El llamado de Francisco a la regulación de las finanzas internacionales

El hecho de que, frente al descontrol de las finanzas especulativas, sea necesario “recurrir a la oración” es una bofetada moral a los gobiernos e instituciones económicas internacionales encargadas de controlar y regular la economía, la circulación del dinero y los sectores financieros.

Es, sin embargo, la admisión de su capacidad de intervenir y la sumisión al “mercado sin ley” y al más inescrupuloso laissez-fare.

Ante lo intolerable de la situación, el Papa Francisco se vió compelido a esclarecer a los fieles y los laicos la situación mediante un video dedicado a la oración por las “finanzas justas, incluyentes y sustentables”.

Su santidad afirma que “mientras la economía real, que crea empleos, está en crisis – ¡cuántas personas están sin trabajo! – Las finanzas, si no reguladas, se vuelven pura especulación animada por políticas monetarias. Esta situación es insostenible. Es peligrosa. Para evitar que los pobres vuelvan a pagar las consecuencias, la especulación financiera debe ser estrictamente regulada”.

Francisco recuerda que las finanzas deben ser un herramental para servir a las personas y cuidar de la casa común y ´pide que “los líderes financieros colaboren con los gobiernos, para regular los mercados financieros y proteger a los ciudadanos en peligro”.

En la práctica el Pontífice retoma el discurso iniciado en 2015, con la encíclica Laudato Sí, en la cual afirma que “las finanzas sofocan la economía real. La lección de la crisis financiera global no fue aprendida”.

Según Francisco, no se trata de teorías económicas, sino de su aplicación fáctica en la economía. El mercado, por sí sólo, no puede garantizar el desarrollo humano integral y la inclusión social, ni la protección al medio ambiente y los derechos de las futuras generaciones.

En la encíclica, afirma: “La política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma de la eficiencia de la tecnocracia…El rescate de los bancos a cualquier costo, haciendo que la población pague el precio, sin una firme decisión de revisar y reformar todo el sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas, que no tiene futuro y que solamente puede generar nuevas crisis, después de una cura larga, cara y aparente”.

La crisis financiera de 2007-08 es la prueba de esto: habría sido una oportunidad para desarrollar una nueva economía, no solamente más atenta a los principios éticos, sino, sobre todo, para reglamentar la actividad financiera especulativa y la riqueza virtual. Por desgracia, esto no ocurrió.

Claro, esas son ideas que Francisco ha repetido constantemente, como lo hizo en la reciente encíclica Fratelli tutti y con gran valentía, en una carta enviada a la reunión del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) celebrada en abril pasado. Ahí afirma que “es hora de reconocer que los mercados –especialmente, los financieros, no se gobiernan. Los mercados deben ser apoyados por leyes y reglamentos que aseguren que operen para el bien común, garantizando que las finanzas –en lugar de ser solamente especulativas o se oriente apenas por sí mismas-operen en dirección hacia los objetivos sociales, que son mucho más necesarios en el contexto de la actual emergencia global de salud”.

Vale la pena enfatizar que la prédica del Papa tuvo algunos oídos atentos. La Federación Italiana de bancos de Crédito Cooperativo (Federcasse), una red de 250 bancos cooperativos comunitarios, con 1.3 millones de miembros, la tomó como suya, en su misión de actuar en favor de las familias, pequeños empresarios y artesanos y de negocios locales. A este respecto, el director general Sergio Galli reiteró que “es necesario desarrollar nuevas formas de economía y finanzas, que estén realmente orientadas hacia el bien común y que respeten la dignidad humana”.

Naturalmente, los problemas enfrentados por el Pontífice son tales que imponen objetivamente decisiones rápidas y rigurosas a los gobiernos. En las últimas semanas, por ejemplo, ha ocurrido un fuerte llamado por la limitación de las patentes de vacunas contra la Covid-19, tema que necesita ser abordado. Considérese que, mientras en los países industrializados, una de cada cuatro personas ya recibió por lo menos una dosis de la vacuna, en los países pobres el índice cae hasta una en 500. El caso más impactante es el de India, donde se producen el 70% de las vacunas del mundo, pero para exportación y no para sus ciudadanos.

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