El peligroso juego de la guerra tarifaria

MSIa Informa, 12 de julio de 2019.-Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) declaró recientemente: “En el proteccionismo, los mercados parecen ver mucho más de lo que un daño a la economía. Ellos pueden ver un fenómeno mucho más amplio que pone en duda todo el orden multilateral construido después de la II Guerra Mundial. Las incertidumbres sobre las tarifas aumentan”. El riesgo, pues, es que la guerra de tarifas pueda degenerar en una guerra cambiaria.

Las oscilantes amenazas estadounidenses., “tarifas sin-tarifas no”, las venganzas, las suspensiones condicionadas y las tensiones resultantes, generan una inestabilidad que está siendo pagada por todo el sistema económico mundial y con la cual nadie gana, ni los EUA, ni China, y mucho menos Europa.

Además, Europa y, por consecuencia, Italia, ha perdido más que todos, directamente, con los aranceles impuestos a los sectores agroalimentarios y automovilísticos. Con razón, la Coldireti (Confederación Nacional de Sembradores Directos), principal representante del sector agrícola, teme que la “lista negra” estadounidense afecte fuertemente a las exportaciones agroalimentarias italianas hacia fuera de las fronteras de la Unión Europea (UE), en un orden de 4200 millones de euros.

Después de los sectores de acero y aluminio, la industria automovilística es el blanco número uno de los aranceles estadounidenses, en particular, las empresas alemanas, cuyas exportaciones haca los EUA llegan a 42 mil millones de dólares por año. Italia también es golpeada, pues su industria de autopartes tiene en Alemania un gran mercado de exportación. Sin hablar de que el país es el principal socio comercial de Italia.

Y hay también efectos indirectos, toda vez que las tarifas impuestas a China o a México afectan, sobre todos, los productos altamente tecnológicos, muchos de los cuales provienen de Europa.

Además de esto, una importante área de confrontación es a de la aviación civil, entre la estadounidense Boeing y la europea Airbus. Washington reclama por los subsidios proporcionados por la UE, pero omite que todos los sectores tecnológicamente importantes, tanto civiles como militares, siempre disfrutaron del sustancial apoyo del Estado. Y el presidente Donald Trump todavía tiene la osadía de llevar a controversia a la Organización Mundial de Comercio (OMC), la misma institución que boicotea cotidianamente.

Los aranceles sobre China, inicialmente del 10%, aumentaron un 20% sobre 200 mil millones de dólares de productos chinos, pudiendo llegar a una escalada peligrosa, con tarifas del 25% sobre otros 325 mil millones. Por su parte, Pekín anunció su respuesta sobre 60 mil millones de dólares en productos estadounidense, inclusive, importaciones de soy, la cual, hasta ahora, representaba un 60% de la producción estadounidense.

Una de las áreas de confrontación más peligrosa es la tecnología de la información, considerada un riesgo para la seguridad nacional de los EUA.

Como resultado, Trump se dispuso a crear problemas para la empresa china Hawei y otras similares. En respuesta, Pekín amenazó usar su posición como el mayor exportador mundial de las llamadas tierra raras, empleadas en una serie de tecnologías avanzadas.

Y no debe olvidarse que China detenta títulos del Tesoro de los EUA en una cantidad superior al billón de dólares.

Incluso la amenaza de Trump de aplicar 5% de aranceles sobre los bienes importados de México, y elevarla hasta un 25%, afectaría, entre otros, los sectores automotrices, de locomotoras y de televisión, donde los componentes europeos son bastante relevantes.

México es el tercer mayor socio comercial de los EUA, con más de 265 mil millones de dólares en exportación de mercancías. En los últimos años, muchas empresas estadounidenses llevaron sus fábricas hacia allá, con el objetivo de aprovechar el bajo costo de la mano de obra. Los efectos de los impuestos no solamente penalizarían a los exportadores mexicanos sino también a los importadores estadounidenses, lo cual, naturalmente, aumentaría los precios para los consumidores finales.

Con la cuestión del bloqueo a los flujos migratorios, la guerra arancelaria se volvería inmediatamente una guerra social con su consecuente desestabilización política. Trump, sin embargo, no pude ignorar que la cuestión de la inmigración tiene profundas razones económicas y sociales y dimensiones históricas.

Recientemente, los EUA removieron a India y a Turquía de la lista de socios comerciales privilegiado, forzando incluso a Nueva Delhi, siempre amiga de Washington, a reaccionar con contramedidas comerciales.

En los EUA, todavía, hay una creciente oposición a la política arancelaria, retratada por la campaña “Tarifas perjudican al corazón”, apoyada por 150 organizaciones de varios sectores productivos, para los cuales las tarifas afectan al corazón del país y generan riesgos, como la pérdida de 2 millones de empleos.

Sin embargo, no escapa el hecho de que la intención de Trump es la de golpear a la UE.

En Londres, convocó explícitamente a la Gran Bretaña a salirse de la UE y ofreció acuerdos comerciales con muchos privilegios. Pero la cuestión trasciende en mucho la actitud de Trump. Es evidente que está en juego una estrategia de la alta finanza y los intereses geopolíticos sustanciales de aquel sistema que es llamado, desde la época del presidente Dwight Eisenhower (1953-1961) el “complejo industrial-militar” estadounidense.

Aunque manteniendo estrechas relaciones con los EUA, nuestro aliado histórico, la UE debe contestar a ciertos proyectos del unilateralismo prevaleciente en el otro lado del Atlántico. En vez de esto, podría convertirse en el pivote principal para la creación de un nuevo sistema monetario internacional basado en una canasta de las monedas más importantes.

Así, podría desempeñar una importante función de equilibrio geoeconómico y geopolítico entre los principales actores internacionales de la actualidad.

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