La realidad es que los EUA y sus aliados europeos en la OTAN tendrían que reconocer que su estrategia de instigar o exacerbar conflictos en el Medio Oriente y Asia Central, como un medio de mantener al planeta preso de sus designios hegemónicos, está agotada, y que lo racional sería admitir el fin del “Nuevo Orden Mundial”, establecido después de la disolución de la Unión Soviética. El propio resurgimiento de Rusia, ahora como nación cristiana, es una evidencia de esto.
Es, precisamente, la desesperación ante la erosión de su hegemonía estratégica, política y económica y de la incapacidad mental de articular una alternativa civilizada a su fallida ideología “excepcionalista”, lo que está llevando a los pirómanos de Washington a esta escalada de provocaciones contra Moscú. Con ella, pretenden provocar una reacción que justifique una propia guerra propagandística y refuerce la posición de Hillary Clinton en la contienda presidencial contra Donald Trump, más inclinado a un entendimiento con Rusia y, por lo tanto, menos agradable al establishment oligárquico.
En este contexto, cualquier incidente puede constituir una proverbial “Sorpresa de Octubre”, irónica denominación atribuida a acontecimientos deliberadamente provocados para influenciar al electorado en las semanas anteriores a las elecciones de noviembre.
Las declaraciones de algunos altos funcionarios estadounidenses son sintomáticas de esta enfermedad mental. El 28 de septiembre pasado, el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, hizo una muy poco velada amenaza a Moscú, al afirmar:
“Grupos extremistas continuaron explorando los vacíos que existen en Siria, para expandir sus operaciones, las cuales podrían incluir ataques contra intereses rusos, incluso hasta ciudades rusas. Rusia seguirá enviando a casa personas en sacos de plástico y continuará perdiendo recursos, inclusive aviones (Departament of State, 28 de septiembre de 2016).
La pronta e irónica respuesta vino de la portavoz de la cancillería rusa, Maria Zakharova:
“¿Ustedes no creen que esos ventrílocuos sobre ‘sacos de plástico’ ‘ataques terrorista en ciudades rusas’ y ‘pérdidas de aviones’ no son más que una orden de ‘atrápenlos’ que un comentario diplomático? (RT, 29 de septiembre de 2016).
El 4 de octubre pasado, el periódico Washington Post informó que el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) están discutiendo abiertamente la posibilidad de “acciones cinéticas”, eufemismo par ataques directos contra fuerzas militares sirias involucradas en el sitio de Aleppo, acción que muchos analistas consideran crucial para el desenlace de la guerra.
“Hay un ambiente creciente de apoyo a las acciones cinéticas contra el régimen. La CIA y el Estado Mayor dirán que la caída de Aleppo perjudicará los objetivos del contraterrorismo de los EUA en Siria”, aseveró al periódico un funcionario no identificado”.
Otro funcionario admitió que, ante la esperada objeción del presidente Barack Obama a un ataque no aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, una alternativa sería desatar los ataques de forma clandestina y sin conocimiento del público (como si esto fuera posible).
El mismo día un portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, confirmó que los EUA están estudiando “un abanico de opciones” multilaterales y unilaterales para el conflicto sirio, inclusive medidas diplomáticas militares, de inteligencia y económicas (Reuters, 4 de octubre de 2016).
Rusia responde
El sábado, primero de octubre pasado, Maria Zakharova anticipó la respuesta de Moscú, en el RT:
“Si los EUA lanzaran una agresión directa contra Damasco y el Ejército Sirio, esto acusaría un cambio terrible, tectónico, no solamente en un país, sino en toda la región. (…) Y, después, sería tan grave como lo que pasó en Irak. Sabemos que el Ejército iraquí se volvió la base del Estado Islámico. Todo, que tanto la coalición como Rusia está enfrentando ahora, vino de ahí.
En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso advirtió a la coalición sobre los riesgos de nuevos ataques aéreos contra las fuerzas sirias, ante la presencia de avanzados sistemas antiaéreos S-300 y S-400 en el país. De acuerdo con el portavoz del Ministerio, general Igor Konashenkov, tales ataques podrían poner en riesgo a los militares rusos que ahí operan. “Por lo tanto, cualquier ataque de misiles o aéreo en territorios controlado por el gobierno sirio crearía una clara amenaza a los militares rusos.
Probablemente, los operadores de los sistemas de defensa antiaérea rusos no tendrían tiempo de determinar inmediatamente las trayectorias de vuelo exactas de los misiles y a quienes pertenecen. Y todas las ilusiones de un aficionados sobre la existencia de aviones ‘invisibles’, enfrentarían una decepcionante realidad”, afirmó el oficial, en un mensaje más que claro a Washington, (RT, 6 de octubre de 2016).
El hecho de que Rusia esté tomando en serio las amenazas estadounidenses quedó evidenciado con la realización de un inusitado ejercicio de maniobras de defensa civil en masa contra “grandes desastres naturales y causados por el hombre”, entre el 4 y el 7 de octubre, en todas las unidades de la Federación Rusa. Los ejercicios incluyeron una simulación de emergencias radioactivas, químicas y biológicas e involucraron a nada menos que 40 millones de personas, 200 mil especialistas de servicios de emergencia y 50 mil unidades de equipo (Emercom of Rusia, 3 de octubre de 2016).
A ojos vistos, el momento actual es equiparable con la crisis de los misiles de Cuba, en el auge de la Guerra Fría. Pero, definitivamente, la mayor responsabilidad de la situación no reside en Moscú.

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