Crisis en el sector energético ¿nuevo riesgo sistémico?

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Uno de los efectos de la “flexibilización cuantitativa” (léase tremendas inyecciones de liquidez) practicada por los bancos centrales ha sido la de causar una cierta volatilidad en los precios de las commodities. El simple anuncio de la “flexibilización” europea por el Banco Central Europeo (BCE) llegó a determinar variaciones diarias de hasta 9% en los precios del petróleo. Al pasado, la liquidez nueva acostumbraba generar un aumento en la producción energética, particularmente en el gas y el petróleo, aunque con un aumento del endeudamiento.

Muchos analistas, hasta del Banco de Compensaciones Internacionales (BIS), conscientes y preocupados con las potenciales consecuencias sistémicas de esta tendencia, para la industria y toda la economía y las finanzas mundiales, se preguntan sobre las otras razones, además de las geopolíticas, de la significativa y anormal caída de los precios del petróleo.

Hoy, la deuda total del sector de petróleo y gas llega a cerca de 2.5 billones de dólares. En comparación con los niveles de 2006, aumentó 2.5 veces. Circulan títulos indexados al sector, por 1.4 billones de dólares. Desde 2006, el aumento anual es de 15%. La deuda restante es con los bancos.

En los EUA, las deudas del sector de la energía crecieron a tasas más elevadas que la de otros sectores industriales. Ya representan 15% de los principales indicadores de deudas, tanto de títulos de grado de inversión (considerado confiable por inversionistas institucionales) como los de alto rendimiento, contra  el 10% de solamente hace cinco años.

Recientemente, las empresas petroleras estadounidenses han hecho préstamos “en grande”, llegando a representar 40% del total de los nuevos préstamos concedidos por consorcios financieros de bancos y de nuevos títulos en circulación. La mayoría de estos préstamos se destinó a las empresas menores, involucradas en la explotación y producción de gas de esquisto.

De hecho, mientras para las antiguas “siete hermanas” (actualmente, ya solamente cuatro: ExxonMobil, Chevron Texaco, Royas Dutch Shell y BP), la relación deuda/activos se mantiene constante, mientras que para las otras casi se duplicó.

Como es sabido, el precio del petróleo es también un reflejo del valor de los activos subyacentes que gobiernan las montañas de deudas. Así, la reciente caída ha acusado dificultades financieras para la industria. Si se intenta responder con un aumento en la producción, el precio tiende a  caer más –lo cual mantendría el desequilibrio entre la oferta y la demanda.

Los bajos precios del petróleo tienden, naturalmente a reducir las ganancias, aumentar el riesgo de insolvencia y generar mayores costos financieros para las empresas. A mismo tiempo, reduce los flujos de caja relacionados a la producción, dejando menos liquidez disponible para el pago de los intereses sobre las deudas.

El sector de la energía tiene un comportamiento no muy diferente de la dinámica de un mercado de activos, que refleja no sólo las variaciones esperadas de los valores económicos fundamentales, sino también los relacionados a las situaciones financieras que, en última instancia, determinan las decisiones de los negocios. El sector inmobiliario es el ejemplo más destacado, no solamente en los EUA. Cuando disminuyen los valores de los activos subyacentes de un sector altamente endeudado, el “stress” causado por la  caída de los precios lleva a la venta de cantidades mayores de los activos en los cuales se basan las deudas.

Ante las crecientes dificultades financieras, el sector energético también puede ser inducido a reducir los costos de sus inversiones, que hasta ahora han sido en gran parte financiados por nuevos endeudamientos. En los EUA, muchas empresas anunciaron ya recortes de hasta un 50% en gasto de capital. Aquellas altamente endeudadas podrían ser forzadas a vender activos e instalaciones o, peor, recurrir a los peligrosos mercados de derivados, con la esperanza de asegurarse contra las oscilaciones de los precios.

La caída en los precios del petróleo y gas natural ha provocado muchos efectos. Con la reducción en los valores de los activos dados como garantías, los bancos estadounidenses tienden a reducir los créditos a corto plazo para las empresas petroleras menores, especialmente, las que se dedican a la explotación de los hidrocarburos de esquisto. Por este motivo, hasta los inversionistas de largo plazo se muestran menos atraídos por este sector en dificultades.

En otras palabras, como en el pasado, la crisis en el sector de la energía tiende a repercutir sus efectos desestabilizadores sobre la economía y aumenta el riesgo de consecuencias sistémicas sobre las finanzas globales.

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