El club de Toby “democrático” de Biden: nostalgia de la Guerra fría

MSIa Informa, 3 de diciembre de 2021.-El gobierno de Estados Unidos realizará los días 9 y 10 de diciembre la pintoresca reunión “Cumbre para la democracia”. Según el departamento de Estado, los objetivos de la reunión son: abordar los “desafíos y oportunidades que confrontan las democracias” y brindar “una plataforma para líderes que anuncien compromisos, reformas e iniciativas, tanto individuales como colectivos, para defender la democracia y los derechos humanos, en casa y en el exterior”.

Washington está realizando consultas en torno de tres temas claves.: 1) defensa contra el autoritarismo; 2) combate de la corrupción; 3) promoción del respeto de los derechos humanos.

Los Estados Unidos de Biden, en esencia, parecen estar acometidos de un golpe de nostalgia por los viejos tiempos de la Guerra fría, en la que se presentaban como los líderes prístinos del “mundo libre”, combinado con un caso patológico de disonancia cognitiva que se niega a admitir la inviabilidad de la continuación de su hegemonía en el escenario actual de cambio de época.

La relación de los invitados a la reunión es emblemática de ese estado de espíritu. Era más que evidente que ni Rusia ni China estarían en la lista; pero Taiwán sí lo está, una descarada provocación a Pequín. Y todavía más raro es que la invitación al venezolano Juan Guaidó, cuya condición de Estado nacional soberano es ignorada, pero al que para Washington y algunos de sus satélites consideran presidente interino de Venezuela. Es igualmente curiosa la ausencia de Hungría y de Turquía, aliadas de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y con elecciones regulares supervisadas por órganos internacionales como la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE).

Y fueron precisamente los rusos y los chinos los que se encargaron de exponer la hipocresía y la vacuidad de las pretensiones estadounidenses. En un artículo conjunto publicado por la revista estadounidense The National Interest (26/11/2021), los embajadores de ambos países en Washington, Anatoly Antonov, y Qin Gang, escribieron una de las oportunas y precisas definiciones del: significado real de la democracia. Dejémosles la palabra:

“Estados Unidos están promoviendo de forma virtual la reunión cumbre para la democracia, el 9 y el 10 de diciembre de 2021, dándose el poder a sí mismos de definir quien comparecerá y no comparecerá en la reunión y quién es un “país democrático” y quién no es elegible para dicha condición. Un evidente producto de su mentalidad de Guerra fría, que inflamará la confrontación ideológica y la fractura del mundo con la creación de nuevas “líneas divisorias”. Esta tendencia contradice el desarrollo del mundo moderno. Es imposible evitar la formación de una arquitectura policéntrica mundial, pero podría crear tensiones para el proceso objetivo. China y Rusia rechazan firmemente ese movimiento.

“Paz, progreso, justicia y libertad son principios comunes de la humanidad. La democracia no es una prerrogativa de un cierto país o de un grupo de países, sino un criterio universal de todos los pueblos. Puede ser realizada de muchas formas y ningún modelo puede servir para todos los países. La seguridad del camino de un país depende de si él está de acuerdo con las realidades del país, si sigue la tendencia de los tiempos y si promueve el desarrollo económico, la estabilidad social y el progreso y vidas mejores para las personas. En última instancia, depende del éxito del pueblo y será comprobado por su contribución al progreso humano.

Por consiguiente, un criterio básico de democracia deberá referirse a las personas, es decir, si ellas tienen el derecho de gobernar su país, si sus necesidades son atendidas y si ellas tienen un sentido de realización y de felicidad. Si se despierta a las personas tan sólo para que depositen sus votos y vuelvan a la hibernación cuando terminan las elecciones, si son servidas con las palabras emanadas de las campañas, pero luego se les deja desprotegidas, eso no una democracia genuina (subrayado nuestro). (…)”.

No se trata de promover al país A o B o C o D afirmando que unos son más democráticos que otros, sino de principios fundamentales de la naturaleza de los estados nacionales soberanos y de sus conductas públicas y sus relaciones con los demás países. Así, sigamos pues con los diplomáticos:

