El presupuesto militar y el “sistema de la deuda”

MSIa Informa, 18 de septiembre de 2020.-En su columna del periódico brasileño, O Globo del 5 de septiembre, el periodista Ascânio Seleme, reforzando un editorial del periódico del mismo día, manifestó la gran insatisfacción de algunos sectores oligárquicos internos y externos por la creciente participación de las Fuerzas Armadas en la vida nacional. Con el pretexto del aumento de 4.83 por ciento de la asignación del Ministerio de la Defensa previsto en el proyecto presupuestario de 2021, recién enviado al Congreso Nacional, Seleme no ahorró palabras para vapulear a las Fuerzas Armadas. En su furia apeló a la gastada cantilena de la insidiosa oposición entre los gastos militares y la inversión social. Desde el inicio del texto afirma:

“El ofensivo aumento de los gastos militares en un país como Brasil, asaltado por corruptos de todos los matices políticos, con 15 por ciento de su población que vive por debajo de la línea de la miseria, con casi la mitad de sus hogares sin agua potable y sin red de desagüe, con escuelas y hospitales públicos que se caen en pedazos, con la peor seguridad y los peores índices de violencia de América de Sur. Es más que ofensivo, es escandaloso”.

Enseguida afirma :

“El proyecto de Ley presupuestaria enviada por el presidente Jair Bolsonaro al Congreso prevé 1 400 millones de reales para inversión del Ministerio de la Defensa en 2021. Según el proyecto, este dinero se dirige a la construcción de un sistema de aviación del Ejército, para la compra de cazas y aviones de carga de la Aeronáutica y para la construcción de submarinos de propulsión nuclear de la Marina. Además de esto, la Defensa será agraciada con el aumento de 4.83 por ciento de su asignación presupuestal. Tendrá 110 700 millones de reales para gastar el año que viene. Es una proeza, si consideramos que todos los demás ministerios sufrirán recortes.

No hay que ser muy ducho en asuntos militares para discernir que 1 470 millones de reales es una suma irrisoria para inversiones efectivas en las Fuerzas Armadas con la dimensión de las brasileñas, y cualquiera con un conocimiento mínimo al respecto sabe que la cantidad ni siquiera es suficiente para dar continuidad a los citados programas de reequipamiento de la Fuerza Aérea y de la Marina, que reciben dinero a cuentagotas a causa de las restricciones presupuestarias que vienen de años.

Seleme se muestra selectivo en su preocupación por las inversiones militares y por las pocas inversiones en infraestructura. Para él, 1 470 millones de reales para el reequipamiento de las Fuerzas Armadas es “escandaloso”. No obstante,  él ni sus compañeros metidos en el sistema hegemónico que reparte las cartas en el país hacen ningún cuestionamiento a la verdadera fuente de los problemas presupuestales, el oportunamente denominado “Sistema de la deuda”, que, tan sólo a finales de agosto, ya había devorado un billón 47 mil millones de reales del presupuesto federal o 45.5 por ciento del presupuesto federal empeñado hasta ahora en este año de pandemia. Esto da un promedio de 4 400 millones de reales al día, ¡tres veces más que el presupuesto de inversión previsto para el Ministerio de la Defensa en todo el año de 2021!

Pero para Seleme& cía. este es el orden natural de las cosas, en el centro del cual está la conversión de títulos de la deuda pública en la “inversión” más rentable del país, algo que viene desde la década de los años noventas del siglo pasado, en especial del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

No es coincidencia que FHC sea un proponente histórico de la reducción de las dimensiones y de la influencia de las Fuerzas Armadas, plan que promueve desde los años ochentas del siglo pasado, con su participación en Diálogo Interamericano. Recuérdese también que en 1991 fue uno de los signatarios del “Pacto por un nuevo mundo”, iniciativa de la organización no gubernamental estadounidense World Resources Institute (WRI), la cual, entre otros temas del “Nuevo orden mundial”, proponía que los países de América Latina deberían reducir sus gastos militares para invertir, a cambio, en programas de prevención ambiental.

Durante su gobierno se empeñó en llevar a cabo dicha pauta, con lo que dejó a las Fuerzas Armadas a pan y agua. El presente plan contra el Ejército, evidenciado en textos como el de Seleme y otros publicados en las últimas semanas, tiene las huellas del ex presidente.

Por si fuera poco, es imposible  posible disfrazar la incomodidad de los alegatos del sistema financiero con el hecho de que la Fuerzas Armadas representan el retorno del protagonismo del Estado brasileño a las cuestiones referentes a la cuenca del Amazonas, de las cuales se había retirado deliberadamente en las últimas décadas, debido a la aquiescencia de los sucesivos gobiernos ante las ofensivas del movimiento ambientalista-indigenista internacional, que tiene por centro de sus planeas a Brasil. El orden del día es hoy la “financierización” de la temática ambiental, con la cuenca del Amazonas brasileña en un lugar destacado en el portafolio de las “inversiones verdes” de las altas finanzas nacional e internacional.

No causa sorpresa que este malestar se manifieste en otros sectores del piso superior nacional, como se constata en el extraño pedido de aclaración de la ministra Carmen Lucia, del Supremo Tribunal Federal (SFT), dirigido a la Presidencia de la República y al Ministerio de la Defensa para que expliquen el empleo de las Fuerzas Armadas en acciones en la frontera, en tierras indígenas y en unidades de conservación existentes en la Amazonía Legal.

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