El escándalo Navalny: La necesidad de actuar con prudencia

MSIa Informa, 01 de octubre de 2020.-Las relaciones Este-Oeste nunca han pasado por  más confusión y caos que con la situación creada por el escándalo de Alexei Navalny, el opositor ruso que sufrió un colapso físico durante un vuelo y fue hospitalizado en Omsk, para ser transferido después al hospital Charité de Berlín a fin de recibir un tratamiento adicional. Los médicos del Charité anunciaron que habían encontrado vestigios del gas nervioso “Novichok”. El laudo fue confirmado por un laboratorio militar sueco y por otro francés, por lo cual el gobierno alemán entregó los resultados a la Organización para la Proscripción de Armas Químicas (OPAQ) en la Haya. Navalnyya fue dado de alta y recibirá un tratamiento fisioterapéutico.

Este escándalo es un giro de dirección en las relaciones entre Rusia y Occidente, en particular en las relaciones de Rusia con Alemania. En unas cuantas semanas se trazó la línea  del caso en la prensa europea, alemana y estadounidense: debería responsabilizarse directamente al presidente ruso, Vladímir Putin, del ataque a Navalny (que en todo recuerda a lo sucedido a los Skripal, padre e hija, en Inglaterra, en 2018) y Rusia tendrá que enfrentar las consecuencias estratégicas y económicas de ello, incluso sanciones más severas y la probable cancelación del casi concluido gasoducto Nord Stream 2, exigido por el Parlamento Europeo y por diferentes políticos alemanes.

¡Ese escenario significa en esencia el congelamiento de hecho de todos los canales de diálogo alemanes y europeos con Rusia! Es decir, tres décadas después de la caída del Muro de Berlín y de la reunificación alemana (que se celebrará el 3 de octubre que viene), las relaciones europeas y, en particular, las alemanas con Rusia ¡están hechas añicos!

Lo más estremecedor fue el tono adoptado por destacados   políticos alemanes, en particular, al inicio del escándalo, de la misma canciller, Angela Merkel, quien afirmó que no tenía dudas de que Navalny había sido envenenado, y del ministro de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, que se hizo eco de varios políticos prominentes del CDU, el partido en el gobierno, y del Partido Verde, que pidió la cancelación del Nord Stream 2. La única resistencia determinada contra la histeria partió de los primeros ministros de los cinco estados federales de Alemania Oriental (Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia, Mecklenburgo-Pomerania Occidental y Brandenburgo), que manifestaron enfáticamente la discordancia con dicha línea de acción, a la que consideraron una respuesta totalmente inadecuada.

Voces de cautela y razón

No obstante, se han escuchado  voces sensatas, tanto de los círculos de pensamiento estratégico como de la industria alemana. Una de ellas es la del doctor Horst Teltschik, ex asesor de política exterior del canciller Helmut Kohl. Teltschik exhortó a Alemania y a Francia, en una entrevista concedida al periódico Die Welt el 23 de septiembre, a realizar esfuerzos de mediación con Putin y a no sacar conclusiones apresuradamente para culpar de todo esto al Presidente ruso.

Al ser interrogado sobre quién pensaba él que sería el responsable del ataque, Teltschik respondió: “Si la orden de tal acto provino de la cima, no sabemos. El aparato del liderato ruso es enorme; existen varios niveles dentro del gobierno y de los servicios secretos”. La sospecha de la participación de la cúpula también puede incluir a algunos oligarcas o “representantes de las estructuras de poder”, para las cuales Navalny podía haberse vuelto peligroso por sus revelaciones. Para él, ciertamente, “ese ataque es un desastre para las relaciones entre Rusia, Estados Unidos, Alemania y los europeos”. Resaltó que Putin, al evitar toda declaración al respecto, puede haber deseado “trazar una línea entre él y el escándalo. No quiere aumentar la estatura de la oposición rusa, y es por eso no menciona el nombre de Navalny”.

