Fratelli tutti, la desafiante nueva encíclica de Francisco

MSIa Informa, 29 de octubre de 2020.-La recién divulgada encíclica Fratelli tutti (Hermanos todos) del Papa Francisco ha despertado mucho interés en todo el mundo, aunque también ha recibido duras críticas, expresadas, por economistas que defienden con vehemencia el dogma económico neoliberal prevaleciente. El documento de ocho capítulos fue escrito en los últimos siete meses, periodo en el que el mundo tuvo que vivir bajo las restricciones de la pandemia del covid-19 –o, como indica en el primer capítulo, “las sombras de un  mundo cerrado”.

En lugar de combatir la pandemia “juntos”, como destaca el pontífice en la introducción, la pandemia reforzó las peores tendencias de nuestras sociedades, para dejar a los estados en un aislamiento mayor y a las sociedades más fragmentadas, en un individualismo radical exagerado. La pandemia demostró que “estamos en el mismo barco” y que existe la necesidad todavía mayor de un mundo de verdadera fraternidad, en el que cada persona pueda vivir con dignidad. Critica con firmeza los excesos de la globalización actual, expresados en el “populismo y en el liberalismo”, afirma que la crisis financiera mundial de 2007-2008 abrió las puertas a  “más actividades financieras especulativas”, y se lamenta de que no se haya aprendido nada de la crisis. Según estadísticas recientes, los más ricos son más ricos y los pobres más pobres, afirma. De ahí la necesidad de fortalecer la sociedad a partir de la introducción de las categorías “fraternidad” y “caridad”, como los principios de la existencia de nuestras sociedades y condiciones de la paz social en el mundo.

Algunos periodistas especializados en economía, como Johannes Pennekamp y su colega Daniel Deckert, del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), en dos artículos, sostienen en esencia que, la nueva encíclica no tiene nada que ver con las encíclicas sociales de los predecesores de Francisco, Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo cual no es verdadero. Según Pennekamp, con su dura “crítica al capitalismo”, el actual pontífice “rompe con la doctrina social” de la Iglesia. También hace una referencia al   economista alemán Clemens Fuest, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Múnich, que expresando una tendencia ideológica estaría “perturbado” con los escritos papales, pues, dice, la lucha del Papa por una sociedad de la fraternidad y del amor es “peligrosa, porque ofrece espacio para ‘dictadores’ y sus promesas socialistas de salvación, como Hugo Chávez”.

Estos y otros numerosos ejemplos, algunos claramente mas preñados de convicciones ideológicas, que de la búsqueda de la verdad, ilustran la naturaleza de la verdadera dificultad para los políticos, economistas y científicos de hoy.

Promoción del Bien común

Los temas de “fraternidad humana y amistad social” fueron siempre una preocupación profunda de Francisco y él mismo relata que se sintió particularmente inspirado en su encuentro con el gran imán Ahmas Al Tayyeb, en Abu Dhabi, en febrero de 1019. Los dos líderes religiosos divulgaron en aquella ocasión una declaración en la que resaltan que “Dios creó a todos los seres humanos, iguales en derechos, deberes y dignidad, y los llamó a vivir juntos como hermanos y hermanas”.

En la introducción, Francisco afirma que la encíclica se escribió como una modesta contribución para la reflexión continua en la “esperanza de que, ante los intentos actuales de eliminar o de ignorar a los otros, podamos ser capaces de responder con una nueva visión de fraternidad y de amistad social que no quedará en meras palabras”.

“Cuando estaba redactando esta carta, irrumpió de manera inesperada la pandemia de Covid-19 que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades. Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados , existía una fragmentación que volvió más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos”

Según el Pontífice, la humanidad no aprendió las lecciones de la Historia, con lo cual la vida política se ha vuelto más frágil ante los poderes económicos trasnacionales, que operan bajo el principio de “divide y vencerás”. Habla de las nuevas formas de “colonización cultural” que debilitan la conciencia histórica y el pensamiento crítico; nuestra lucha por la justicia y la integración se convierten en palabras vacías. “Mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su dignidad negada, despreciada o pisoteada, sus derechos fundamentales descartados o violados”, afirma.

