El G-20 se atora, mientras que los BRICS avanzan

Maro Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma

“La situación económica global es difícil y el riesgo de quiebras persiste, como lo indica las fluctuaciones de los precios de las commodities y la baja inflación en muchas economías…La volatilidad excesiva y los movimientos desordenados de las tasas de interés tienen implicaciones adversas para la estabilidad económica y financiera”.

Estos son tópicos en la introducción a la declaración final de la reunión de los ministros de Hacienda y gobernadores de los bancos centrales del G-20, ocurrida el 24 de julio, celebrada en Chendgu, China. Ahí se señala la volatilidad financiera y la incertidumbre económica, que el G-20 atribuye, sobre todo a los conflictos geopolíticos, terrorismo, migraciones y, en última instancia a los efectos del “Brexit”.

Todas son causas políticas, que, evidentemente, no pueden ser ignoradas. Pero, en apariencia, se le dio poca atención a los mecanismos financieros que, pensamos, son las verdaderas causas de la persistente crisis. En cuanto a lo demás de la declaración, cansa leer las habituales alocuciones, “saludamos” y “reconocemos”, que, por desgracia, denotan una clara falta de iniciativas reales y programas de eficaz intervención.

Esto se manifiesta de forma todavía más evidente si se compara la reunión del G-20 con las otras dos grandes conferencias realizadas en China, pocos días antes, del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), al cual Italia también se asoció.

En Shanghái, se realizó la reunión anual del NBD, dedicada al financiamiento de la gran infraestructura. El Banco se destaca, claramente, como una alternativa al Banco Mundial y pretende levantar más capital, tanto para inversiones en infraestructura como para financiar las políticas de integración económica entre los países del grupo. Además, se dijo abiertamente que pretende desempeñar un papel mayor en la “gobernanza económica global”, inclusive, para imprimir una nueva orientación al sistema financiero global.

En verdad, son las necesidades objetivas que imponen las nuevas opciones. India, por ejemplo, necesita casi 1.5 billones de dólares en inversiones, en los próximos diez años, para corregir sus deficiencias en infraestructura. Esta será una de las principales áreas de desarrollo mundial.

El NBD colocó cerca de mil millones de dólares en proyectos de energías renovables en los países miembros de los BRICS, además de estar probando su capacidad de operar en forma eficaz con nuevos instrumentos financieros de largo plazo, para generar préstamos a instituciones públicas y privadas. El banco ya emitió títulos de cinco años denominados en yuanes y tasas de 3.07%, en cantidad equivalente a cerca de 500 millones de dólares, orientados a la economía “verde”.

De la misma manera, se sabe que el primer ministro chino Li Keqiang invitó a las seis grandes agencias económicas internacionales –Organización Mundial de Comercio (OC), Organización Internacional del Trabajo (OIT), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Consejo de Estabilidad Financiera, Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI)- para que se reúnan en Pekín, con el objetivo de discutir el inminente peligro representado por las actuales fluctuaciones financieras globales y la necesidad de regular el “sector bancario sombra”, incluyendo al chino.

En su reunión anual, realizada a finales de junio, en Pekín, el AIIB, encabezado por China, manifestó la intención de reunir otros 100 países, con el objetivo de convertirse en la mayor institución multilateral de crédito de las economías emergentes. Bajo esta óptica, el banco también pretende llegar al liderato mundial en el financiamiento de grandes infraestructuras, área en la que se considera que China ya sobrepasó a los Estados Unidos en el financiamiento de grandes proyectos internacionales de infraestructura.

Pensamos que, a la luz de datos oficiales, la finanza internacional se encuentra en vías de una vasta transformación. En abril de 2015, Larry Summers, quien fuera secretario del Tesoro en el gobierno de Clinton, reconoció que el AIIB tendría efectos devastadores para la hegemonía de los Estados Unidos y, de hecho, su creación representaba “el momento en que los EUA perdieron el papel de fiador del sistema económico global”.

Por lo tanto, es necesario reiterar que un nuevo sistema monetario internacional basado en una canasta de monedas es todavía más esencial y urgente.

Hasta ahora, China ha operado con extremo realismo. Además de uso del yuan y de otras monedas locales, muchos préstamos todavía son emitidos en moneda estadounidense. Pero el AIIB ya opera en toda el área asiática y está listo para actuar en otros continentes. Ciertamente, la concretización de la red de infraestructura de la llamada “Nueva Ruta de la Seda” sigue siendo absoluta prioridad y el banco también financia un amplio programa de inversiones, que incluye una construcción habitacional en Indonesia, la construcción de carreteras en Pakistán y en Tajikistán, la electrificación de áreas rurales de Bangladesh y otras.

Es evidente que además de una reorganización financiera, son las políticas de desarrollo que pueden afectar las condiciones de vida y trabajo, particularmente, en países pobres, contribuyendo así para contener el drama diario de las migraciones que hemos presenciado desde hace algún tiempo.

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