El BID y la política de seguridad hemisférica

MSIa Informa, 28 de agosto de 2020.-Lo que podría ser la elección ordinaria del nuevo presidente del Banco Inter-americano de Desarrollo (BID) revela el grave deterioro de las relaciones hemisféricas. La elección del nuevo presidente, que por un acuerdo desde la creación del BID en 1960, debería recaer en un representante latinoamericano, y a los Estados Unidos la vice-presidencia, fue alterada por decisión del gobierno de Donald Tremp para controlarlo dentro de su estrategia de confrontación con China, nación que se ha convertido en el mayor socio comercial de varios países latinoamericanos.

La propuesta del gobierno de Chile, apoyada por los gobiernos de México, Argentina, Perú y otros, en el sentido de una posposición de la elección por 6 meses, esperando que pase la fase aguda de la pandemia del Covid-19, y la propia elección presidencial estadounidense, no fue bien vista por el gobierno de Tremp, quien se empeña en realizar una elección por vía virtual a mediados de septiembre, la fecha original. A esta trama se han alineado Brasil y Colombia.

La nota conjunta de los ministerios de Economía y Relaciones Exteriores de Brasil se apega sin ningún recato a la posición del gobierno de Tremp: “Brasil y los Estados Unidos comparten valores fundamentales, como la defensa de la democracia, la libertad y el estado de Derecho. Brasil defiende una nueva gestión del BID de acuerdo a esos valores.” En el mismo sentido la Cancillería colombiana manifiesta que “La elección del presidente del BID es de suma importancia para nuestra región y para la conducción del banco en el mayor desafío de la era contemporánea (…) para proteger los intereses de la región y para proteger la soberanía hemisférica de nuestro Banco Inter-americano (sic)”

En el trasfondo de este alineamiento vergonzoso de Brasil y Colombia, la lucha por la presidencia del BID, tiene que ver con una pretendida reestructuración del orden de seguridad hemisférica, mismo que fuera detonada por los mismos Estados Unidos en la Guerra de las Malvinas en 1982, al ignorar el Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR). cuando respaldó sin restricciones a Inglaterra.

Aquí arrancaron algunos de los intentos para restablecer el orden hemisférico sometido a los designios del Nuevo Orden Mundial. Tarea cumplida exitosamente por el denominado Dialogo Interamericano (DI), cuya finalidad fue fragilizar las instituciones de los estados nacionales, supuestamente para defender la democracia y la libertad, retorica gastada que ahora vuelve a presentarse. No obstante que las iniciativas para crear instituciones de defensa de integración soberana, eran legitimas como la UNASUR, a nivel de América del Sur, la falta de una doctrina de integración genuina, vació esos esfuerzos.

Vale en este momento recordar las palabras del chileno Felipe Herrera, fundador y primer presidente del BID (1960-1970) en su discurso “Integración económica y reintegración política”, pronunciado en Salvador, Bahía, Brasil en agosto de 1962, cuando definió a América Latina como una “gran nación deshecha”

“No es una entidad ficticia la nación latinoamericana. Subyace en la raíz de nuestros Estados modernos, persiste como fuerza vital y realidad profunda. Sobre su singular material indígena, diversa en sus formas y maneras pero similar en su esencia, lleva el sello de tres siglos de dominación ibera. Experiencia, instituciones, cultura e influencias afines la formaron desde México hasta el Estrecho de Magallanes. Así, unitaria en su espíritu y en su fuerza, se levantó para su independencia”.

En su libro América Latina integrada (Editorial Losada, Buenos Aires 1964), reitera que América Latina es un caso único, “de un continente con un pasado indígena común, que mantuvo formas culturales y raciales muy similares, cimentadas durante trescientos años de periodo colonial. Todos esos elementos se desintegraron después de la independencia y ha llegado el momento de volverlos a reunificar, conservando los rasgos identitarios de cada uno de ellos”.

Para Felipe Herrera, el BID debería ser “más que un banco”, debía ser el líder económico e intelectual como motor del desarrollo tecnológico, económico y social dentro de la integración continental y formuló la necesidad de crear un mercado común del conocimiento. Fue en ese espíritu que dio la bienvenida a la propuesta de la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy, estando él en la presidencia del BID. Es importante señalar que antes del BID, Felipe Herrera fue ministro de economía del presidente chileno, General Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958), cuando se dieron pasos firmes para la integración con Argentina y Brasil, la famosa alianza ABC, apoyada por el General Juan Domingo Perón y Getulio Vargas. Un esfuerzo que desató una reacción visceral en los centros de poder económico mundial que provocó la desestabilización política de los tres países.

Entonces no es solo el mantener el acuerdo sobre quién debe presidir el BID, sino establecer los principios de la seguridad hemisférica basada en la soberanía de todos estados y no limitarse a ser apenas coadyuvantes de una disputa geopolítica que quiere revivir como farsa la comedia de la Guerra fría.

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