Cuando se le preguntó cómo debería actuar el gobierno alemán, él, que conoce bien al presidente Putin, respondió:

“Para algunos soy llamado ‘entendedor de Putin’. Esta fórmula se considera una crítica y eso es absurdo. Antes de decir cualquier cosa, se debe entender algo sobre un país y sus principales representantes. Estuve involucrado, por ejemplo, en la preparación del discurso que Putin pronunció ante el Parlamento alemán en 2001. En aquel momento el apeló por una relación estrecha entre Europa y Rusia; inclusive estaba abierto a formar parte de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). En los años siguientes sintió que no se le tomaba en serio en Occidente y que fue humillado, como también afirmó durante una conversación confidencial. En esa época, en especial, la declaración del presidente (Barack) Obama en la que calificaba a Rusia de “potencia regional” había herido profundamente la autoconciencia rusa. Su decepción se expresó en el discurso que pronunció en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007, en la que participó luego de que yo lo invitara”. (Teltschik fue presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich hasta ese año –E.H).

Teltschik subrayó que es fácil acusar a Putin y calificarlo de ser el “malvado ruso”, pero “a pesar de las diferencias, el objetivo de la política de Alemania debe ser buscar el diálogo de socios”.

Se le preguntó si Putin no es un autócrata y enemigo de la democracia. En su respuesta señaló la realidad a que se enfrenta el Presidente ruso:

“Todo indica que él piensa que un país tan grande como Rusia, con 89 unidades administrativas, sólo se puede dirigir y mantener junto por un autócrata. Para él, la disolución de la Unión Soviética representó la mayor catástrofe del siglo XX. Su principal preocupación es que eso pueda suceder también con la Federación Rusa. En estas circunstancias, Putin teme las llamadas “revoluciones de color”, como las que ocurrieron en Ucrania y en Georgia. Para él, la “cohesión de la Federación Rusa” es una cuestión clave. En términos de la futura estabilidad y responsabilidad de Rusia, una cuestión clave es quién podría suceder a Putin. Con la reforma constitucional, Putin garantizó su poder mucho más allá del actual mandato. Podría permanecer como presidente de ahora hasta 2036. Lo decisivo no es cuándo ocurrirá el cambio, sino si se podrá encontrar el sucesor apropiado. Como sucedió con su antecesor, Boris Yeltsin, de eso dependerá su seguridad personal y la de su clientela del poder político”.

Dirk Banse, el periodista que hizo la entrevista, le preguntó si la anexión de Crimea, la guerra en el Este de Ucrania, la invasión cibernética del Parlamento alemán, la interferencia en las elecciones y el asesinato de opositores –actos de los que se culpa a Putin- no serían motivos para una reacción más fuerte de Occidente. Teltschik respondió con su experiencia personal:

“Durante la Guerra fría tuvimos que construir relaciones estrechas con representantes políticos de la Unión Soviética. Esa guerra amenazaba con convertirse en la Tercera guerra mundial. Cuando Kohl llegó al cargo de canciller, en 1982, le aconsejé escribirle una carta al secretario general del Partido Comunista, Yuri Andropov, y exigirle el establecimiento de relaciones constructivas. A pesar de sus amenazas de guerra, el canciller Kohl, el ministro de Relaciones Exteriores (Hans-Dietrich) Genscher y yo pudimos encontrarlo medio año después. De la misma forma, el “hielo” con el último presidente del partido, Mijaíl Gorbachov, de quien todavía soy amigo, tuvo que ser quebrado por la habilidad diplomática. Al final tuvimos la reunificación alemana y el desarme mundial. En una carta enviada a mí, en mi octogésimo aniversario, en junio de este año, Gorbachov me escribió para decirme que compartía mi opinión de que hay una necesidad urgente de détente”.

Sobre lo qué piensa sobre nuevas sanciones contra Rusia, incluso la suspensión del Nord Stream 2, subrrayó: “Dada mi experiencia política personal, soy muy escéptico sobre si las sanciones son útiles. Estados Unidos tiene 60 años imponiendo sanciones a Cuba sin éxito. (…) Las sanciones, en primer lugar, afectan a los ciudadanos, no a los culpables. Y, si vemos la Historia, sabemos cómo se le da la vuelta a las sanciones”.

La opción sugerida por Teltschik es que “las relaciones alemán-rusas deben hacerse más intensas” en el aspecto sociopolítico. Esto incluye la promoción de intercambio de jóvenes y de estudiantes, proyectos culturales, así como sociedades con ciudades. Los jóvenes rusos de entre los 22 y los 25 años deberían poder viajar a Alemania sin necesidad de visa. Sin hablar de la necesidad de “cooperación económica, científica y técnica”.