“Ningún país tiene el derecho de juzgar el vasto escenario político mundial con una sola métrica, y hacer que otros países copien su sistema político por medio de revoluciones de colores, cambios de régimen y hasta del uso de la fuerza va contra el Derecho internacional y es, obviamente, antidemocrático. Los asuntos internacionales deberían manejarse en concordancia con los principios de consultas extensas, contribuciones conjuntas y beneficios compartidos, y decididos en el espíritu del verdadero multilateralismo. Debería haber un gobierno mundial más inclusivo, no como el de la “la fuerza hace el derecho”. Buscar la supremacía y colocarse siempre en primer lugar constituyen actos de hegemonismo y de unilateralismo y es, obviamente, antidemocrático. (…) Existe tan sólo un régimen internacional en el mundo, es decir, el régimen internacional que tiene a Naciones Unidas como núcleo. Existe tan sólo un orden internacional, es decir, el que funda en el Derecho internacional. Y existe tan sólo un conjunto de reglas, es decir, las normas básicas que gobiernan las relaciones internacionales fundadas en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Ostentar el “orden internacional basado en reglas” sin referencia a Naciones Unidas ni al Derecho internacional y tratar de sustituir las reglas internacionales con dictámenes de ciertos bloques, cae en la categoría de revisionismo y es, obviamente, antidemocrático”.

Para no caer en generalidades, los diplomáticos colocaron los dedos en las heridas abiertas: “No ha habido falta de guerras y de tumultos en todo el mundo para probar que difundir la ‘democracia’, su sistema político y valores contra la voluntad de otros países debilitará severamente la paz, la seguridad y la estabilidad regional e internacional. Los bombardeos de Yugoslavia, las intervenciones militares en Irak, Afganistán y Libia y las ‘transformaciones democráticas’ no hicieron nada más que mal. Los países deberían concentrarse en resolver sus propios asuntos y no criticar a otros de forma condescendiente”. (…)

Y concluyen con un llamado a favor de la cooperación mundial:

“Ante una gama de desafíos mundiales, los países necesitan urgentemente reforzar la coordinación y la cooperación para el progreso común. En especial cuando, hoy, la comunidad internacional necesita mejorar la cooperación entre todos los países para hacer frente a la pandemia del covid-q9, fomentar el desarrollo económico y neutralizar las amenazas transfronteriza. China y Rusia convocan a los países a: dejar de usar la “diplomacia basada en valores” para provocar la división y la confrontación; practicar el respeto mutuo y la cooperación gana-gana en las relaciones internacionales; y trabajar para una coexistencia armoniosa entre países con diferentes sistemas sociales, ideologías, historias, culturas y niveles de desarrollo”.

Y si el artículo fue una firme llamada de atención a la realidad, la nota oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa (01/12/2021) representó el proverbial guante arrojado contra los principales “paladines” de la democracia, como en los tiempos antiguos en los que el gesto significaba un desafío para una reparación moral, generalmente un duelo:

(…) La retórica democratizante venida de Washington no sólo está completamente desconectada de la realidad, sino que es profundamente hipócrita. Antes de embarcarse en el camino de “exportar democracia”, instamos a nuestros socios estadounidenses a, primero, enfrentar sus problemas domésticos y tratar de superar las divisiones que se profundizan en la sociedad, en materia de ética, principios y visión del pasado y del futuro del país. Hay que admitir humildemente que la democracia estadounidense no es perfecta, claramente, no es suficiente. Gran Bretaña tampoco se puede colocar como una democracia progresista. Este país es un abrigo cómodo para organizaciones que profesan una ideología neonazi, con crecientes incidentes de racismo y de discriminación contra minorías étnicas y culturales en muchas esferas de la vida pública. Ha habido casos en los que los servicios de espionaje británicos han reunido ilegalmente datos sobre sus propios ciudadanos, y la violencia policial, incluso contra manifestaciones pacíficas, se han vuelto en un lugar común.

La situación de la Unión Europea no es mejor. Bruselas ignora insistentemente los derechos y los intereses legítimos de los rusos étnicos y de los residentes ruso-parlantes de los estados bálticos, de Ucrania y de Moldavia. Se hace de la vista gorda a la construcción de mitos de los nuevos estados miembros de la UE en historia política, donde los antiguos cómplices nazis que cometieron crímenes de guerra son proclamados héroes nacionales. La supresión administrativa de disidentes, la inoculación agresiva de valores y prácticas ultraliberales que están destruyendo los cimientos cristianos de la civilización europea se convirtieron en lugares comunes en muchos estados de la UE”.

A pesar del tono desafiante, la nota concluye también con un llamado:

“Para resolver problemas prominentes, instamos a todos los socios extranjeros a no comprometerse en la “promoción de la democracia”, no tracen nuevas líneas divisorias, vuelvan, más bien, al Derecho internacional y a la aplicación del principio de igualdad soberana de los estados, consagrada en la Carta de Naciones. Incorpora ella las bases para el orden mundial democrático que Estados Unidos y sus aliados no aceptan.

“En la medida en que la humanidad siga combatiendo la pandemia del covid-19 y sus consecuencias, la cooperación de todos los estados con los principios de la Carta de las Naciones Unidas es ahora más necesaria que nunca”.

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