El derrumbe del sistema político brasileño

Los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial de Brasil, realizada el pasado 7 de octubre, fueron una sonora rebelión contra el sistema político partidista vigente y contra sus métodos; la segunda vuelta se realizará el 28 de octubre, Con la misma reputación quedaron los institutos de opinión pública, que no captaron los reflejos subterráneos de esa revuelta, o la menospreciaron, y ni siquiera tomaban en cuenta candidaturas de novatos que se presentaron ajenos al sistema, finalmente logrando colocarse en la disputa para la segunda vuelta de gobiernos de estados importantes, dejando atrás a políticos veteranos, como sucede en Río de Janeiro, Minas Gerais, Santa Catarina, Mato Grosso do Sul y Rondônia.

En la Cámara de diputados y en el Senado hubo índices de renovación no vistos en décadas: en la primera, 53 por ciento; en el segundo, tan sólo ocho de los 32 candidatos a la reelección consiguieron mantener sus curules. Varios caciques partidistas fueron defenestrados del Congreso Nacional y vieron acabar el poder que por décadas habían disfrutado en sus estados. Senadores estrellas, como Aécio Neves, del PSDB, (ex candidato presidencial) o Gleisi Hoffmann, del PT, fueron forzados a disputar vacantes en la Cámara para no correr el riesgo de quedar sin mandato y sin foro privilegiado. Marina Silva, muy famosa en el cabildo indigenista ecologista internacional, que ganó cerca de 20 por ciento de los votos en las dos elecciones presidenciales anteriores, en esta no alcanzó ni el 1 por ciento, muy por detrás del Cabo Daciolo, quien por primera vez se presentó a una candidatura presidencial por un partido minúsculo, y su número de votos fue mayor también que los del candidato del tradicional MDB, un ícono de la denominada democratización del país.

Tal vez la prueba más marcada del agotamiento de los viejos métodos políticos haya sido el fiasco del PSDB, quien venció disputó la segunda vuelta en las elecciones presidenciales realizadas anteriormente, desde 1994. Al frente de una coalición partidista armada para asegurar nada menos que 40 por ciento del tiempo de propaganda en la televisión, hasta entonces la principal moneda de cambio en las campañas, su candidato, Geraldo Alckim, cuatro veces gobernador del estado más poderoso de la Federación, acabó relegado a un mísero cuarto lugar, con menos del 5 por ciento de los sufragios.

En contraste, Jair Bolsonaro, a bordo del hasta entonces microscópico PSL y con apenas ocho segundos de televisión, quedó a menos de cuatro puntos de vencer en la primera vuelta, luego de concentrar su campaña en las redes sociales.

Su liderato es un fenómeno extraordinario de improbable retorno en la segunda vuelta y no se debió a los instrumentos de comunicación con el electorado, sino, principalmente, al hecho de haber encarnado el rechazo del sistema político y el deseo de cambio de la mayoría de los electores, lo cual no quiere decir que sea una solución del todo. Entender el voto de Bolsonaro es algo complejo, ya que no fue explícito en un modelo económico. La población vio en él los valores morales del Brasil “profundo,” es decir, un voto de protesta, pero guiado por principios; al contrario de elecciones anteriores, en las que la situación económica fue determinante aunque no tan grave como la actual, su llamado pasó a ser visto por gran parte del electorado como la respuesta a sus anhelos en lo tocante al combate de la corrupción, del deterioro de la seguridad pública y de la defensa de los principios morales, familiares, patrióticos y hasta religiosos, que muchos consideran sitiados por los exceso del programa de identidad “políticamente correcto” y multi culturalista, puesto en práctica por los gobiernos del PSDB y, en especial, del PT.

La admisión del fracaso del sistema político creado en la denominada “Nueva República” a partir de la Constitución de 1988, fue hecha en un artículo del periodista, ex diputado constituyente, ex secretario del gobierno de Rio Grande do Sul, Antônio Britto, publicado el 8 de octubre en el portal Poder 360 (Nosotros, los constituyentes de 1988, fracasamos), del cual reproducimos algunos párrafos.

“Es más que la hora de que aquellos que soñaron y construyeron el periodo democrático confiesen sus errores y asuman sus fracasos. Nosotros, los constituyentes de 1988, erramos porque legislamos para atrás. Todo lo que fuese opuesto a la dictadura, lo aprobamos como si fuera bueno o necesario. Para cada acierto en favor de la sociedad y de mecanismos de control del Estado, constitucionalizamos la fragilidad del sector público y su sumisión a las corporaciones.

«Debilitamos el sector público, al confundir al Estados autoritario (que más que nunca es necesario abominar) con el Estado ineficiente y corruptible, también él enemigo de la democracia.

“Nosotros, los demócratas, permitimos que la expresión máxima del régimen de las libertades –elecciones, partidos y Congreso Nacional- fuesen en gran parte transformados en establecimientos comerciales entregados a clientes contumaces de las páginas policiales. Y a ellos les conferimos inmunidad. (…)

“Pasamos los 30 años conmemorando el viernes construyendo el resultado de ayer. No faltarán ahora los que buscarán en la miseria de gran parte de los brasileños (sin empleo, sin salud) y en la inseguridad de la otra parte (ante la violencia y falta de eficacia de los gobiernos) la explicación de lo que pasó. Como si de ellos fuese la responsabilidad del día de ayer.

“Será uno más –y el peor error de quien es demócrata. Los brasileños, de forma repetitiva, casi monótona, aprueban la democracia, exigen la libertad, pero quieren gobiernos que funcionen generando lo elemental. (…)

La causa principal del fracaso de la “Nueva República,” omitida por Britto, fue no haber presentado un nuevo proyecto nacional, sino tan sólo un montón de reivindicaciones mal acomodadas en la Constitución de 1988. Por lo cual el debate de ese proyecto de Nación, en particular de los principios trascendentes de los que la ciudadanía muestra estar carente, tiene que comenzar ya, para darle sentido constructivo a la justificada revuelta de los brasileños.

Un comentario

  1. Muy parecido a la elección de Lopez Obrador en México….

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