El desastre de Texas “congela” las quimeras liberales y ambientales

MSIa Informa, 25 de febrero de 2021.-La ola de frío que congeló, literalmente, a Texas entre los días 7 y 17 de febrero y que causó 47 muertes y daños estimados en decenas de miles de millones de dólares, expuso con dramática intensidad la diferencia que existe en el mundo real y las falacias que predominan en torno a la dinámica de nuestro plantea y la organización económica del mundo.

La realidad es que la dinámica planetaria, en especial la meteorología y climática, y el comportamiento de la economía real son sistemas complejos, cuyo funcionamiento ha escapado a los modelos teóricos ideológicos en las últimas décadas.

En cuanto a la problemática climática, en el episodio texano, de inicio, salta a la vista lo inadecuado de los modelos de análisis del tiempo meteorológico y del clima que parten del concepto erróneo de que las emisiones de carbono de las actividades humanas estarían calentando irregularmente la atmósfera del planeta. El resultado son los pronósticos escandalosamente equivocados y las justificaciones de la insidiosa “descarbonización” de las fuentes energéticas de todo el mundo, lucrativa para algunos, pero perjudicial y potencialmente peligrosa para muchos, como los texanos lo acaban de comprobar.

El 21 de enero, el canal meteorológico “Weather Channel” divulgó el siguiente pronóstico para las tendencias de las temperaturas de Estados Unidos, en febrero:

Por ironía, Texas estaba en el centro del área que apuntaba a temperaturas “muy por encima del promedio” (much above average), con una pequeña parte de su territorio dentro de la faja más amplia de “encima del promedio” (above average). Tres semanas después, el 13 de febrero, la realidad se mostraba muy distinta, y por medio de un Twitter el canal advirtió: “Se esperan condiciones frías para el interior de la nación para el inicio de la semana entrante. Centenares de registros récord de temperatura están amenazados”.

Dos problemas

La ola de frío estaba lejos de ser inusitada, pues Texas ya ha enfrentado situaciones semejantes en los años ochenta del siglo pasado y antes sin efectos tan significativos como los de hoy. La diferencia principal, causada por la reducida flexibilidad de la infraestructura y de la capacidad de respuesta de los texanos a la emergencia, nos lleva a la avasalladora ideología neoliberal de las últimas décadas, la cual desreglamentó la economía en general y sometió los servicios públicos a los dictámenes de los mercados financieros, lo que convirtió un servicio esencial como la energía eléctrica a una mera mercancía sujeta a la idiosincrasia y a los caprichos de estos últimos.

Además, Texas se adhirió con firmeza a la “ola” de descabonización de la matriz energética para favorecer con fabulosos subsidios la generación eólica y solar de electricidad, que responden, respectivamente, a 23 y 2 por ciento de la generación del estado, expansión que se aceleró en los últimos 15 años y que se dio, principalmente, en detrimento de las termoeléctricas a carbón.

Como es sabido, los generadores eólicos y los paneles solares tienen capacidad intermitente y, por consiguiente, no se deben considerar como energía de “base” o de generación continua, privilegio que le corresponde a la centrales termoeléctricas, nucleares e hidroeléctricas. Sin embargo, los jugosos subsidios y los dividendos políticos del supuesto combate de los cambios climáticos han tenido el don de producir una arriesgada mezcla de falta de sentido común y de criterios consagrados en más de un siglo de uso comercial de la electricidad. Por razones de mercado, la red eléctrica texana tiene poca conexión con el resto del país, lo que dificultó todavía más la respuesta a la ola de frío.

Para completar el cuadro, gran parte del gas natural que no se utilizaba se exportó a México, operación favorecida por una reforma energética promovida por el país vecino desde principios de siglo, en nombre de la supremacía de la eficiencia de los mercados.

Estos son los elementos de la “tempestad perfecta” que se abatió sobre el orgulloso Estado de la Estrella Solitaria.

Entre el 8 y el 10 de febrero, con los termómetros registrando caídas bruscas de temperaturas entre los 15 y 20 grados bajo cero, muy por debajo de la media esperada para el mes, la mayoría de los aerogeneradores del estado se congelaron, lo que redujo casi 20 por ciento la generación de electricidad y el aumento de la tensión en las líneas de trasmisión. El problema generó un efecto dominó que afectó directamente al resto de la red, lo cual provocó la desconexión automática de varias centrales. Las plantas de reserva se accionaron de inmediato, básicamente termoeléctricas a gas natural y nucleares, pero varias de ellas tuvieron problemas para funcionar y demoraron conectarse a la red, algunas más de un día. El resultado fue un vasto apagón que dejó gran parte del estado a oscuras y con un frío congelante en algunas zonas durante días, cuadro empeorado por el rompimiento de muchas tuberías de agua.