Al lado de Al-Tayyeb, Francisco subrayó que, aunque no es posible ignorar los avances positivos hechos en la medicina, la técnica, la industria y el bienestar en los países ricos, “queremos hacer énfasis en que, junto con esos avances históricos, óptimos y valorizados como lo que son, existe el deterioro moral que influencia el quehacer internacional y el despertar de los valores espirituales y de la responsabilidad”.

El Papa observa que la tragedia de la pandemia apenas si por un breve momento revivió el sentimiento de que somos una “comunidad global”, todos en el “mismo barco”: “Pero la tempestad expuso nuestra vulnerabilidad y descubrió las certezas falsas y superfluas en torno de las que construimos nuestros planes diarios, nuestros proyectos, nuestros hábitos y tareas primordiales… En medio de esa tempestad se desplomó la fachada de los estereotipos con los que camuflamos nuestros egos, siempre preocupados por las “apariencias”, lo que revela que somos parte de otro, que somos hermanos y hermanas uno del otro.”

La parábola del buen samaritano

Para ilustrar cómo podría ser una sociedad futura que tenga sus cimientos en la solidaridad y en el amor, el Papa reflexiona sobre la parábola del buen samaritano. El samaritano mostró misericordia al ayudar a un hombre herido por ladrones, en su camino de Jerusalén a Jericó, tirado al lado del camino. Distinto a otros que pasaron antes “con indiferencia”, él demostró una cualidad moral que el mundo de hoy necesita mucho. Es la cualidad del “amor (que) quiebra las corrientes que nos mantienen aislados y separados; en su lugar, él construyo puentes. El amor nos permite crear una familia grande, en la que todos podemos sentirnos en casa. El amor exhala compasión y dignidad”.

Hay muchas personas en la sociedad que ocupan posiciones sociales de importancia que “no tienen la preocupación con el Bien común”, reflexiona el Papa. “No perdieron unos minutos cuidando del hombre herido o, inclusive, que pedía ayuda. Sólo una persona se detuvo y fue capaz de poner todo eso de lado, al detenerse con alguien en necesidad. Aun sin conocer al herido, lo veía como merecedor de su tiempo y de su atención.

La parábola, según Francisco, nos invita a reavivar nuestras “vocaciones de ciudadanos” y arquitectos de una nueva conexión social. La sociedad debe dedicar su atención a la formación del bien común. Como reflexiona el Papa en el capítulo tercero (Anticipando y engendrando un mundo abierto), la vida sabe cuándo existe un vínculo real de comunión, fraternidad”, mientras que el individualismo radical es “el peor virus”. Cita extensa mente la encíclica Centesimus annus de Juan Pablo II (1991), que reafirma la calidad de la “solidaridad”, una pieza en la construcción de la sociedad y de un orden mundial económico justo. “Solidaridad significa luchar contra las causas estructurales de la pobreza y de la desigualdad”, y “Dios dio la Tierra a toda la raza humana, para sustento de todos sus miembros, sin excluir ni favorecer a ninguno”. Esto quiere decir que el derecho a la propiedad no es “absoluto” ni “inviolable”. Es el “principio primero de todo el orden ético y social”- un derecho natural e inherente que está por encima de los otros. La verdadera justicia exige el reconocimiento no solo de los derechos de los individuos, sino también de los derechos sociales y los derechos de los pueblos. Esto significa encontrar una forma de garantizar el “derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso, derecho en ocasiones restringido severamente por la presión de la deuda externa”.

Estatismo y la construcción de naciones

Este paradigma “samaritano”, asiento de una sociedad y de un orden mundial justos, nos invita a reflexionar sobre la política de hoy. En nítido contraste con el desarrollo de una comunidad internacional de fraternidad firme en la práctica de la amistad social, donde la política esté al “servicio del bien común”, nos enfrentamos al “populismo y al liberalismo, dos caras de la misma moneda, que impiden el liderato político sólido de la sociedad”.

“La falta de preocupación en los vulnerables se puede esconder atrás de un populismo que los explota demagógicamente para sus propios fines, o de un liberalismo que sirve a los intereses económicos de los poderosos”. En Ambos casos se vuelve más difícil imaginar un mundo abierto que brinde espacio a todos, en particular a los más vulnerables y que muestres respeto a las diferentes culturas. Además de que el populismo es otra forma de “desconsiderar” el significado legítimo de la palabra pueblo, cualquier esfuerzo para retirar ese concepto de la práctica común podría conducir a la eliminación de la misma noción de democracia como “gobierno del pueblo”. Los grupos populistas cerrados distorsionan la palabra persona, pues no hablan de personas verdaderas.

