EUA: Todo o Nada en Venezuela

MSIa Informa, 25 de septiembre de 2020.-   La gira sudamericana del secretario de Estado de los EUA, Mike Pompeo, visitando Guyana, Surinam, Brasil y Colombia entre el 17 y 20 de septiembre, tuvo otros propósitos, además  de reforzar la candidatura del presidente Donald Trump frente  sectores del electorado hispano de Florida con vista a las elecciones presidenciales del próximo noviembre.

Aunque, al momento, todas las acciones de la política exterior estadounidense estén calibradas con referencia al calendario electoral, la visita fue también  para ratificar  la voluntad del Establishment de evitar, o sabotear, cualquier solución negociada entre las fuerzas políticas,  que permita una transición en la cual las mayores reservas petrolíferas del mundo se mantengan bajo el control del Estado venezolano. Lo que exige Washington a pesar de su retórica “democrática” es simplemente un cambio de régimen o el colapso del Estado nacional. Sin este resultado, el Establishment estadounidense prefiere la manutención del presidente Nicolás Maduro, sometido a un proceso de continuo desangramiento.

Esta política no se inició con el gobierno de Trump, el cual solamente dio continuidad, aunque con un mayor volumen retórico, a la línea heredada de Barack Obama, quien de manera semejante intervenía con provocaciones diplomáticas o amenazas de intervención. Es bien sabido que la garantía de manutención de un régimen como el de Maduro, en América Latina, son las amenazas provenientes de los EUA.

Por eso, los beligerantes “neoconservadores” controladores de la política del Departamento de Estado para Iberoamérica llegaron al extremo de apoyar el frustrado levantamiento militar de abril de 2019 y, en mayo pasado, la desastrosa Operación Gedeón, un patético intento de secuestro de Maduro por parte de disidentes venezolanos y mercenarios estadounidenses, en opereta bufa semejante a la planeada por la CIA (Agencia Central de Inteligencia) en la fallida invasión a Bahía de Cochinos, en Cuba, en 1961.

Washington ve en las elecciones parlamentarias venezolanas del próximo diciembre, la posibilidad de una transición pactada para el período pos-Maduro, como lo demuestra la postura del ex-gobernador de Miranda y ex-candidato presidencial, Henrique Capriles, para que la oposición participe en las elecciones.

Así, las declaraciones de Pompeo, descalificando el proceso electoral, significan todavía la delirante ilusión de sustituir a Maduro por el “presidente interino”  Juan Guaidó, quien a pesar de ser reconocido por más de 50 países, no controla ningún órgano o sector del gobierno venezolano.

La precaria estabilidad del régimen de Maduro es algo evidente para su entorno y para las Fuerzas Armadas, su principal pilar de apoyo, y la necesidad de un entendimiento con la oposición, que asegure una salida honrosa para el presidente y su grupo es un imperativo que se impone. Empero, la actitud intervencionista de los EUA dificulta este proceso y los pirómanos de Washington tienen plena conciencia de esto.

El “Gan Caribe”  

Por otro lado, no se debe olvidar que todavía prevalece en el Establishment estadounidense la estrategia del “Gran Caribe”, con la cual los EUA podrían reconstruir parte de su declinante poder mundial, particularmente, por los errores cometidos en Medio Oriente, a partir de la Guerra del Golfo a inicios de la década de 1990. El “Gran Caribe” incluye a Colombia y a Venezuela, además de la región de las antiguas Guayanas. De forma emblemática, la visita de Pompeo incluyó a Guyana y Surinam.

En las ex-colonias inglesa y holandesa, las cuales experimentan un importante boom en la producción de petróleo, Pompeo hizo un activo cabildeo en favor de las empresas estadounidenses, criticando la creciente presencia de empresas chinas, no solamente en los dos países, sino en todo el subcontinente sudamericano. En Paramaribo, al lado del recientemente electo presidente Chan Santhhoki, usando un tono que no ocultaba su amenazante intención dijo:

“Ninguna operación estatal puede vencer la calidad de los productos y servicios de compañías privadas estadounidenses. Hemos observado al Partido Comunista Chino invertir en países y, al principio todo parece grande y, después, se viene abajo cuando los costos políticos conectados a eso se vuelven claros. Y nosotros lo hacemos mejor, donde quiera que yo viaje para argumentar y dejar claro que todo mundo entienda en lo que se está metiendo” (Al Jazera del 18 de septiembre del 2020)”

Con la diplomacia que le faltó al secretario, Santhoki reviró que no veía una competencia entre los EUA y China, quien convidó a su país a la vecina Guyana a unirse al megaproyecto de la Iniciativa Franja y Ruta. “No fue un tópico de discusión, de modo que no es cuestión de tomar opciones”, afirmó.

En cuanto a Brasil, el alineamiento diplomático con la agresividad estadounidense no solamente excluyó al país de la posibilidad de ejercer un papel relevante en la crisis, sino que atrajo hacia sus fronteras un conflicto que le puede costar caro en el futuro. Desde el inicio del gobierno del presidente Jair Bolsonaro, el canciller Ernesto Araujo se ha empeñado en alinear la política exterior brasileña al intervencionismo de los EUA. Con relación a Venezuela, el intento fue inicialmente torneado por una prudente “diplomacia militar” coordinada por el vice-presidente Hamilton Mourão.

Ante los hechos recientes, una oportuna sugerencia  fue hecha por el ex-embajador Rubens Barbosa en un lúcido artículo publicado en el periódico  O Estado de São Paulo del 22 de septiembre pasado (“Brasil y Venezuela, a quien corresponda” ) con cuyos últimos parágrafos cerramos esta nota:

“Ningún otro país estaría en mejor posición para tomar la iniciativa de resucitar una propuesta semejante a la de los EUA que a Brasil. Cabe resaltar que nunca se interrumpió la relación entre las Fuerzas Armadas de los dos países. La última visita de alto nivel a Venezuela fue en el gobierno de Temer, cuando el ministro de Defensa estuvo dos veces en territorios venezolano para encontrarse con su contraparte para examinar la cuestión de los refugiados y del abastecimiento continuado de energía a Brasil. Fuera del centro de atención, el canal militar privilegiado y preservado, tal vez con una ayuda discreta de Cuba, podría sondear la posibilidad de iniciar conversaciones buscando una transición pacífica en la política venezolana.

“Es sentido común que en cualquier negociación, además de la representatividad de los participantes, siempre se debe evitar acorralar y dejar al interlocutor sin alternativa. Hay que ofrecer una salida al otro lado. Los militares tienen experiencia en esto, pues negocian una transición democrática con el elemento más importante, la amnistía –que no consta en la propuesta norteamericana. Por su actuación histórica en el proceso de integración regional y sobre todo, en el momento actual, por sus intereses concretos, Brasil tendería credibilidad para iniciar pláticas en esta línea, vía diplomacia militar. El gobierno sería confiable  por todo lo que ha declarado al respecto del gobierno de Caracas, pero el interés nacional estaría siendo puesto encima de ideologías y alineamientos”.

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