Europa necesita librarse del “cautiverio atlanticista”

Msia Informa, 2 de julio de 2021.-El virtual cautiverio al cual la ideología “atlanticista” y las estructuras políticas y de influencia que han sometido a Europa, desde el fin de la Guerra fría, quedó evidenciado en la reciente serie de reuniones de la cúpula donde participaron los líderes de la Unión Europea (UE) y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el presidente norteamericano Joe Biden.

Como es conocido, en su esencia, el “atlanticismo” es la creencia de que la seguridad y la prosperidad del planeta dependen fundamentalmente de la alianza de un selecto grupo de potencias de América del Norte y de Europa, encarnada en la OTAN. Sus raíces se remontan a los principios de la geopolítica británica establecidos por Halford MacKinder a inicios del siglo XX, en torno a la necesidad de bloquear la formación de una dinámica de integración y cooperación entre Europa y Asia, para mantener la hegemonía del Imperio Británico. Después del fin de la Unión Soviética, el concepto fue actualizado por el ex-consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski y retomado por los “neoconservadores” predominantes en la política exterior estadounidense, para justificar la selección de Rusia y de China como enemigos existenciales de Occidente y, obviamente, la necesidad de perpetuar la Alianza Atlántica.

En las cumbres de la OTAN y de la UE-Biden, los líderes europeos dijeron amén a la liturgia anti-Rusia y anti-China establecida por los estrategas de Washington y los “eurócratas” de Bruselas, antes de la reunión de Biden con Putin, en Ginebra, Suiza.

Días después, antes de loa cumbre del Consejo Europeo, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron propusieron la realización de una cumbre del bloque con Putin, en un loable esfuerzo de reducción de las tensiones con Moscú. En un discurso en el Parlamento alemán, en vísperas de la reunión, Merkel afirmó que, si el presidente de los EUA puede reunirse con Putin, no hay razón por la cual la UE no haga lo mismo.

Sin embargo, en Bruselas, a pesar de las propuestas de los líderes de las dos mayores potencias europeas contar con el apoyo del canciller austríaco Sebastian Kurz, esta fue ferozmente rechazada por la mayoría de sus colegas, capitaneados por los representantes de Polonia y de los Estados Bálticos –Lituania, Letonia y Estonia.

El presidente lituano Gitanas Nauseda dio el tono a seguir: “Sin ningún cambio positivo en el comportamiento de Rusia, si comenzamos a involucrarla, esto mandará una señal muy mala a nuestros socios”.

“Iniciar cualquier diálogo directo en el más alto nivel político solamente es posible en una situación donde haya una disminución real y una verdadera retirada de la política agresiva”, completó el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki (Político, 24 de junio de 2021).

Por “nuestros socios”, el presidente lituano se refería a Ucrania, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Dmytro Kubela, estaba en Bruselas (aunque no participó en la cumbre), y a Georgia, dos ex-miembros de la antigua Unión Soviética, los cuales son piezas claves de la campaña de hostigamiento de Rusia, dictada desde Washington.

Semejante disposición  anti-rusa había quedado manifiesta en el comunicado de la cumbre EUA-UE: “Nosotros permanecemos unidos en nuestra perspectiva de principios con relación hacia Rusia, y estamos listos a responder decisivamente a su repetido patrón de comportamiento negativo y dañinas actividades que Rusia debe solucionar para evitar un deterioro adicional, inclusive, una lista de los así llamados Estados inamistosos…Condenamos las continuas acciones de Rusia para debilitar la soberanía, integridad territorial e independencia de Ucrania y de Georgia. (…)”

China mereció un trato semejante, apuntada como “rival sistémico” de las democracias occidentales.

El comunicado final de la cumbre del Consejo Europeo tampoco escatimó palabras para recriminar a Moscú: “El Consejo Europeo espera que el liderato ruso demuestre un involucramiento y un compromiso político más constructivo y detenga sus acciones contra la UE y sus Estados-miembros, así como contra terceros países”. Entre otros temas, el documento exige que Rusia “asuma plenamente su responsabilidad” para asegurar los acuerdos de Minsk 2 para un acuerdo de paz en el Este de Ucrania, iniciativa que depende totalmente de Kiev y no de Moscú.

Además, el texto reitera el apoyo de los líderes europeos en la búsqueda de la “responsabilidad” por la destrucción del vuelo MH-17 de la Malasyan Airlines sobre Ucrania, en 2014, cuya obsesión en apuntar el dedo hacia el Kremlin quedó de manifiesto en la colocación del asunto en el mismo bloque que las relaciones con Rusia.

Para coronar la jornada de provocaciones a Moscú, el Reino Unido protagonizó la más peligrosa e inconsecuente de ellas, la de hacer que un destructor de la Marina Real navegara por casi media hora dentro de las aguas territoriales rusas a lo largo de Crimea el 23 de junio, alegando un supuesto derecho de “paso inocente”. La reacción rusa fue vehemente con una patrulla naval y un avión de combate haciendo disparos de advertencia al frente del navío británico, y la posterior advertencia de que una repetición del acto podría tener consecuencias más serias.

Aunque el Reino Unido ya no sea parte de la UE, sigue siendo el escudero más fiel de los EUA en la OTAN, con quien la acción fue obviamente coordinada. En paralelo la Royal Navy también despachó una fuerza de tarea naval al Mediterráneo, de donde siguió hacia el Mar del Sur de China, para desarrollar acciones provocadoras conjuntas con la US Navy contra China.

El 28 de junio, la OTAN inició el ejercicio Sea Breeze 2021 en el Mar Negro, en cooperación con Ucrania, juntando 32 navíos y efectivos militares de 30 países, explícitamente orientado contra Rusia, acusada de “ocupar temporalmente” Crimea.

Es más que evidente que nada de esto va al encuentro de los mayores intereses de los europeos, quienes, al contrario, tienen todos los motivos para establecer relaciones constructivas y de cooperación tanto con Rusia como con China. Es decir, está más que pasada la hora de librarse del “cautiverio atlanticista”.

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