cada vez más poderosas en el país”.

“Tradicionalmente, los militares han jugado un papel limitado en los asuntos civiles, diferenciando a México de gran parte de América Latina, donde los golpes de Estado y los gobiernos militares alguna vez fueron comunes. Con López Obrador, ese muro ha comenzado a desmoronarse”.

“Las tropas ahora dirigen la lucha contra la inmigración ilegal, la pandemia del coronavirus y el robo generalizado de combustible por tuberías. Dirigen los proyectos de infraestructura más grandes del país y pronto controlarán sus puertos y cruces fronterizos”.

“Pero quizá lo más importante es que el presidente, un populista que promete transformar a México en beneficio de los pobres, ha alejado a muchos de los jugadores de poder tradicionales del país —desde su élite empresarial, hasta los partidos de oposición que retienen el control de varios estados y mantienen un fuerte apoyo de sindicatos del sector público. Las Fuerzas Armadas se encuentran entre las pocas instituciones en las que López Obrador, conocido como AMLO, puede confiar. Al elevarlos, también se ha vuelto más dependiente de ellos”.

Para probar la supuesta amenaza que los militares representan a la democracia el artículo de Los Angeles Times cita a expertos en asuntos de seguridad y de derechos humanos, entre otros a Maureen Meyer, especializada en asuntos migratorios y de seguridad de México. Ella comenta que las fuerzas armadas “Han tenido una impunidad generalizada por acusaciones de derechos humanos y también por cuestiones de corrupción (…) Tener Fuerzas Armadas con tanto poder es realmente peligroso”, lamenta. Meyer es una veterana militante de la causa de los supuestos derechos humanos y directiva de la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA).

WOLA (Washington Office of Latin America), es una representante ejemplar de la mafia que manipula la defensa de los derechos humanos, convertidos en autenticas guerras irregulares contra  las estructuras  de los estados nacionales iberoamericanos, en particular las Fuerzas Armadas.  Tales campañas neocoloniales “humanitarias” reúnen gobiernos, entidades privadas, ONG y opulentas fundaciones del poder occidental.

La entidad fue fundada en 1974 por redes del Consejo Mundial de Iglesias de los Estados Unidos, a la manera de una rama de inteligencia oficiosa del Departamento de Estado y muy bien posicionada entre medios oficiales y privados de los EUA. De acuerdo a un libro sobre su historia que aparece en su sitio de internet, la entidad fue muy activa en el Congreso y en la Casa Blanca, a partir del gobierno de Jimmy Carter (1977-1981), trabajando estrechamente con las embajadas norteamericanas de los países del Cono Sur gobernados por militares, para documentar y producir dossiers sobre la violación derechos humanos. Actualmente recibe financiamiento de, Fundación Ford, Fundación Rockefeller, Fundación John D. & Catherine T. MacArthur, Open Society Foundation (de George Soros). Además del Ministerio de Asuntos Internacionales de Noruega, muy activo en las causas indígenas y en el proceso de paz en Colombia.

Lo que les espanta a tales redes intervencionistas  son los elevados niveles de credibilidad y confianza que las fuerzas armadas iberoamericanas mantienen entre la población de sus respectivos países, los cuales pueden aumentar, por la crisis de confianza en las instituciones civiles  en todo el continente, agudizada por el impacto de la pandemia de Covid-19.

En otras palabras, el juego geopolítico que comenzó en la presidencia de Jimmy Carter se desmorona. Ahora es cada vez más evidente que la carta de los derechos humanos fue usada como ariete para imponer un orden económico neoliberal en el cual el patrimonio estratégico de los estados nacionales y el control efectivo de sus territorios quedarían bajo el dominio de fuerzas económicas supranacionales con la complicidad de unas Fuerzas Armadas artificialmente convertidas en “obstáculos” al orden democrático y al estado de Derecho.

La directriz general era la de establecer un orden de “soberanías limitadas” en regiones ricas en materias primas, minerales y energéticas. Para México esta política se sintetiza en la sentencia del Consejero de Seguridad Nacional, del presidente Carter, Zbigniew Brezezinski, de que: “Estados Unidos no permitiría  un nuevo Japón al sur de su frontera”. El desastroso Tratado de Libre Comercio (TLCAN), con el cual México abdicó de su soberanía financiera, fue el resultado natural de esa sentencia, la cual se buscaba ampliar para que el país México fuera formalmente incorporado al “paraguas” de seguridad estadounidense  bajo el  control del Comando Norte, una ecuación que fue rota por los militares mexicanos.

Estas directrices estratégicas se reforzaron en la proclamación del “Nuevo Orden Mundial” del presidente George H.W. Bush (1989-1993), inaugurando una secuencia interminable de guerras de recursos naturales en el Medio y Lejano Oriente. En paralelo entidades como el Dialogo Interamericano (ID), la Fundación Nacional para la Democracia (NED), la cadena de institutos de la Sociedad Abierta de George Soros y un ejército irregular de ONG internacionales y nacionales, manejan los proyectos de neutralización y desprestigio institucional de las Fuerzas Armadas, cual línea auxiliar de la agenda neoliberal e identitaria -indigenismo, racialismo, ideología de género, aborto, etc.

La pandemia aceleró claramente el declive de ese nuevo orden mundial, de la hegemonía militar y política de los Estados Unidos y del sistema financiero especulativo occidental, abriendo camino para la creación de un orden mundial cooperativo y de una nueva arquitectura financiera, favorable a la economía real. Un orden mundial no hegemónico el cual exige el resurgimiento victorioso de los estados nacionales soberanos y sus instituciones basilares como las Fuerzas Armadas. Cabe a ellas también promover la remoción de las políticas neoliberales que en la historia nunca fueron responsables de construir las bases de la prosperidad industrial y del bienestar general de la población.