Diplomacia hipersónica

MSIa Informa, 26 de noviembre de 2021.-En términos militares, la estrategia de cerco impuesta a la Federación Rusa por Estados Unidos y por sus sumisos aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se volvió simbólicamente obsoleta el 1 de marzo de 2018 con la sorprendente revelación hecha por el presidente Vladímir Putin sobre las nuevas armas modernas en etapa de perfeccionamiento en el país, en especial varios tipos de misiles hipersónicos para empleos múltiples.

Los misiles hipersónicos, técnicamente, son armas capaces de volar a velocidades superiores a cinco veces la velocidad del sonido (Mach 5), equivalente a más de 6.080 kilómetros por hora. A estas altas velocidades se suma su capacidad de maniobra en tres ejes espaciales. Lo que hace imprevisibles sus trayectorias y los hace virtualmente invulnerables a los sistemas de defensa existente. La nueva generación de misiles rusos comprende modelos con ojivas convencionales contra blancos terrestres y navales, con velocidades entre Mach 8 y Mach 27 (9.900-32.000 k/h) y alcances entre 1000 y 18 mil kilómetros.

Mucho más lentos, y mucho más furtivos, son los misiles tipo crucero Burevstnik de propulsión nuclear y de alcance prácticamente ilimitado, capaz de portar una ojiva convencional o nuclear a cualquier lugar del mundo, y el dron submarino nuclear Poseidón, igualmente apto para llevar una ojiva nuclear a cualquier puerto o zona costera del planeta.

Tales armas fueron recibidas con gran escepticismo en Occidente y se encuentran ya plenamente operacionales o en etapa final de pruebas, lo que le otorga a Rusia una ventaja de por lo menos una generación tecnológica sobre el bloque EE. UU.-OTAN. Y, para reforzar su arsenal modernísimo y demostrar su disposición a usarlo, Moscú acaba de destruir con un misil especializado uno de sus satélites desactivados a 645 kilómetros de altitud, muy por encima de las órbitas de los satélites de reconocimiento de la Alianza Atlántica, en un claro “mensaje” de que, al lado de los centros de comando, de control y de comunicaciones, serán los blancos primarios en cualquier situación de conflicto real.

Y Rusia no es la única “potencia revisionista”, para usar el lenguaje de ciertos estrategas de Washington, que dispone de dichos armamentos. China, igualmente, ha dado grandes pasos en el dominio de las tecnologías hipersónicas, y ha puesto en operación los misiles contra navíos DF-21D y DF-26, cuyos blancos de proyecto son los equipos de los portaaviones de la Marina de Estados Unidos. En julio y agosto se probó lo que parece ser la segunda generación de esos misiles, con una tecnología análoga al planeador supersónico ruso Avangard, lo que provocó gran alarma en los gabinetes refrigerados de Washington y de Bruselas.

En contraste, como reconocen las mismas altas autoridades militares, Estados Unidos están atrás en esa carrera tecnológica. “No estamos tan avanzados como los chinos en términos de programas hipersónicos… tenemos mucho que hacer para alcanzarlos muy rápidamente”, admitió el general David Thompson, vicejefe de Operaciones Espaciales de la Fuerza Espacial de Estados Unidos” (Space News, 21/11/2021).

En una burda compensación por el atraso, los estrategas estadounidenses recurrieron a los tabloides británicos para divulgar la noticia de que, hasta 2023, Estados Unidos tendrían en operación el misil hipersónico Dark Eagle, cuyos lanzadores, instalados en Alemania, podrían alcanzar blancos en Rusia en cuestión de minutos. El conocido The Sun llegó a publicar un mapa con la supuesta trayectoria de un misil disparado contra Moscú y hasta el hongo de una explosión nuclear sobre la capital rusa (RT, 12/11/2021). Los especialistas advierten que inclusive el sistema todavía tiene por delante una larga etapa de pruebas y, difícilmente, estará en operación antes de mediados de esta década.

A pesar de los “recados” trasmitidos por Moscú y por Pequín, sustentados con la demostración de capacidades contra las que las formaciones militares de la Alianza Atlántica no tienen defensa, parte de su liderato insiste en mantener la pauta de provocaciones contra las dos súper potencias en torno de Ucrania y de Taiwán. Pero es significativo que dos de sus principales jefes militares hayan hecho advertencias sobre los riesgos de escaladas que pueden salirse de las manos.

Para el general Nick Carter, jefe del Estado mayor de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, el peligro de una guerra con Rusia es hoy mayor que en cualquier momento de su carrera militar de 44 años. Por lo que advierte que su país sea “cauteloso” para evitar “una escalada y errores de cálculos” (Dedefensa, 14/11/2021).

Su contraparte estadounidense, el general Mark Milley, descalificó las noticias de que Rusia estaría reuniendo tropas cerca de la frontera con Ucrania que han difundido los pirómanos para atizar las brasas, al afirmar que no veía “nada patentemente agresivo” en el movimiento militar ruso en su territorio (Dedefensa, 14/11/2021).

De forma paralela, el presidente Joe Biden acaba de reunirse de forma virtual con el presidente chino, Xi Jinping, y está preparando una nueva reunión con Vladímir Putin, para este año o principios de 2022. Todo indica que dichos arreglos reflejan el empeño de una facción más realista del grupo de poder estadounidense para bajarle la temperatura a las desavenencias entre las súper potencias, para evitar un resultado incendiario -y bastante peligroso, principalmente para los militares de la Alianza Atlántica.

Sin duda, el factor “hipersónico” está presente en los bastidores de esa diplomacia triangular.

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