EUA: Fractura expone al “gobierno mundial”

MSIa Informa, 21 de enero de 2021.-La censura colectiva impuesta por las empresas controladoras de las grandes redes sociales estadounidenses al presidente Donald Trump y a numerosos de sus seguidores, en la secuela de las manifestaciones violentas del 6 de enero, expone con claridad las intenciones, el modus operandi y el ánimo de la cúpula del Establishment oligárquico dominador del país; este no es otro que el pilar central de la jerarquía de poder al que hemos calificado como “gobierno mundial”, que cada vez gana más adeptos, como lo veremos en seguida.

En los días posteriores a la invasión del Capitolio, el país y el mundo fue sorprendido por la conducta coordinada de las empresas -Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat y Twitch- bloqueando unilateralmente las cuentas de Trump, en verdad un acto de grave censura previa que podría tener serias repercusiones, caminando hacia el control de la opinión pública detentado por estas empresas. Solamente en Twitter, Trump tenía 88 millones de seguidores.

La censura al Presidente ya había sido ejercida de manera contundente en los días posteriores a la elección que entregó la Casa Blanca a Joe Biden y Kamala Harris, cuando las principales redes de televisión estadounidenses –MSNBC, NBC, CNBC, CBS y ABC- interrumpieron simultáneamente la transmisión de una conferencia de Trump acusándolo de estar mintiendo.

Ahora siendo víctima, el propio Trump se la había hecho de verdugo, cuando le fue conveniente a su agenda, tal y como ocurrió en agosto pasado, cuando impuso restricciones al uso de las plataformas chinas Tik Tok y WeChat en los EUA (sin hablar de su furiosa embestida contra la megaempresa Huawei, para favorecer a empresas estadounidenses y de países influenciados por los EUA, en la disputa por la tecnología 5G).

No obstante, la tajante reacción de las empresas fue recibida con aprehensión hasta por mandatarios extranjeros que no tienen precisamente una relación muy amigable con Trump.

Reflejando las reservas de sus colegas europeos, la canciller alemana Angela Merkel afirmó que el poder para imponer eventuales restricciones a la libre expresión debería ser restringido a los legisladores, pero no corresponde a empresas privadas. “El derecho a la libertad de opinión es de fundamental importancia. En función de esto, la canciller considera problemático que las cuentas del presidente hayan sido suspendidas de manera permanente”, dijo el portavoz Steffen Seibert (Reuters, 11 de enero de 2021)

Antes, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador se había ido a la yugular, acusando directamente a la estructura del “gobierno mundial”. En su conferencia de prensa mañanera dijo: “No me gustó ayer lo del asunto del Capitolio. Empresas particulares deciden silenciar, censurar. Eso va contra de la libertad. No se vaya a estar creando un gobierno mundial con el poder de control de las redes sociales, además de un tribunal de censura, como la Santa Inquisición, pero para el manejo de la opinión pública” (Infobae, 8 de enero de 2021). Sintomáticamente, la referencia al “gobierno mundial” casi fue omitida por la prensa nacional.

Días después, López Obrador anunció que propondrá una discusión del tema en el ámbito del G-20. Para ello, el canciller Marcelo Ebrard explicó que México se puso en contacto con países de la Unión Europea (UE), América Latina y Sudeste Asiático, para discutir y presentar una propuesta conjunta que evite la formación de un “gobierno supranacional” controlado por empresas privadas” (RT, 14 de enero de 2021)).

Estas actitudes radicales reflejan los crecientes temores de aquella estructura de poder en cuanto a la cada vez más evidente incapacidad de preservación de su hegemonía global, no solamente debido al inexorable fortalecimiento del eje geoestratégico-geoeconómico eurasiático, fomentado por la dupla China-Rusia, sino, y no cosa menor, por la profundización del divorcio entre la estructura político-institucional de los EUA y las aspiraciones y necesidades de la sociedad en general. Un problema crucial es el aumento sistemático de la injusticia socioeconómica, agravada por las consecuencias de la pandemia de Covid-19; por ejemplo, una investigación divulgada en diciembre por la revista Forbes revela que el 48% de los pequeños negocios corren el riesgo de cerrar, en definitiva.

Para ello, la agenda oligárquica no anticipa ninguna propuesta, excepto la de mantener los “negocios como siempre”.

Con todas sus idiosincrasias y su estilo de cowboy hollywoodiense, Trump ha sido el catalizador del descontento de un vasto segmento de la sociedad estadounidense, como se observó en las dos últimas elecciones presidenciales. En gran medida, su convocatoria se debe a: su oposición al proceso de globalización financiera y de desindustrialización, las guerras interminables del “Nuevo Orden Mundial” pos-1990, a la agenda identitaria y a las políticas maltusianas, con énfasis en la promoción del aborto por instituciones como la Fundación Internacional de Paternidad Planeada (IPPF) y agencias de las Naciones Unidas, a las cuales retiró fondos públicos que les eran destinados –sin dejar de mencionar los llamados a valores trascendentes muy apreciados por la mayoría de los estadounidenses.

Es evidente que un segundo mandato podría convertirse en un obstáculo a la agenda malthusiana, ambientalista y económica del proyecto de “capitalismo inclusivo” del denominado “Great Reset”.

Esto a pesar de las maniobras destinadas a acomodarse a los designios hegemónicos del Establishment, como se vio con el asesinato del líder militar iraní Qassam Soleimani, hace un año, Trump no fue aceptado por la cúpula del poder, al contrario de sus adversarios de 2016 y 2020, Hillary Clinton y Joe Biden, veteranos operativos de aquella casta. Por eso, necesita ser echado del poder de forma humillante, a pesar del riesgo de que el descontento de una gran parte de sus frustrados electores siga generando turbulencias en los próximos meses, evidenciando un profundo descontento en la población estadounidense.

Por su parte, Biden y Harris se alinean, precisamente, con la pauta de los señores del poder real: en el área económica, el “Gran Reset” del Foro Económico Mundial, secundado por la agenda de “sustentabilidad” y la “descarbonización” de la economía y, en lo social, la agenda identitaria “políticamente correcta” (hay que ver la convocatoria hecha por Biden a varios veteranos del gobierno de Barack Obama para el sector).

Por fortuna, una gran parte del planeta se muestra cansada de tantas turbulencias y se compromete cada vez más en la agenda de integración eurasiática, iniciativa que podría recibir un importante refuerzo indirecto por la oposición dentro del G-20 a las intenciones del “gobierno mundial” de establecer un dominio sobre la opinión y los criterios de verdad vía las redes sociales. En síntesis, es necesario aprovechar esta imperdible oportunidad para dejar atrás la mentalidad binaria remanente de la Guerra Fría y tratar de consolidar un mundo cooperativo basado en el pleno respeto a las soberanías de los Estados nacionales.

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