El plan climático de Biden tiene una solución nuclear

Por Jonathan Tennenbaum

MSIa Informa, 23 de abril de 2021.-El presidente Joe Biden definió metas para que Estados Unidos alcance una producción de electricidad 100 por ciento libre de carbono (CO2) a más tardar en 2050.

Desde el punto de vista técnico es posible, ciertamente, reducir a cero las emisiones netas de carbono por la actividad humana y, al mismo tiempo, aumentar la productividad y la prosperidad de la economía mundial.

Este objetivo se puede alcanzar entera, o casi totalmente, con el empleo de la técnica que ya existe o que está a nuestro alcance. Podemos combinar:

–energía nuclear, fisión o fusión

–como máximo una proporción moderada (no más de 35 por ciento) de fuentes de energía renovables, entre ellas la energía hidroeléctrica;

–células de combustible de hidrógeno producido por fuentes de energía nuclear o renovables;

–propulsión naval nuclear;

–electrificación completa de los transportes terrestres con baterías y células de combustible de hidrógeno;

–conversión de procesos industriales que actualmente utilizan fuentes fósiles de calor por electricidad o hidrógeno;

–transición a la electricidad y a “combustibles limpios” en la calefacción doméstica y en las cocinas; y

–reforestación a gran escala, con medidas relacionada a aumentar la fotosíntesis del carbono, al lado de la posible remoción industrial a gran escala de CO2 de la atmósfera, así como el uso de carbono -extraído de la atmósfera- en materiales de construcción, como fibras de carbono y otros productos.

El transporte aéreo es uno de los renglones que entrañan más desafíos para las capacidades creadoras, pero las aeronaves movidas con hidrógeno, baterías y aeronaves eléctricas movidas con celdas de combustible de hidrógeno ya probaron ser viables e, inclusive, ya hay varios proyectos en marcha para comercializarlas.

Los progresos en superconductores de alta temperatura podrían mejorar este escenario de emisiones cero, entre otras formas, permitiendo el aumento radical de las relaciones potencia/peso y potencia/tamaño de motores y generadores eléctricos. Los motores eléctricos de aeronaves se pueden volver mucho menores, más ligeros y potentes.

Existen muchas otras consideraciones más, pero no hay espacio para analizarlas aquí.

Más importante: con respaldo suficiente para la investigación, en el contexto de inversiones en infraestructura a gran escala en todo el mundo, el fin de la era de dependencia de los combustibles fósiles se podría alcanzar sin austeridad y con un mínimo de medidas coercitivas por parte de los gobiernos. Los principales factores de impulso serían mayor eficiencia, menores costos y ventajas competitivas.

Este sería un proceso natural, guiado por la racionalidad, en lugar de la creencia casi fanática del futuro “apocalipsis climático”.

No obstante que los cambios climáticos pudieran tener efectos graves, no es hora para cometer el suicidio económico. Las economías fuertes están mejor equipadas para lidiar con el cambio climático y con las catástrofes naturales que las débiles. Y las economías más fuertes pueden invertir más en técnicas modernas, así como en medidas para aumentar su flexibilidad.

Los líderes chinos tienen razón al adoptar un punto de vista pragmático. A la par de sus inversiones en energías renovables y en energía nuclear, ambos, por mucho, las más grandes de cualquier país, China no tiene otra opción razonable, como no sea continuar con el crecimiento sólido del sector de combustibles fósiles.

Esto mismo se aplica a todas las naciones que están progresando aceleradamente. Ellas abandonarán gradualmente los combustibles fósiles, pues esto será ventajoso económicamente, pero, probablemente, no de forma precipitada. Al respecto, Biden fijó la meta de eliminar todo uso de combustibles fósiles para la generación de electricidad en Estados Unidos a más tardar en 2035.

Cerca de 60 por ciento de la electricidad generada en Estados Unidos en la actualidad proviene del carbón mineral, del gas natural y del petróleo. En quince años todo eso será sustituido por fuentes “100 por ciento limpias”.

