El conflicto en Gaza: el agotamiento del “excepcionalismo”

MSIa Informa, 28 de mayo de 2021.-El escenario es viejo y conocido: un nuevo conflicto armado entre Israel y los palestinos de Gaza, con muerte y destrucción en donde estos últimos llevan la peor parte (hasta ahora más de 200 muertos, la mitad mujeres y niños, contra 10 israelíes). Como de costumbre, los EUA reconocieron rápidamente el “derecho de Israel a la autodefensa” y bloquean cualquier acción del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, hasta una simple moción de cese al fuego. Un poco menos suave, la Unión Europea (UE) aprueba una petición de cese al fuego, pero no hace ninguna mención a la violación sistemática de los derechos humanos de los palestinos por la política supremacista y anexionista de Israel, causa directa de la inestabilidad en la región.

Pero hay algo nuevo en el ambiente.

Primero, la virtual rebelión de los árabes israelíes frente a la brutalidad del gobierno de Benjamin Netanyahu contra la población de Gaza, la cual vive precariamente en una de las áreas más densamente pobladas del mundo (2 millones de personas en 365 kilómetros cuadrados). Motín que se expandió todavía más después que un árabe israelí de la ciudad de Lod fue linchado por militantes judíos armados, una escena enviada por celulares y rápidamente divulgada en todo el mundo, llevando al gobierno a decretar el estado de emergencia en la ciudad. Hubo conflictos en 18 ciudades donde hay significativas poblaciones árabes. Para Israel, el panorama es de los más preocupantes, pues las generaciones jóvenes no se muestran dispuestas a esperar ad aeternum por una solución al drama palestino.

En segundo lugar, Hamas, que controla Gaza con la Jihad islámica, demostró una sorprendente capacidad de respuesta a los ataques israelíes, disparando centenas de cohetes a distancia e inusitada precisión, llegando hasta Tel Aviv, a 100 kilómetros de distancia (se estima que alguno de ellos tiene un alcance de hasta 250 kilómetros, lo que coloca a la mayor parte del territorio israelí a su alcance). Aunque la mayoría de ellos haya sido interceptada por el sofisticado sistema antimisiles “Domo de hierro”, la rápida evolución de la capacidad ofensiva de Hamas prendió la alerta roja en el liderato militar israelí, ante la constatación de que su adversario no son meros sacos de pelea. En una confrontación mayor, por ejemplo, con el Hezbollah libanés, que tiene un arsenal mucho mayor y más preciso, una acción de flanco de Hamas podría generar serios problemas. Además, es sugerente que, días antes del inicio de la confrontación, Israel hubiera cancelado un ejercicio militar de un mes entero que simulaba una nueva guerra con el grupo libanés, cuya victoria en el conflicto de 2006 todavía está atravesada en la garganta del comando militar israelí.

El enésimo conflicto israelí-palestino es más una manifestación del “excepcionalismo” de Israel, quien se jacta de escribir sus propias reglas de conducta y de ignorar las críticas internacionales a su truculencia contra los palestinos. Actitud que se encuadra en el contexto de la mentalidad supremacista equivalente de las oligarquías angloamericanas, las cuales han apoyado a Israel como un bastión avanzado del “excepcionalismo” en Oriente Medio, manteniendo la región bajo constante inestabilidad y obstaculizando su pleno desarrollo, como parte de una estrategia de control de los recursos energéticos.

Así como el “excepcionalismo” angloamericano se encuentra en franco agotamiento, su contraparte israelí, la “predestinación” o cualquier otra etiqueta para una mentalidad colonial, también muestra evidentes señales de desgaste. El régimen de “apartheid” con el cual Israel somete a los palestinos no tiene futuro y no puede sustentarse de manera indefinida, ni siquiera con el uso de medios militares (a pesar de la promesa de Netanyahu de transformar al país en una “superpotencia”). En 2006, Israel perdió su aura de invencibilidad militar ante la lluvia de misiles del Hezbollah.

Ahora, a pesar de la destrucción causada, quedó también sin su poder de disuasión frente a Hamas –sin hablar de la reprobación moral de la mayor parte de la comunidad internacional, que no sigue la orientación de Washington, Londres o Bruselas. Combinados con la creciente insatisfacción de sus ciudadanos de origen árabe y, no cosa menor, con una dinámica global refractaria a las hegemonías y supremacismos, semejantes factores deberán hacer –tarde o temprano- que los liderazgos israelíes tengan que tomar en serio la necesidad de una solución política definitiva para el drama de los palestinos.

En este contexto, es evidente que los EUA perderán cualquier capacidad de presentarse como un mediador fiable, posición que, posiblemente, podría ser asumida por Rusia, debido a su creciente protagonismo en la región, después de la intervención militar que impidió que Siria fuera deshecha por mercenarios jihadistas y por sus relaciones amigables con Israel y Turquía.

Y no deja de ser significativo que, como lo reiteró en su discurso en el desfile militar del Día de la Victoria, el 9 de mayo, el presidente Putin ha sido un abierto opositor del “excepcionalismo” y de cualquiera de sus variantes que quieran justificar el supremacismo impuesto por la fuerza.

(Foto: Wikimedia Commons.)

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