El día 17, sin respetar los acuerdos previos, el gobernador del estado, Greg Abbott, suspendió las exportaciones de gas a México durante cuatro días, lo que afectó directamente el abastecimiento en los estados vecinos de Texas y demostró, por enésima vez, que en situaciones de crisis el libre mercado suele regresar a la vieja condición de sálvese quien pueda.

Para muchos texanos, además de la oscuridad y del frío, la situación se tornó calamitosa con llegada de cuentas de consumo de electricidad estratosféricas, de hasta cinco dígitos, a causa del extraño mecanismo de tarifas fluctuantes que ofrecen algunas empresas, las cuales dependen del costo de la energía comprada por ellas en el “mercado libre”. En Dallas, el veterano del Ejército Scott Willoughby recibió una cuenta de 16 mil dólares por el suministro de energía de tan sólo unos días.

En su defensa, la abastecedora Griddy afirmó que había avisado a los clientes la modalidad de la elevación de las tarifas, pero es sencillamente inhumano un mecanismo de tarifas que no merecen otro calificativo que la extorsión y, no menos, en una estructura política e institucional que lo legalice. Tales son las maravillas del “libre mercado”.

Desesperados, en la oscuridad y el frío e indefensos ante las extorsiones, muchos Texanos llegaron a quemar sus muebles para calentar sus hogares. Una marga ironía en el segundo estado más poblado y rico de Estados Unidos, cuyos dirigentes, todavía en enero, se ufanaban de que, si fuesen un país independiente, tendrían la novena economía del mundo.

En palabras del gobernador Abbott: “La posición de Texas como la novena economía más grande del mundo se debe a los hombres y mujeres del Estado de la Estrella Solitaria, que trabajan duro, a nuestro compromiso con la libertad económica, a nuestra infraestructura la más moderna y al clima de negocios. En la medida en la que cultivemos un ambiente de crecimiento y oportunidades, Texas seguirá construyendo un futuro todavía más brillante para todos los texanos” (subrayado nuestro) (CISION PR Newswire, 27/01/2021).

No hay demostración más icónica de la intolerable visión del mundo que justifica semejante inhumanidad y alejamiento de la realidad que el ultrajante mensaje por Twitter del alcalde de Colorado City, Tim Boyd. El día 16, mientras sus conciudadanos se enfrentaban como podían a los problemas de falta de energía, calefacción y agua, escribió en su blog (mayúsculas en el original):

“¡Permítanme herir algunos sentimientos mientras me quede un minuto! ¡Nadie te debe nada ni a ti ni a tu familia; tampoco es responsabilidad del gobierno local apoyarte durante tiempos como estos! ¡Ahogarte o nadar es decisión tuya! ¡La ciudad y municipio no te deben NADA! ¡Estoy harto y cansado de personas que buscan una maldita limosna! Si no tienes electricidad, ve y haz un plan para mantener a tu familia caliente y segura. Si no tienes agua, arréglatelas sin ella y piensa fuera del problema para sobrevivir y dotar de agua a tu familia. ¡Si estás sentado en casa con frío porque no tienes energía, y estás sentado en espera de que alguien venga a socorrerte, porque eres perezoso, es resultado directo de cómo fuiste criado! Sólo los más fuertes sobrevivirán y los débiles perecerán. Amigos, Dios nos dio las herramientas para socorrernos a nosotros mismo en tiempos como este. Esto es, tristemente, un producto de un gobierno socialista (sic), donde ellos alimentan a las personas para creer que los POCOS van a trabajar y los otros serán dependientes de las limosnas. ¡Lamento que no tengan electricidad ni agua; sí! ¡Pero que caiga sobre mí una maldición si voy a ayudar a alguien que no sea capaz de hacer eso por sí mismo! ¡Perdemos de vista a los necesitados y a aquellos que se aprovechan del sistema y los ponemos en el mismo grupo! ¡Por último, deja de llorar, levántate y cuida de tu familia! ¡En suma: ¡NO SEAS PARTE DEL PROBLEMA, SE PARTE DE LA SOLUCIÓN! “(CBS News, 18/02/2021)

La ola de indignación por el tal ‘tuit’ produjo la renuncia de Boyd al cargo.

