Discurso económico de Joe Biden cierra era neoliberal

MSIa Informa, 14 de mayo de 2021.-El discurso impartido por el presidente Joe Biden en el Congreso de su país el pasado 27 de abril, reflejó la convicción de al menos un grupo del Establishment de los EUA sobre la necesidad de la reconstrucción física de la economía, aunque bajo el enfoque de la pretensión de mantener una hegemonía global.

Recordemos que la economía física estadounidense entró en picada con la hegemonía de las finanzas “globalizadas” a partir de 1971, cuando los arreglos establecidos en la posguerra finalizaron; el resultado fue la transformación de una admirable economía industrial y productiva en un sistema parasitario, dentro y fuera del país. Para los países en desarrollo, el resultado fue la era neoliberal impuesta en la estela de la crisis inducida de la deuda mediante la triplicación de las tasas de interés de la Reserva Federal dirigida entonces por Paul Volcker, hacia finales de la década.

La pandemia de covid-19 sacó a flote globalmente la necesidad de recuperar y reforzar las estructuras económicas de los Estados nacionales, ya debilitados por la pérdida de soberanía económica asociada a la “globalización” y al irrestricto libre comercio. El propio antecesor de Biden, Donald Trump había percibido la misma necesidad, aunque no haya logrado implementar el mega-plan de inversiones en infraestructura física que anunció al asumir el cargo.

El visible agotamiento de la era neoliberal y de los axiomas del “Consenso de Washington”, ha provocado una desorientación sistémica en los adeptos a tal sistema, muchos de los cuales consolidaron exitosas carreras profesionales en gobiernos, centros académicos, consultoras, prensa, etc. Y, ahora, pasan por una auténtica crisis existencial.

Un caso ejemplar es un editorial del periódico brasileño O Globo

del pasado 30 de abril, haciendo explícito la conmoción de los neoliberales brasileños por la audacia del presidente estadounidense, quien, correctamente intenta impulsar la recuperación económica del país recurriendo a los antecedentes históricos de la maximización de la acción del gobierno federal como inductor de los procesos económicos, una vieja tradición nacional, generalmente ignorada por acá.

La irritación es explícita:

“Biden lanzó tres paquetes de inversión pública sumando 6 billones de dólares, nivel de intervención estatal que no se observa desde la era Reagan. La subyacente creencia es que solamente el dirigismo sacará al país de la crisis para convertirlo en líder de una economía de bajo carbono (modelo no tan distante del pregonado por China). (…)”.

El editorial concluye con un temor explícito:

“La mayor consecuencia del intervencionismo de Biden será el recado torcido (sic) transmitido al resto del planeta. En una pandemia, es necesario que el Estado coordine una respuesta eficaz hacia la crisis y tenga recursos para eso…Pasada la emergencia, sin embargo, la situación será otra. La cuenta por pagarse podría quedar más alta de lo que una economía todavía debilitada, en recuperación, será capaz de aguantar”.

En contraste, la economista Monica de Bolle, profesora de la Universidad Johns Hopkins escribió un artículo aparecido en El País Brasil, el pasado 30 de abril con el sugestivo título, “La reconstrucción de los EUA con Joe Biden es un no en la cabeza de los “liberales a la brasileña”. Aquí desmiente uno de los recurrentes mitos existentes en Iberoamérica sobre el desarrollo estadounidense, y vale destacarlo:

“Se cuenta, por ejemplo, que el desarrollo de Estados Unidos se dio por el papel preponderante de la iniciativa privada. No hay idea más errada que esta para quien conoce la historia de este país…Los EUA siempre vieron en el Estado el papel de inductor del desarrollo a largo plazo. No se trata de una visión nacional-desarrollista de América Latina y tampoco puede ser comprendida con lentes sureños. El desarrollo norteamericano y la acción del Estado tiene contextos, texturas, estructuras e historias propias (…)

“Puede ser una historia poco contada en Brasil aquella según la cual los EUA se industrializaron mediante políticas de sustitución de importaciones y muchas prácticas proteccionistas inspiradas en la obra de 1791 del primer secretario del Tesoro norteamericano, Alexander Hamilton. En su Reporte sobre el sujeto de las manufacturas, Hamilton delineó los conceptos de industria naciente y apoyo estatal, que, más tarde, influenciaron no solamente la industrialización de su país, sino la de Alemania, la de Japón y la de Francia, llegando a América Latina en los años 1930, cuarenta y cincuenta.

“La obra de Raúl Prebisch y lo que quedó conocido como pensamiento cepalino, cita a Hamilton recurrentemente, por si las dudas.

El Estado inductor norteamericano sería revisto y reinventado a lo largo de toda la historia, pasando por la corrida espacial de la Guerra fría, el surgimiento de Internet, del desarrollo del sector de la tecnología, particularmente el de la biotecnología, que tanta relevancia ha tenido en la actual pandemia. Para que las vacunas genéticas, las más sofisticadas contra la covid-19, salieran de los laboratorios hacia nuestros brazos, el gobierno de Donald Trump hizo la enorme Operación Warp Speed. Luego, en el mundo real se dio lo contrario de lo que sustenta el ministro de Economía brasileño, y no habría Moderna o Pfizer sin la voluminosa actuación del Estado”.

El plan económico de Biden, dice ella, “está profundamente marcado por la tradición norteamericana del Estado inductor” y tiene una evidente intención de “dar forma a un Estado de Bienestar Social”.

Su conclusión está dirigida directamente a los brasileños. “Con Biden, los Estados Unidos están haciendo aquello que siempre hicieron mejor: se están reinventando. Por cierto, hay lecciones para Brasil. Pero ellas están lejos de ser lo que tantos regurgitan en los periódicos o en la TV”.

En la misma fecha intervino el diplomático Rubens Barbosa, exembajador de Brasil en Washington y presidente del Instituto de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior (RICE). En entrevista publicada en el periódico O Estado de Sao Paulo, categóricamente afirma que Brasil también necesita rediscutir el papel del Estado en la economía.

“El discurso (de Biden) presenta una revisión de la política económica americana, en que el Estado pasa a tener un papel central. Y esto es una revolución.

“Los planes, todos, del FMI y demás, se enfocan en la contención de la deuda pública, el equilibrio fiscal, pero Biden está hablando de otra cosa. Habla de prestar atención a la clase media, de la necesidad de crecer para hacer frente a la competencia externa y en la fuerte inversión estatal. Esto no es más el Estado mínimo, es el Estado grande. Tendremos que discutir aquí en Brasil esta cuestión del papel del Estado en la economía, a la luz de la actual política económica”

Esta tendencia puede llegar a Brasil. Hay discusiones en este sentido.

Independientemente del proceso de los planes de Biden, dado que los EUA representan una fuerte referencia para muchos miembros de las elites dirigentes del continente, quien sabe si su intención de reconstruir al país de acuerdo con sus mejores tradiciones históricas pueda ejercer una influencia positiva por estos lugares.

Aquí, si, lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para Iberoamérica.

x

Check Also

15 de agosto de 1971: 50 años de desregulación

MSIa Informa, 20 de agosto de 2021.-Han pasado cincuenta años desde aquel fatídico discurso del ...