El secretario general de Naciones Unidas desnuda la naturaleza malthusiana de la “emergencia climática”

MSIa Informa, 23 de diciembre de 2020.-La consigna de la “Reunión cumbre de la ambición climática”, videoconferencia que reunió a cerca de 80 jefes de Estado y de gobierno el sábado 12 de diciembre fue pronunciado por el secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres: los líderes mundiales deberían decretar una “emergencia climática” para evitar el catastrófico calentamiento global.

“¿Alguien podría negar que estamos ante una emergencia terrible? Es por ello que, hoy, hago un llamado a los líderes de todo el mundo para que declaren el Estado de emergencia climática en sus países, hasta que no se alcance la neutralidad del carbono” -dijo Guterres (Deutsche Welle, 12/12/2020).

Luego, el secretario General pasó a la amonestación:

“Los miembros del G-20 han gastado más del 50 por ciento de sus paquetes de estímulos y de rescate en sectores vinculados a la producción y al consumo de combustibles fósiles, más que en energía con uso reducido de carbón. Esto es inaceptable. Los billones de dólares necesarios para la recuperación del covid son dinero que estamos prestando a las generaciones futuras. No podemos usar esos recursos para trazar una política que cargará a las generaciones futuras con una montaña de deuda en un planeta quebrado”.

Habría que recordarle al secretario: 1) cualquier plan de recuperación económica conlleva a la generación inmediata de energía en todas sus formas, y más de 80 por ciento de la energía generada en la Tierra proviene de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón mineral); y 2) si no hubiese una recuperación plena de la pandemia, además de una amplia y equitativa reconstrucción de la economía mundial, el advenimiento de las generaciones futuras quedará seriamente comprometido.

Además, la emergencia real es la misma pandemia, sin olvidar los factores que se refieren al subdesarrollo que han elevado a la potencia máxima sus efectos, como las deficiencias de infraestructura de aguas, saneamiento primario, servicios de salud y otros.

Si el mundo siguiese el consejo del secretario, entonces sí estaríamos ignorando a las futuras generaciones, de las que se dijo tan preocupado. Quizás por un lapsus freudiano, Guterres expuso la ideología malthusiana raíz unificadora del ambientalismo internacional, cuyo eje central es el falaz concepto de la falta de recursos naturales y el de la “sustentabilidad” para que todos los pueblos y países del planeta puedan aspirar a alcanzar el bienestar y el progreso de las economías ricas -menos de 40 de los 195 países que integran Naciones Unidas.

La verdad es que el “silbatazo” de Guterres nada tiene que ver con la ciencia ni con los hechos reales, sino con su participación activa en el esfuerzo que se lleva a cabo para reorientar la economía mundial post pandemia conocido como “Gran reset” (con perdón por la impropiedad lingüística, que ya la academia se encargara de sancionar), maquinada por las élites financieras reunidas en el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). Uno de los pilares del plan es la “financierización” de los problemas ambientales a escala mundial y la subordinación a esta de prácticamente todas las actividades productivas, en particular, en las economías emergentes y en desarrollo (que algunos llaman “Green Reset” o “reset verde”).

Guterres ha sido uno de los principales portavoces de ese pernicioso programa, al lado del presidente del WEF, Klaus Schwab, de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva), del ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien presta actualmente su “expertise” a Naciones Unidas para el programa de las “finanzas verdes”, y Su Alteza Real príncipe Carlos, heredero del trono británico.

De ponerse en práctica tal programa, como pretenden, los  países  se verían enredados en una red de restricciones a sus planes de desarrollo, los que terminarán condicionados a los criterios de “sustentabilidad”, “protección ambiental” y “neutralidad de carbono” determinados por agencias supranacionales no elegidas y capaces de influenciar directamente los flujos de inversión de los grandes fondos de activos internacionales, que hoy son los que reparten las cartas en las altas finanzas internacionales.

El discurso catastrofista del secretario general tiene también la finalidad de hacer más agudo el pesimismo cultural de partes crecientes de la población mundial, principalmente de la juventud, en lo que toca a las perspectivas de futuro de la humanidad, la tónica del mensaje del movimiento ambientalista desde su creación en los años sesentas del siglo pasado, convirtiéndose en un instrumento político contra la industrialización y la modernización de las economías del que entonces se solía llamar “Tercer mundo”.

En términos estrictamente científicos, el uso del concepto de “emergencia climática” para caracterizar el actual clima del planeta es una falacia vulgar, ya que no hay ningún patrón de anormalidad en las oscilaciones de la temperatura, del nivel del mar, de la dinámica de los glaciales ni en otros fenómenos naturales, a los que el catastrofismo ambientalista ha atribuido una absolutamente indebida interferencia humana.

A manera de ilustración le sugerimos al lector que se dé una vuelta por el sitio NoTricksZone, en el que el ingeniero estadounidense Pierre L. Gosselin reunió nada menos que 600 (seiscientas) gráficas de las temperaturas atmosféricas y oceánicas de los últimos siglos y milenios de numerosas regiones del planeta para demostrar la inexistencia de cualquier anomalía que pudiera atribuirse a la intervención humana.

Por los demás, la conferencia virtual sobre las “ambiciones climáticas” no paso de ser una “live” de compromisos vacíos que no contó ni con la participación de países de peso como Estados Unidos, Rusia, Brasil y Australia.

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