El combate de la pandemia exige un marco de cooperación global

MSIa Informa, 20 de agosto de 2021.-A diferencia de las amenazas fabricadas y promovidas con finalidades políticas y económicas, a ejemplo de las atribuidas a la dinámica del clima, la pandemia del Covid-19 representa una auténtica emergencia global para toda la humanidad, y su combate efectivo señala la necesidad ineludible de la consolidación de un nuevo marco cooperativo y no hegemónico de las relaciones internacionales. Este cambio sería una virtual guerra mundial contra la pandemia, además de otras enfermedades endémicas y el hambre que afecta todavía a una gran parte de la población mundial.

Ha sido muy alto el costo de vidas humanas, por varias causas:  el desconocimiento inicial del comportamiento del virus, por la nefasta combinación de sectarismo ideológico político e intereses políticos y económicos, que se han manifestado desde la irrupción de la pandemia, a principios de 2020, lo que fomentó divisiones hasta en los mismos medios, científicos y entre los profesionales de la medicina y de la salud encargados del primer combate de la enfermedad.

De forma previsible, tales hechos han influenciado también de forma negativa el entendimiento de la población en general de la enfermedad, lo cual ha generado grandes dudas, cuestionamientos e inseguridad por una falsa dicotomía entre el tratamiento clínico inmediato y el papel de las vacunas, que deben emplearse en conjunto en las estrategias de combate de la pandemia. Confusión a la que ha contribuido la misma Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo papel en la pandemia ha sido el blanco de críticas fundamentales.

La capacidad de adaptación y de mutación del coronavirus Sars-Cov-2 ha representado un serio problema para todo el mundo. Ejemplo de esto es el de Israel, que ya tiene a más de 80 por ciento de su población totalmente vacunada y, aún con eso, está sufriendo de nuevo el alza súbita de casos provocados por la variante delta del coronavirus. El país estaba registrando desde abril un número bastante reducido de casos nuevos, pero estos volvieron a elevarse de nuevo desde finales del mes de julio, para llegar a más de seis mil nuevos el 8 de agosto, con 650 personas ya vacunadas que tuvieron que ser internadas, 400 de ellas en estado grave. Casos semejantes están ocurriendo en países del Sureste asiático, véase Vietnam y algunos más, que habían logrado un éxito considerable en la contención de la pandemia, inclusive sin vacunación.

Un desafío de esa magnitud para la sociedad, con sus altos costos humanos, psicosociales, económicos y políticos, exige un cambio civilizatorio, con alto grado de cooperación, entendimiento y solidaridad entre los individuos y las naciones del planeta. Es incompatible con una estrategia victoriosa el clima de “cada uno por su cuenta” que se instaló rápidamente entre algunas de las naciones más ricas del hemisferio Norte, con algunos gobiernos que incluso llegaron a confiscar equipos médicos destinados a otros países en aeropuertos y puestos fronterizos. Y la explotación política de las vacunas, llegando a desacreditar algunas de las producidas en países juzgados de adversarios por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados europeos, vacunas que no se están considerando para permitir el ingreso de ciudadanos de aquellos países.

Un ejemplo deplorable es el gran número de vacunas almacenadas en los propios países ricos cuya fecha de caducidad ya expiró o está a punto de expirar que pudieron ser enviadas a países pobres con menos recursos para su adquisición. Se estima que en Países Bajos hay 200 mil dosis en esta situación, pero, a pesar de las protestas de los médicos del país, el gobierno afirma que no puede donarlas por razones “legales y logísticas”. En Estados Unidos tan sólo Carolina del Norte tiene cerca de 800 mil dosis cercanas a su vencimiento. Es sintomático que estas dosis ya fueron pagadas a sus fabricantes, a precios astronómicos, con lo que se contribuyó a mejorar de forma significativa sus ganancias, dividendos y bonos para sus ejecutivos.

Otro caso grave es la actitud de Estados Unidos, que está deportando emigrantes de México y de América Central sin vacunarlos.

Sería inocuo, entonces, que ese sistema hegemónico trate de dar una respuesta a la pandemia dentro de los moldes mentales oligárquicos, con soluciones de corte neomaltusiano, reflejada en la propuesta del “Gran Reset” del Foro Económico Mundial de Davos y en la histeria que ha desatado el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC), el más alarmista de los seis emitidos hasta ahora.

Lo que se requiere es algo muy diferente. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, acaba de enviar un mensaje al G-20 exigiendo que “no se haga geopolítica con las vacunas”, es decir, que cualquier vacuna reconocida y evaluada por la OMS lo sea también por todos los demás países. Además, las principales potencias no deberían imponer restricciones a la entrada de ciudadanos inmunizados con las vacunas aprobadas, incluso, en los países pobres.

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