MSIa Informa, 14 de agosto de 2020.-El franco CFA, moneda en vigor en la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (Uemoa), formada por ocho países francófonos –Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Mali, Níger, Senegal y Togo- cumplió su papel y deberá ser sustituido por una nueva moneda, el Eco.
Después de una larga negociación, el gobierno francés aceptó también la reforma. El franco CFA nació en 1945, el mismo día que Francia firmó los acuerdos del tratado de Bretton Woods. En la década de 1960, el “franco de las colonias francesas de África” (o franco CFA), se convirtió en el “franco de la comunidad financiera africana”.
Entre otros ítems, la reforma establece que, a partir de ahora, e Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO), ya no tendrá que depositar la mitad de sus reservas cambiarias en el Banco de Francia.
Sesenta años después de la independencia de las ex-colonias francesas, esa obligación era humillante e insostenible. Además, Francia ya no formará parte de los organismos africanos de gobernanza financiera.
Los seis países centro-africanos del grupo CEMAC (Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Centro-Africana y República del Congo) caminan también en la misma dirección. Así, de llegarse a un acuerdo con París, ellos deberán cambiar el franco CFA por una nueva moneda, que pretenden llamar Afrik.
El sistema del franco CFA se basa en cuatro principios: tasa de cambio fija con el franco y, después, con el euro; libertad de circulación de capitales hacia Francia; convertibilidad del franco CFA solamente con el euro (por lo que cualquier pago al exterior debe pasar por París); y centralización de las reservas cambiarias en el banco central francés. Aún más, las reservas de oro de los países africanos eran mantenidas en París y, de hecho, contabilizadas como francesas. Efectivamente, el Banco de Francia podía decidir también la cantidad de dinero impreso puesto a disposición de cada país.
Hasta ahora, para París, los beneficios de este arreglo fueron enormes e incontables. Por ejemplo, la libertad de movimientos de capitales ha permitido un drenaje impresionante de recursos, vía transferencia hacia el exterior de las ganancias de las multinacionales establecidas en África, especialmente, en la explotación de materias primas y minería.
Aunque el dólar estadounidense haya extendido su hegemonía sobre el comercio y las finanzas mundiales desde finales de la guerra, Francia fue la única nación en mantener un fuerte control sobre sus ex-colonias.
De hecho, la concesión de independencia, en los años 1960, siempre fue acompañada de acuerdos bilaterales exclusivos de diez años con varios países africanos, garantizando una oportuna explotación de sus territorios, recursos energéticos, incluyendo el uranio y el control de su política monetaria. En consecuencia, los efectos también repercutirán en todos los demás sectores, como defensa, política exterior, comercio, educación, justicia, etc.
En el pasado, gobernantes africanos como Thomas Sankara de Burkina Faso (1983-87) que se atrevían a retar el dominio francés después de la independencia, no duraban mucho.
Varios estudios muestran que la dependencia de Francia y la paridad fija con una moneda fuerte como el euro llevarían a una fragilidad económica de todos los países del área del franco CFA. En los últimos 20 años, estos registraron un crecimiento anual del PIB del 1.5%, contra un promedio del 2.5% de los demás países del África Sub –sahariana.
Si la paridad con el euro garantizó una cierta estabilidad monetaria, por otro lado, la producción local, tanto agrícola como extractiva, han padecido una falta de competitividad durante décadas. A propósito, recuérdese que la desvalorización del franco CFA, en 1994, fue acompañada de violentas protestas y revueltas populares, puesto que todos los productos importados sufrieron un repentino aumento de precios.
Habrá, necesariamente, una fase de transición para ambos grupos de países. La construcción de un camino económico y monetario virtuoso, objetivamente, no será fácil. Será, sin duda, un gran desafío político, económico y m oral, especialmente, para la Unión Europea. ¿Cómo mantendrá el bloque su relación con la África Sub-sahariana? Si ignora, irresponsablemente, lo que está ocurriendo en África, el vacío será inevitablemente llenado por China y el yuan, y, tal vez, también por los EUA y el dólar. El continente se volvería un espacio de confrontación y “guerras de abastecimiento”, como ya ocurrió en el pasado.
Algunos economistas africanos proponen anclar una nueva moneda africana a una canasta de las principales monedas mundiales, incluyendo el euro, el dólar y el yuan.
Actualmente, la única canasta de monedas existente está representada por los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Inter nacional (FMI).
Sin embargo, esta no puede ser una solución realista, porque significaría someterse a una institución internacional que, durante décadas, han castigado fuertemente a los países africanos en desarrollo con sus políticas de “condicionalidades” y austeridad.
En lugar de esto, la propuesta africana podría tornarse un fuerte estímulo para la creación de un nuevo sistema monetario inter nacional basado en una canasta de las principales monedas. A este respecto, recordemos que, el año pasado, todos los gobiernos de la Unión Africana firmaron un acuerdo para la creación de un mercado común africano de libre comercio, apelando a una reforma del sistema monetario internacional. El tema está en la pauta desde hace mucho tiempo. Hasta ahora las fibrilaciones geopolíticas globales han impedido su profundización y consecuente encaminamiento.

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