De acuerdo con Teltschik, por el momento, Putin “no actúa con una posición de fuerza, sino que enfrenta una situación interna frágil. Sé que él aprecia mucho a Merkel. Ella puede llamarlo a cualquier hora”. Para él sería constructivo si la Canciller alemana y el Presidente francés, Emmanuel Macron, buscasen a Putin para conversar de las tensas relaciones ruso-europeas.

Para terminar, afirmó que, con el predecesor de Emmanuel Macron, Francois Hollande, Merkel logró negociar el acuerdo de Minsk con Putin y el ex presidente ucraniano Petro Poroshenko, y poner fin al conflicto de Ucrania.

Algunas personas en Washington pueden estar celebrando

En un comentario para el sitio Russland-Kontrovers, el conocido “kremlinólogo” alemán Alexander Rahr presentó la hipótesis de que, tal vez, Macron, que en las últimas semanas estuvo proponiendo la inclusión más activa de Rusia en una arquitectura de seguridad europea, habría actuado diferente de Merkel.

“Él habría argumentado, probablemente, a favor de una investigación conjunta con el Ministerio Público de Rusia y no habría usado la misma retórica dura inicial de Merkel”. Observó, sin embargo, que la misma Merkel ya había hablado a favor de una “coexistencia” con Rusia en el continente europeo.

Parra Rahr, “como una potencia líder en Europa, en los últimos meses, Alemania trató de hacer que Europa se emancipase de Estados Unidos. Berlín reconoció que Estados Unidos habían perdido el interés en una relación de sociedad con Europa y ser vasallos no le interesaba ni a Berlín ni a París. Tanto Macron como Merkel querían darle forma a una nueva política europea independiente hacia Rusia, a fin de poder enfrentar con Moscú los nuevos desafíos que vienen de Oriente Medio y Próximo. Ahora todo eso se acabó”. Desde su punto de vista, “algunas personas en Washington se deben estar regocijando y bebiendo champán”.

Rahr observa que:

“Probablemente, el escándalo Navalny desembocara en un nuevo rearme de la OTAN a lo largo de la frontera occidental de Rusia, en el congelamiento de las negociaciones del formato de Normandía y del acuerdo de Minsk relativo al Este de Ucrania. No va a haber ningún progreso ente la Unión Europea y la Unión Económica Euroasiática. La idea de un espacio común entre Lisboa y Vladivostok está distante. Mientras Rusia permanezca excluida del G-7, las sanciones serán todavía más rígidas, y el deseo del presidente Putin de que los jefes de Estado de la estructura permanente del Consejo de Seguridad de la ONU trabajen más íntimamente para darle forma al nuevo orden mundial pacífico (reiterado por él en su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas –E.H.) se está transformando en una ilusión. Aunque Alemania hubiese pensado en vincular más a Rusia a Europa, durante su presidencia del Consejo Europeo, ahora eso se está convirtiendo en un paso más hacia el enfrentamiento con Rusia. En cuanto a eso, Alemania está firmemente integrada a la OTAN y a la solidaridad transatlántica”.

Estados Unidos ve a la Unión Europea como una “competidora y la forzará a someterse a los intereses de la seguridad de Estados Unidos”, mientras que el Reino Unido se convierte en un socio junior de Estados Unidos y, en el futuro, China, Estados Unidos y Rusia pueden aspirar a dividir Europa en su propio beneficio, dijo Rahr.

Sin embargo, al mismo tiempo, manifiesta la esperanza de que no será demasiado tarde para corregir la situación tan negativa que está surgiendo ahora, en lo que toca a un “nuevo orden de seguridad europea”, 100 años después de la Primera guerra mundial y 80 años después del estallido de la Segunda guerra mundial. Sería extremadamente triste y trágico que el escándalo Navalny condujese a la ruptura histórica de las relaciones germano-rusas, dijo. Es cierto, “hasta ahora, la relación especial entre Rusia y Alemania evitó que Rusia y Occidente fuesen arrastrados a la Guerra fría”.

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