Las consecuencias para México

Con el Norte de México igualmente afectado negativamente por la ola de frío y ante la interrupción del abastecimiento de gas natural de Texas para las termoeléctricas que abastecen a la región (y casi dos tercios de la electricidad generada del país), el gobierno mexicano se vio obligado a adoptar medidas de emergencia para hacer frente a la crisis. Los estados más afectados fueron Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sonora, Sinaloa y Durango, sometidos a apagones rotativos para evitar el desplome de la red eléctrica, como ocurrió en Texas.

El día 12, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) encendió la alerta ante un aumento de 200 por ciento de los precios del gas texano, e inició gestiones inmediatas para buscar otros abastecedores, mientras que se ponían en marcha 20 plantas termoeléctricas, hidroeléctricas y solares, que funcionan como respaldo de la red.

Dos días después, el frío aumentó y algunas termoeléctricas a gas del Noroeste se detuvieron, seguidas al día siguiente por otras del Norte.

El día siguiente los cortes estadounidenses llegaron a 61 por ciento, al mismo tiempo que los precios se disparaban para llegar de dos dólares por BTU (British Termal Unit) a los espantosos 944 dólares ¡un aumento de 10 000 por ciento en menos de una semana!

Al mismo tiempo se pusieron en actividad otras 11 termoeléctricas a petróleo, carbón y gas importado a toda prisa por barco.

La red eléctrica mexicana volvió a operar a plena carga el día 18, con una reserva de 5 000 megavatios sobre la demanda máxima de 33 000 MW, suficientes para suplir la falta de gas importado de Estados Unidos,

En entrevista a la red de noticias RT, el director de la CFE-Energía, Miguel Reyes, explicó el origen del problema:

“¿Por qué es una hazaña lo que se hizo los últimos días? Porque la generación de electricidad en México hoy en día depende fundamentalmente del gas natural. Tanto la CFE como México, por decisiones de administraciones pasadas, generan una dependencia del gas natural, porque hicieron una conversión tecnológica de muchas de nuestras plantas generadoras, pero, además, no vinculada al gas natural producido en el país, porque se abandonó la industria petrolera nacional, sino al gas natural importado de Texas. De ahí viene el problema” (RT, 18/02/2021).

Según él, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador está obligado a seguir importando gas natural, a causa de los contratos firmados en los gobiernos anteriores, con duración de entre 15 y 24 años, para justificar la operación de una red de gasoductos privados. Los contratos establecen también que la CFE no puede invertir en el almacenamiento de gas, lo que obliga a contratar el servicio de empresas privadas.

Sin medias tintas, López Obrador puso el dedo en la llaga: “Con la política neoliberal, como el propósito era la privatización, en lugar de que el sector se mantuviera integrado, fue separado… Este era el propósito, ir desmembrando todo el sistema y la industria eléctricos” (RT, 18/02/2021).

Desde el inicio de su mandato, en 2018, el mandatario está empeñado en una profunda “contrarreforma” del sector energético mexicano, que incluye la reactivación de termoeléctricas a carbón (se puede esperar la gritería del aparato ambientalista internacional) y la limitación de la participación de empresas privadas en el sector.

Luego de 17 horas de agrias discusiones, la Cámara de diputados aprobó el 23 de febrero la Ley de la industria eléctrica, que recupera la primacía del Estado nacional en la generación de electricidad y acaba con los subsidios para las empresas privadas del sector. La ley fue aprobada por 289 votos de los partidos de base de apoyo del gobierno contra 152 de la oposición, a la que, sin sorpresa, se sumó el Partido Verde.

“Hoy recuperamos parte de la soberanía que los gobiernos neoliberales entregaron a empresas privadas a cambio de sobornos, traicionando al pueblo de México. Con esa reforma, recuperamos la prioridad del interés público sobre el interés privado”, sintetizó el diputado Daniel Gutiérrez de Morena, partido de López Obrador (La Jornada, 24/02/2021).

El proyecto de ley todavía tiene que ser aprobado en el Senado antes de ser presentado al presidente de la República para su aprobación.

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