El desafío del euro digital

MSIa Informa, 11 de junio de 2021.- El euro digital está en camino. El Banco Central Europeo (BCE) estudia desde hace algún tiempo el método de emisión y gestión de la nueva moneda y recientemente ha publicado un informe preliminar sobre el asunto. En varios países europeos se están realizando pruebas para evaluar la complejidad de la operación.

En el Viejo Continente, se están preparando también sistemas de pago instantáneo, con disponibilidad inmediata de los recursos mandados, los cuales deben entrar en operación hacia finales del 2021. Se han realizado varias etapas y consultas públicas para redefinir las reglas, controles y toda la legislación relacionada. Inclusive, para llenar al BCE del poder de someter a control los llamados “proveedores de tecnología” (fintechs), introductores de nuevas tecnologías relacionadas con pagos y todas las otras transacciones financieras digitales.

Al final, no puede ignorarse el fenómeno de loa digitalización de los sistemas de pagos, comenzando por las compras privadas. En 2019, los adultos de la zona del euro hacían, en promedio, dos pagos por día. En un año, se registraron 213 mil millones de transacciones de pagos, con un valor estimado de 164 mil millones de euros. De estas transacciones, 73% se efectuaron con dinero, correspondiendo al 48% del valor en euros, menos que en 2016, cuando las dos proporciones fueron, respectivamente, 79% y 54%. El restante, cerca de 24% en volumen y 41% en valor, se operó con tarjetas de crédito.

Dos de los principales servicios financieros y operadores de tarjetas de crédito, VISA y Mastercard, ambos con sede en Estados Unidos, administraron dos tercios de todos los pagos con tarjetas de crédito en la UE. Los dos, más la estadounidense PayPal, la cual ofrece servicios de pago digital y transferencia de dinero por internet, dominan completamente el sistema de pagos online en Europa.

Así, parece verdad que el BCE y el Sistema Europeo de Bancos Centrales entren en campo directamente en los sectores de pagos digitales. Limitarse a quedarse en la ventana, observando como la digitalización está revolucionando el mundo de los pagos y de las finanzas en general, significaría quedar en el último lugar de la fila, apenas en la administración de eventuales daños y crisis causados por os grandes operadores financieros internacionales.

El euro digital sería el primer paso, quizá, el más importante. Siendo así, el sistema garantizaría a los ciudadanos europeos el acceso a soluciones de pagos eficientes y con garantía de seguridad en las transacciones. El apoyaría al euro, en forma tradicional de moneda, al mismo tiempo en que mantendría la soberanía monetaria.

Hay que recordar que los bancos centrales de todos los países del mundo están creando sus propias monedas digitales o ya operan con ellas, y que, de cualquier forma, Europa sería invadida, fuertemente influenciada y desestabilizada.

Estos movimientos monetarios digitales internacionales correrían el riesgo de tornar inútiles todas las herramientas y reglas de control creadas por el BCE. Particularmente, porque las instituciones que dominan el sistema de pagos digitales son líderes mundiales en el desarrollo de esas tecnologías y también se están convirtiendo en las primeras operadoras de financiamiento y crédito. Esto volvería a Europa vulnerable y dependiente de un sector tecnológico fundamental, y sería incapaz de administrar dinero y crédito, lo que hasta ahora ocurre mediante el sistema bancario tradicional.

Téngase en mente que, hoy, la cantidad de notas en circulación en la zona del euro asciende a cerca de tres mil euros per cápita, con un total de 1.2 billones. Admítase la hipótesis de una cantidad semejante de euros digitales que el BCE disponer, apenas como medio de pago, prácticamente a un costo cero.

El BCE debe, por tanto, “estudiar” como evitar que se transforme en una forma de inversión en concurrencia con otros instrumentos financieros. Aparentemente, el banco central no desea adquirir depósitos digitales en euros. Toda está en discusión, Y también está por definirse si los pagos en moneda digital se harán por medio de cuentas en el banco central o de otra forma, directamente entre el pagador y el destinatario.

El euro digital también puede volverse accesible fuera de su zona.

Por otro lado, recordemos que, ya en 2016, el 30% de todo el dinero en circulación en euros estaba fuera de las fronteras europeas.

Uno de los aspectos relevantes de la operación también dice respecto al futuro de los bancos y del sistema bancario europeo. Un efecto claro sería la disminución de los depósitos de ciudadanos y empresas y, por tanto, la reducción de toda una serie de actividades relacionadas. Se cuestiona, entre otras cosas, si el BCE tendrá que seguir, después de la recuperación de la Gran Crisis y de la pandemia de Covid-19, con varias operaciones de flexibilización cuantitativa (inyecciones de liquidez) para compensar la falta de activos por parte de bancos.

Inevitablemente, la discusión es con respecto a la infraestructura y a los principios en que se basan los bancos centrales, como una definición de las tasas de interés y de los niveles de moneda en circulación.

El euro digital, como las otras monedas digitales creadas por los bancos centrales, tendría un valor fijo, sería universalmente accesible y un instrumento válido y legal en todas las transacciones, recursos que lo tornan completamente diferente de las monedas virtuales creadas por entidades privadas. Y, claro, mantendría la soberanía monetaria de la UE.

No son opciones fáciles, pero el camino parece haber sido trazado.

x

Check Also

15 de agosto de 1971: 50 años de desregulación

MSIa Informa, 20 de agosto de 2021.-Han pasado cincuenta años desde aquel fatídico discurso del ...