El Pontífice critica duramente lo que llama “dogma de neoliberal” y hace una amplia referencia a la encíclica social de Benedicto XVI Cáritas in Veritate: “El mercado, por sí sólo, no puede resolver todos los problemas, por más que nos pidan que creamos en este dogma de fe neoliberal. (…) Es imprescindible una política económica preventiva dedicada a ‘promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la capacidad creadora empresarial’ y haga posible la creación, y no la reducción de empleos. La especulación financiera dedicada totalmente a las ganancias rápidas, contribuye a causar estragos. Así que, ‘sin formas internas de solidaridad y de confianza mutuas, el mercado no puede cumplir totalmente su función económica adecuada. (…) La teoría económica prevaleciente demostró que no es infalible’. La fragilidad de los sistemas mundiales ante la pandemia demostró que no todo se puede resolver con la libertad de mercado. También demostró que, además de recuperar una vida política sólida, que no esté ‘sujeta a los dictámenesde las finanzas’, debemos poner otra vez la dignidad en el centro, y sobre ese pilar construir las otras estructuras que necesitamos”.

Diálogo en lugar de guerra y conflicto

Francisco destaca, por ello, que, por desgracia, la sociedad y la política no aprendieron las lecciones de la devastadora crisis financiera de 2007-2008, que puso las condiciones para crear una nueva economía más atenta a los principios éticos y a las nuevas formas de reglamentación “de las prácticas de especulación financiera y riqueza virtual”.

La encíclica Fratelli tutti representa la esencia de la Doctrina Social de la Iglesia, elaborada en varias encíclicas sociales de los antecesores de Francisco, una vez que “todo compromiso inspirado en la Doctrina social de la Iglesia se ‘deriva de la caridad que, según las enseñanzas de Jesús, es la síntesis de todo el Derecho”.

La construcción de la paz social de un país es una empresa sin fin, una tarea interminable que exige el compromiso de todos y que nos reta a trabajar sin cansancio por la unidad de la nación, afirma el Papa. “La verdad es que ninguna familia, ningún grupo de vecinos, ninguna etnia, mucho menos una nación, tiene futuro si la fuerza que los une, aproxima y resuelve sus diferencias es la venganza y el odio, como afirmó San Agustín”.

Abolición de las armas nucleares

“Como las condiciones que favorecen el estallido de las guerras vuelven a aumentar, sólo puedo reiterar que la guerra es la negación de todos los derechos y un ataque dramático al ambiente. Si queremos el verdadero desarrollo humano integral para todos, debemos trabajar incansablemente para evitar la guerra entre naciones y pueblos”.

Si aceptamos, agrega, que “ya no podemos pensar en la guerra como solución, porque, probablemente, sus riesgos serán siempre mayores que sus supuestos beneficios”. Califica la situación actual de “tercera guerra mundial trabada entre pocos… ya que los destinos de los países están tan íntimamente ligados en la escena mundial”. Y recuerda la encíclica de Juan XXIII Pacem in terris, divulgada durante el auge de la crisis de los misiles cubanos, en 1962

Según el Pontífice, la paz no puede sostenerse con la disuasión mutua. El Papa va, pues, más lejos, al exigir que, en lugar de eso, el objetivo final sea la eliminación total de las armas nucleares, y que, en este mundo interconectado, cualquier respuesta a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y combinada, de acuerdo a la “confianza mutua”.

De acuerdo a la línea de Juan Pablo II en Centesimus Annus, Francisco resalta que “la raíz del totalitarismo moderno está en la negación de la ‘dignidad trascendente’ de la persona humana, la que, como imagen visible de Dios invisible es, por lo tanto, por su propia naturaleza, sujeto de derechos que nadie puede violar –ningún individuo, grupo, clase, nación o Estado. Ni siquiera la mayoría del cuerpo social puede violar esos derechos yendo contra la minoría”.

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