Muchos consideran que esa meta es completamente irreal. Sin embargo, hay un precedente: la movilización de Francia para ampliar su capacidad de generación nuclear en respuesta a la crisis del petróleo de 1973.

La proporción de electricidad generada a partir de plantas nucleares aumentó de 7 por ciento en 1975 a más de 75 por ciento en 1990. Francia tiene las tarifas de electricidad más bajas de Europa Occidental -cerca de 40 por ciento más bajas que en Alemania y Dinamarca, los líderes de la energía eólica y solar.

Dada la voluntad política y con revivir lo que queda de su industria nuclear, Estados Unidos podrían hacer lo mismo, o hasta algo mejor. Los reactores de fusión nuclear de última generación prometen ser mucho más seguros y baratos que las antiguas plantas francesas y estadounidenses construidas hace 40 años.

La fusión nuclear podría ser mucho mejor, en la medida en que evita muchas de las desventajas de la fisión, e, inclusive, podría entrar en operación en un horizonte de 15 años, si Estados Unidos inicia un programa de grandes alcances como el Proyecto Apolo de los años sesentas.

Durante su campaña electoral, el mismo Biden comparó su movilización por la “energía limpia” con el Proyecto Apolo. Con algo de suerte, se podrían poner en operación hasta reactores de fusión de hidrógeno-boro baratos y compactos o reactores de plasma densa, cuya producción de radioactividad es prácticamente nula.

A su favor, el Presidente y, en menor medida, la vicepresidente Kamala Harris han declarado su apoyo a la energía nuclear. La energía de fisión nuclear representa hoy el 20 por ciento de la producción de electricidad del país.

En su programa oficial de campaña, Biden se comprometió a crear una nueva Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada sobre el Clima (ARPA-C, siglas en inglés), “para dirigir técnicas accesibles y revolucionarias para ayudar a Estados Unidos a alcanzar nuestra meta de energía 100 por ciento limpia”.

Las metas específicas para la agencia deberían incluir, entre otras cosas, “reactores nucleares modernos que son menores, más seguros y eficientes, por la mitad del costo de construcción de los reactores actuales”. Ya desde el comando de Trump, la Comisión Reguladora Nuclear y otras agencias estadounidenses comenzaron a tomar medidas para facilitar la introducción de reactores modulares pequeños.

En este punto, parece que el gobierno puede invertir recursos significativos en energía nuclear, hasta fusión. Si esto sucediera, produciría resultados que podrían llevar de vuelta a Estados Unidos a encabezar la exportación de tecnología de energía nuclear.

Es particularmente alentador el papel de las empresas y de los inversionistas privados en el desarrollo de los reactores innovadores. Todos ellos, prácticamente, poseen mecanismos de “seguridad pasiva”, lo que excluye accidentes graves, como el ocurrido en Fukushima.

Sin embargo, existe una oposición ideológica considerable a la energía nuclear en el ala izquierda del Partido Demócrata y, probablemente, en el mismo gobierno de Biden. Hay que agregar a esto el poderoso cabildo de intereses relacionados con las fuentes de energía renovables, que podrían perder con la expansión de la energía nuclear.

Hacer un esfuerzo amplio para la expansión de la energía nuclear dentro del horizonte de 15 años de la meta de “electricidad 100 por ciento limpia” anunciado por Biden, en los moldes de lo que se hizo en Francia, no sería fácil políticamente. El gobierno de Biden tendría que luchar por eso. Por otra parte, podría ganar el apoyo partidario, ya que 70 por ciento de la población estadounidense es favorable a la energía nuclear.

Hay también una buena oportunidad de que los esfuerzos encabezados por el sector privado, apoyado por el gobierno, puedan crear sistemas de fisión o de fusión capaces de producir electricidad de forma tan económica que sería imposible evitarlos económicamente.

Sin esto y sin inversiones forzadas en energía atómica, las opciones de Biden serían abandonar la meta de 2035 o someter al país a los escenarios de horror que hemos presenciado en California.

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